Etiquetas

, ,

 

Sesión 7/15: La institución imaginaria de la sociedad: LO HISTÓRICO-SOCIAL, págs. 313 – 350. Línea de trabajo: La determinidad; tiempo, creación, alteración-ocultamiento de la alteridad.

Miguel Aponte

En el marco del pensamiento heredado, la creación es imposible (Castoriadis, 2010:314)

Las implicaciones de la filosofía heredada conducen a que el tiempo como tal no existe, sino que termina siendo tratado como “tiempo espacializado”. Incluso desde la formulación de la pregunta “¿cuál es el “lugar” (topos) del tiempo en el cosmos?”, estamos subordinando todo al espacio porque ¿dónde iba a estar ese “lugar”? Respuesta: pues en el espacio (chora). Sin embargo, a pesar de que en realidad el espacio precede al tiempo porque es en algún lugar que las cosas iban a aparecer, modificarse, desaparecer, nacer y morir, una cosa no implica la otra y “precedencia” es algo distinto a “subordinación”.

M Fritz Lang

M Fritz Lang

Castoriadis lo expresa de la siguiente manera: “Mucho antes de la formulación de los principios de conservación en la física occidental (o de la refutación de la idea de la «generación espontánea» en biología), la filosofía había postulado que la creación es imposible, que no se puede pensar un ente si no es como proveniente de un ente, proveniencia que, por cierto, es «material», pero también y sobre todo «formal», eidética, esencial (lógico-ontológica)” (Castoriadis, 2010:312).

Estamos implicando aquí la pareja de categorías «tiempo-creación» como vinculadas de una manera fuerte, esencial, como si dijéramos que el tiempo “es” creación y si no fuera así, no sería nada. El pensamiento tradicional resuelve este tema –aún sin quererlo– apuntálandolo en otra pareja, «espacio-producción» o «espacio-transformación», que degrada el asunto hasta disolver sus cualidades fundamentales y todo esto tiene implicaciones pesadísimas. Veamos.

Platón en Timeo asume esta posición: todo lo que nace proviene necesariamente de una causa, porque sin causa nada puede nacer (Platón, 1872:164) y, por tanto, el universo es una copia desprendida de una esencia inmutable. Así, si todo es copia, nada es creación. Pero, atención, Platón tenía claro los conflictos lógicos y ontológicos de su posición y en otros textos –El Banquete, El Sofista– afirma la creación como «poiesis» y sostiene que ésta es «causa del paso del no-ser al ser», lo que «conduce un no-ente anterior, a una existencia (ousia) ulterior» (Castoriadis, 2010:315).

Ahora bien, si se decreta que no hay creación, ¿cómo sostener la creación teológica? Dios no hubiera creado al mundo y su trabajo hubiera sido solamente pseudo-creación: fabricación, producción o transformación. En el territorio de la religión la impensabilidad, la incoherencia o la contradicción no tienen importancia porque allí las cosas se resuelven por la vía mística e inefable: es así y no se discute, punto. Pero en lo que se pretenda la más mínima reflexión (incluso teológica (Teodicea) que presuponga el estudio, razonamiento y “conjunto de conocimientos acerca de la divinidad” y que busque la comprensión razonada de lo divino), los problemas ahogan todo proyecto explicativo. Veamos.

¿Las «verdades eternas» acaso se imponen a Dios o no? Si se le imponen, algo está sobre él; si no, es impensable, pues esta posibilidad acarrea la idea de que Dios incluyera en sí mismo los atributos que lo niegan: ¿sería posible para Dios “no ser o no ser Dios o ser otra cosa que Dios”? Se trata del problema de la Teodicea: si Dios es perfecto y sólo bueno, ¿quién creó la maldad? O, si se acepta que el mundo es perfecto precisamente por incluir la maldad, entonces, dado que la maldad no la creó Dios, éste comparte (tendría que compartir) el poder y, por tanto, no es omnipotente.

Si el mundo «creado» es «necesariamente» creado, refiere Castoriadis, entonces la propia creación está «predeterminada» desde un imposible afuera de Dios (Castoriadis, 2010:314 y 315) y, entonces, todo se vuelve insoportable no solamente para la filosofía sino también para la teología.

A nivel mundano, en lo que al ser humano se refiere, tampoco el asunto está fácil. Ya lo hemos dicho: si no hubiese creación, entonces lo nuevo es imposible pues todo es repetición cíclica y causación determinada; quedándose fuera la alteridad, aparición auténtica de lo Otro, no habría otredad y ¿cómo entonces habría historia? Respuesta: no habría. Tampoco política, pues toda acción humana estaría enmarcada “necesariamente” en el marco de la determinidad. Que la Ley que la causa sea de origen divino o natural, herencia insuperable, “Ley social” o “Ley psíquica”, es lo de menos. Estaríamos siempre en el reino de la heteronomía, sin ninguna posibilidad para la libertad como capacidad de superar esta clausura. Sin historia, ¿qué sería la filosofía? Pues una repetición eterna o una interpretación de lo que desde siempre está: esto es, del ser-siempre devenir-siempre platónico.

Pero, como señalamos arriba, Platón era consciente de los problemas lógicos y ontológicos de su determinismo absoluto. Si nada es creación, ¿qué es lo que hace un artista? ¿Hasta qué punto su trabajo es sólo transformación de la materia y en qué momento creación de Formas nuevas? Nótese la siguiente afirmación de Castoriadis: “el bronce, cualquiera sea su forma, es bronce. Mientras que la estatua (de bronce, paréntesis nuestro) sólo lo es por su Forma; su ser estatua, su esencia, es su eidos” (Castoriadis, 2010:316). La inclinación dominante en Platón y el pensamiento heredado es que la estatua en tanto Forma “estaba ya allí” en potencia, como entelequia, en el bronce. Esta es la única manera de sostener la coherencia del planteamiento y poder afirmar que nada es creado. El artista no crea nada, replica la Forma ideal universal. Lo mismo vale para el artesano y el ser humano en general. Y, para la historia no pasa nada: la historia no existe, no se mueve, todo es –hay que repetirlo– repetición cíclica y causación. Todo estaba ya allí.

Por lo anterior es por lo que Platón sustenta la paternidad absoluta de todas las filosofías deterministas –tanto idealistas, de quienes es padre legítimo; como materialistas, de quienes es padre no siempre reconocido–. Pues mientras el debate idealismo-materialismo sea por la causalidad, por la determinidad, por ver quién o qué establece el ser, es racionalista: es platónico. Es un falso problema derivado de una falsa postura de inicio: la supuesta determinidad del ser. De ahí que Castoriadis afirme que el materialismo llama “materia” a una sustancia que otros llaman “espíritu”: es otra forma del idealismo y en realidad ambos son formas del racionalismo.

El materialista griego antiguo, como Demócrito, pero también como se entendía el materialismo en toda la tradición griega filosófica y no filosófica –poetas, historiadores–, incluso hasta Platón y Aristóteles, no es que no creyera en la existencia del espíritu, sino que afirmaban que la materia era eso que no podía ser racionalizado. Aristóteles, por ejemplo, cuando decía que podíamos tener todo de la “cosa” en la mente, menos la “cosa”; o Platón, cuando concebía su Demiurgo como el artesano que crea el mundo “a partir de lo que estaba allí” y lo “mejor que era posible”. Su creación no era perfecta precisamente porque le pre-existía la materia. Él no la creó.

A la vez, el artesano platónico (el demiurgo) no crea, simplemente porque cuando “crea” lo que hace realmente es mirar el “paradigma”, esto es el “modelo” ideal, y según él modelar al mundo, que siempre es, por tanto, imagen de la Forma; o sea, fabrica, produce o transforma. Por eso, decíamos más arriba que para la filosofía heredada no existe el par tiempo-creación, sino que todo se reduce a la existencia del par espacio-producción. Aquí quedará atrapado todo el pensamiento y toda la filosofía posterior, todo bajo el puño platónico.

Lo que Castoriadis sostiene es que, si el tiempo no es autoalteración, autoengendramiento de la alteridad, si no es creación ontológica, no solamente no es nada, sino que además ¿cómo explicar la creación de lo nuevo, la aparición de lo Otro? A su vez, si es que vamos a sostener que no existe lo nuevo, entonces, necesariamente todo es repetición cíclica o causación heterónoma, sometida a Dioses, Leyes o Herencias que nos dejan inútiles frente a nuestra propia existencia.

Para Castoriadis todo el proyecto racionalista-determinista que nace con Platón es falaz. ¿Por qué? Pues porque desconoce la alteridad, la emergencia ontológica de lo nuevo, la creación, tanto a nivel de la imaginación individual como social. No solamente el ser humano crea, sino que la misma realidad histórico-social es en sí misma creación. Emergencia apuntalada en lo que está ahí, sí, pero que no es deducible de eso que estaba ahí. B sigue a A, pero A no la causa ni explica a B. Sólo cuando esto ocurre –y ocurre– hay creación y no divina, que, como llevamos dicho, no sería realmente creación, sino aporía idealista que en realidad oculta la creación. Todo esto debería quedar resumido en reconocer que el ser “es y no es”. Que el ser es un “por-ser”. Un “siendo”. No determinado y que por eso es capaz de imponer determinaciones.

Hay pues “indeterminación esencial”, es esto de lo que se trata. Esencial aquí significa que no hay manera de que el mundo sea repetición cíclica de lo mismo ni de establecer causalidad total o fundamental. No hay determinaciones centrales, seguras, suficientes y mucho menos éstas son deducibles. No hay esquemas de sucesión ni de causalidad.

Entonces Castoriadis va a regresar al problema del tiempo captandolo como “alteridad-alteración”, surgimiento de lo Otro, de nuevas determinaciones, génesis lógica y ontológica, que da lugar a modos de pensar y de ser “otros”. Así, mientras para el pensamiento heredado se trata de entender el tiempo como “identitario”, acompañante, o modo de ser del espacio que igualmente acompaña separadamente al ser, para Castoriadis es ruptura, emergencia, quiebre, escisión, acto originario, fuente de lo nuevo, esencialmente indeterminado y esencialmente capaz de nuevas determinaciones, irrupción;  esto es, autocreación y cataclismo que ocurre no solamente como catástrofe sino como “incesante autoalteración” (Castoriadis, 2010:323).

Entonces y como conclusión, para Castoriadis el ser no está separado del espacio y el tiempo, no se trata de tres instancias separadas. Sino que es tiempo y es alteridad, es indeterminidad en el espacio real o imaginario y en realidad independientemente del espacio. Es creación.

Por una extraña conversión, nos dice Castoriadis, la filosofía heredada tomó el tiempo como si fuera una modalidad del espacio; pero este camino es únicamente lógico-identitario y no puede concebir la creación. En realidad, el tiempo o es otredad y no solo diferencia; o no es nada y todo es repetición.

Bibliografía y notas:

Castoriadis, Cornelius (2010), La institución imaginaria de la sociedad, Tusquets Editores, Buenos Aires.

——- (2010[1] ), La institución imaginaria de la sociedad, Tusquets, Buenos Aires. Salvo si se indica, todas las referencias son de este texto.

——- (2008), El mundo fragmentado, “Tiempo y creación”, Caronte Ensayos, Argentina.

——- (2004), Sujeto y verdad en el mundo histórico-social, Seminarios 1986 – 1987, La creación humana I, FCE, México.

Platón, Obras completas, edición de Patricio de Azcárate, tomo 6, Madrid 1872, “Timeo”: http://www.filosofia.org/cla/pla/img/azf06131.pdf

 

Jaeger, Werner (2005), Cristianismo primitivo y paideia griega, FCE, México.

SICA5, Sociedad instituyente y clínica de la alteridad. Un acercamiento a la obra de Cornelius Castoriadis. Resistencia, alteridad y autonomía. Quinta fase, 2015-2016, 10 de febrero de 2016, 12h00m, México. LA INSTITUCIÓN IMAGINARIA DE LA SOCIEDAD[1]: OPUS MAGNUM. Responsable: Dr. Rafael Miranda Redondo. Sesión 7/15: LO HISTÓRICO-SOCIAL, págs. 313 – 350. Línea de trabajo: La determinidad; tiempo, creación, alteración-ocultamiento de la alteridad.

Anuncios