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Sesión 11/15: La institución imaginaria de la sociedad: La institución histórico social: el individuo y la cosa, págs. 487 – 494. Línea de trabajo: autorepresentación de la mónada psíquica; origen de la representación.

Miguel Aponte

“La sublimación es el proceso a través del cual la psique es obligada a reemplazar sus objetos privados o propios de carga libidinal, comprendida su propia imagen, por objetos que son y valen en y por su institución social y convertirlos en causa, medios o soportes de placer para sí mismo”. Castoriadis

El proceso de socialización tiene dos caras, por así decir: el lado social y, frente a esta sociedad, aquello que ocurre del lado del sujeto y más estrictamente en la psique del sujeto, en un momento en que no existe aún sujeto como tal y que llamaremos a falta de otro término, el lado individual. La perspectiva social consiste en la trasmisión y conformación del “modelo identificatorio” correspondiente; el lado psíquico individual, es la sublimación. Si todo transcurre aproximadamente bien, se construirá así, una “superficie de contacto”, o “espacio no vacío de intersección”, entre el futuro individuo y sociedad.

Gale Antokal 2 Via ggalleryslo

Gale Antokal 2 Via ggalleryslo

Se trata de un proceso de correspondencias y envíos mutuos, a cuyo término “el sujeto vuelve a encontrarse cerca de su posición original” en el sentido de que vuelve al “estado de placer perdido”, aunque con una diferencia crucial: “antes disponía de esta representación y ahora en cambio la representación está mediatizada por un estado de cosas del que no dispone”.

Así pues, la sublimación pone en juego desde el mismo comienzo la oposición-complementación entre individuo y sociedad, entre “lo público” y “lo privado”: el individuo o sujeto no existe per se y deviene resultado posible siempre tardío; luego, al constituirse, es primero hechura social, nada original, nada propio y, esencialmente, nada individual. Esto vendrá, en todo caso, después, cuando por efecto de la imaginación radical se haga valer la irreductibilidad de la psique reflexiva y deliberativa y el sujeto repudie o readmita las significaciones imaginarias sociales que lo conformarán, luego de tal valer, en sujeto autónomo.

Así pues, un individuo totalmente fabricado para siempre será imposible ya que, en lo que va a terminar conformando la historia individual, la psique, sede de esa imaginación radical, tomará partido y no sólo para someterse sino también para inducir cambios tanto en la finalidad de la pulsión como en el objeto de esa pulsión; en un proceso en el que además ese sujeto “no abandona nunca íntegramente las posiciones que ha ocupado alguna vez libidinalmente cargadas”, que, aunque inconscientes, garantizarán que el sujeto tenga también historia personal.

El placer, que en un inicio fue “protoplacer” monádico -satisfacción inmediata, indistinta y omnipotente- continuará siendo erótico con la aparición para el sujeto de los objetos externos y sus representaciones diferenciadas, incluidas las otras personas y el mundo humano. En otras palabras -siempre de Castoriadis- al darse lugar tanto la transformación de la pulsión como de los objetos que la “encarnan”, aparece la historia del sujeto y con ella “multitud de procesos y puntos de apoyo”, incluida la posibilidad de la autonomía.

En un juego de carga energética libidinal entre sublimación y represión el sujeto eventualmente va a re-encontrar el “estado de placer perdido”; aunque ahora, las representaciones no habrán sido dispuestas por él mismo, sino que están mediatizadas por la sociedad. Erotizando al mundo, cargándolo libidinalmente, el sujeto va a encontrar o a aprender a encontrar placer en la percepción de un estado de cosas y en la modificación de ese estado de cosas exterior a él. Aparece un “yo real”, real ich, y sus funciones de síntesis.

Entre tales procesos, desde que el individuo social se fabrica, la intención, el tender hacia, el deseo, sufren también alteraciones esenciales en su modo de ser: la intención se vuelve “intención de modificación en el real y de lo real, que en adelante sostendrá el hacer del individuo en sus diferentes formas”. Esta conversión es, de hecho, cambio de la “finalidad de la pulsión (más en general, de la actividad psíquica) que desemboca en el surgimiento de una nueva forma de placer o nueva forma de satisfacción”.

Entonces, afirma Castoriadis, para el individuo social, aparece un tercer placer, no siempre consciente: el individuo puede y debe poder encontrar placer en una modificación del estado de cosas exterior a él, o en la percepción de tal estado de cosas. Queda claro pues que aquello que procura la satisfacción es la representación como tal.

Lo público y lo privado, entonces, devienen simultáneamente a partir del modelo identificatorio como uno de sus polos, encarnando este lado las significaciones imaginarias sociales que hacen concreta la institución del individuo por la sociedad; a la vez, hay un segundo polo en la “singularidad de la imaginación creadora de éste”. El sujeto será capaz, “en poco o mucho”, de superar o retomar el modelo propuesto y convertirlo/convertirse en fuente y origen “de una alteración de la institución del individuo social en su contenido específico”.

Bibliografía:

[1] Castoriadis, Cornelius (2010), La institución imaginaria de la sociedad, Tusquets, Argentina: salvo si se indica, todas las referencias son de este texto.

SICA5, Sociedad instituyente y clínica de la alteridad. Un acercamiento a la obra de Cornelius Castoriadis. Resistencia, alteridad y autonomía. Quinta fase, 2015-2016, 8 de junio de 2016, 12h00m, México. LA INSTITUCIÓN IMAGINARIA DE LA SOCIEDAD[1]: OPUS MAGNUM. Responsable: Dr. Rafael Miranda Redondo. Sesión 11/15: La institución histórico social: el individuo y la cosa, págs. 487 – 494. Línea de trabajo: Autorepresentación de la mónada psíquica; origen de la representación.

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