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Miguel Aponte

Basta con imaginar el destino que, por ejemplo, habrían tenido doctrinas como el liberalismo o el marxismo y con ellas toda la evolución de las ciencias sociales si, a la sazón, hubiéramos tenido a un Adam Smith o a un Carlos Marx, menos cartesianos y más estoicos. ¿Qué habría sido del liberalismo económico y la teoría económica marxista si hubieran advertido que la discusión entre materialismo e idealismo es vacía?

SUMARIO:

  1. INTRODUCCIÓN
  2. LA FILOSOFÍA ESTOICA
  3. SUPUESTOS Y METASUPUESTOS
  4. LOGOS Y PHYSIS
  5. LA FILOSOFÍA NATURAL ESTOICA
  6. PNEUMA Y MEZCLA
  7. DETERMINISMO: CONSECUENCIAS Y ACTUALIDAD DE LA ESTOA

 

  1. INTRODUCCIÓN

El estoicismo es la prueba viviente del carácter dialogante de la filosofía. Su deuda con toda la tradición anterior, filosofía presocrática y filosofía clásica, es clara. A quien parezca mucho, compare con la deuda que la modernidad tiene con los estoicos y verá porqué hablamos de prueba viviente. El fin de Zenón, fundador de la escuela estoica, y de sus seguidores, era práctico: se trataba del “buen vivir” del hombre. Nada nuevo. Este interés los lleva a encontrarse con el conocimiento, la lógica y la teoría lingüística. Su actitud monista, unitarista, los conduce a la necesidad de la razón como razón creadora y a la defensa de la Providencia, pues, ¿cómo no llamar Dios a aquello que crea lo que el hombre no puede crear?

Justin Novak Via culturainquieta

Justin Novak Via http://www.culturainquieta.com, @culturainquieta

En este papel de trabajo exploramos someramente la Filosofía Natural Estoica para contrastar algunos de sus puntos de fuga e implicaciones y plantear dudas y discusiones que consideramos completamente vigentes para la situación de la reflexión correspondiente al día de hoy. Intentaremos mostrar la actualidad y vigencia no solo de los asuntos planteados entonces por los estoicos sino también ver cómo aquellos enfoques pueden resultar incluso más esclarecedores y consistentes que los actuales. El tema es amplio y sus ángulos muy variados.

Los objetos centrales de todo el constructo estoico son el Logos y la Naturaleza. Veamos. Comenzamos por constatar el concepto central de su filosofía de la naturaleza: el Logos; sin poder decir que pueda captarse hoy lo que exactamente entendían aquellos filósofos por esta categoría, sin duda, muy diferente a la idea moderna. Veremos que incluye desde la lógica formal hasta la teoría del conocimiento. El otro concepto fundamental es precisamente el de Naturaleza, Physis, con mayúscula. Para los estoicos “Naturaleza es Logos” y, sin embargo, tal afirmación no constituía una tautología, no se trata de identidad de ambos, ni mucho menos. Intentaremos explicarlo.

  1. LA FILOSOFÍA ESTOICA

La filosofía estoica es densa, fértil y abarcó preocupaciones que siguen dominando el pensamiento y la preocupación de la filosofía y la ciencia aún en el día de hoy. Concibieron la filosofía como el estudio de la lógica, la física y la ética y en esto tampoco innovaron. Se dice que aquí siguieron al filósofo Genócrates. Ahora bien, no podemos asignar a la combinación estoica las definiciones que la actualidad da a cada una de estas tres disciplinas. En su caso, ellas abarcaban una “mezcla” de consideraciones que exceden firmemente las estrechas definiciones de hoy. Veamos.

La lógica incluía la teoría del conocimiento, semántica, gramática, estilística y lógica formal; la física, el mundo físico propiamente, pero también seres animados, seres divinos, hombre y teología; y la ética: moral práctica, propedéutica y fundamentos del bienestar.

La ciencia estoica no era ciencia práctica, sino especulativa, se trataba de filosofía de la naturaleza. No estudiaban lógica, física y ética como estanques separados, no tenían objetos de estudio “diferentes”. Su objeto era igual y el mismo: “el universo racional visto desde tres puntos de vista congruentes”.  Era en este sentido que asimilaban la filosofía a un animal, un huevo o un campo fértil. Todos esfuerzos por darle al asunto un enfoque orgánico donde cada parte contribuye. Sin embargo, atención, la división no atendía a una jerarquía de temas.

  1. SUPUESTOS Y METASUPUESTOS

Luce imposible partir de la unidad del mundo y no derivar en una filosofía, ontología teológica, de la armonía perfecta y la coherencia absoluta; imposible no derivar en el racionalismo extremo: el mundo, necesariamente, tendría que ser reductible a una sola cosa, pues, ¿no es eso de lo que se partió? Igualmente implicado estaría el logos: el universo y, por supuesto, también el hombre lo comparten. La actitud ante la unidad del universo no es nueva ni creación del estoicismo y constituye un paso acaso inevitable en la evolución de la reflexión filosófica: ¿Cómo no explorar una tesis tan seductora? Y, además, de no explorarse, ¿cómo desmitificarla?

Son múltiples los problemas filosóficos y teológicos que un pensamiento fuerte y sistémico, como el estoicismo, iba a desprender de su actitud. Quizá el más impactante de todos es aquel referido a la conexión ontológica del hombre con el resto de la naturaleza y sobre todo con la divinidad. La unidad garantiza que lo cósmico y lo humano no sean aconteceres de orden diferente y, aún más, le den necesariamente al hombre el lugar destacado dentro de lo existente que el estoicismo le asignaría, hasta el punto de hacerlo capaz de conectar con Dios.

Unidad, coherencia, racionalismo, determinismo e incluso el optimismo estoico iban entonces a estar engarzados en una sola y misma causalidad: el logos. Hombre, Dios y Naturaleza se relacionan en lo íntimo como agentes racionales. Si esto se reconoce debidamente no puede esperarse sino una obra racional: pensamiento racional y acción racional que conducirán indefectiblemente a la excelencia: ser sabio.

Así, la meta, principio y destino del todo es la armonía entre el hacer humano y el suceder de los acontecimientos. De tal forma que la filosofía natural y la lógica conducen al vivir armónico. Es una coherencia que se basa en la causalidad más estricta.

  1. LOGOS Y PHYSIS

La Physis -Naturaleza-  es Principio Rector, Recta Razón, Dios, Providencia, Artífice, Necesidad y Destino, Móvil Generador, Aliento Ígneo, Fuego Artístico. Poder y Principio que plasma todo y da coherencia. Mantiene al mundo unido y causa el crecimiento de las cosas en la tierra. Algo así no puede ser menos que Racional y capaz de dirigir todos los procesos. Todo esto era Naturaleza para los estoicos.

Ahora bien, Naturaleza no es la misma cosa que Logos, como ya sugerimos, porque cada término conserva sus connotaciones y jamás las pierde, aunque se apliquen ambos a la misma cosa. Lo vivo y lo no-vivo es Naturaleza y por ello son coherentes con el todo, pero Naturaleza se manifiesta en una relación diferente con respecto a los distintos tipos de existencias y, aún más, respecto a cada cosa, a cada individuo.

Entonces, las plantas poseen Naturaleza como principio rector, los animales poseen Alma y en el hombre lo característico es el Logos. Ahora bien, la Naturaleza es Racional de parte a parte en el mundo, aunque no sea lo Racional lo que defina a las plantas y los animales. Los estoicos creían que sólo estaba presente en los hombres “adultos”, como algo perteneciente a “su naturaleza”: “no está en la naturaleza de las plantas el obrar racionalmente, pero sí en el hombre”.

Pero, repetimos, como un todo la Naturaleza equivale al Logos. Este es el punto. Ahora, ¿cómo es que solo algunos poseen Razón como facultad natural? Los estoicos dedicaron buenos esfuerzos a hacer coherente todo esto.

Es claro que siendo así las cosas, si Naturaleza es Logos y cada ser se acomoda a su naturaleza particular, el universo no puede ser sino armonía y tal cosa se manifiesta en una suerte de destino que viene a garantizar que este es el mejor mundo. Acá las consecuencias no pueden sino derivar en teología y optimismo, además de corte notablemente panteísta (1984:149).

Los estoicos, pues, llevaron la creencia griega en un principio intelegible e inteligente a todo lo que fue capaz de dar. Ya la filosofía anterior había explorado y se encontraba precisamente en esa reflexión desde hacía tiempo: Anaxímenes, Diógenes el Cínico, Platón, Aristóteles y no solamente estos; con las diferencias que los autores han clasificado, todos habían pasado y estaban allí.

  1. LA FILOSOFÍA NATURAL

Para los estoicos la Naturaleza es una especie de cuerpo, fuego artístico o aliento que categorizaron bajo el término “pneuma”. Así pues, con estas ideas de Logos, Naturaleza y Pneuma y a partir de los supuestos unitaristas que venían tratándose en la filosofía griega, los estoicos llegaron mucho más allá y, de paso, fueron capaces de dar a la reflexión un giro a la vez sorprendente y de enormes consecuencias al punto que aún forma parte de la problemática filosófica. Para los estoicos que se exista supone que lo existente sea capaz de producir y experimentar cambios, debe tener el poder de generar y percibir modificación y cambio. Nótese, no se quedaron en la materialidad como marca de existencia. Un cuerpo no es tal porque sea materia, sino porque es “corpóreo”; pero esta corporeidad es cualquier “algo” –tó ti– y no necesariamente un “Ser” –tó ov– .

Esta nueva “marca estoica de realidad” que se basa en el “poder de actuar o sufrir acción” (Cicerón) va más allá que el materialismo vulgar porque requiere la inclusión de lo inmaterial dentro de la noción de lo corpóreo: la mente y sus productos. Los cuerpos así serían materia + mente, siendo esta última, Dios o Logos. Entonces, desde ahora, la materia ya no es corporeidad, sino que es un aspecto de la corporeidad. El axioma estoico puede enunciarse así:

Si para que algo exista debe ser capaz de producir o experimentar algún cambio, entonces, todos los cuerpos deben ser analizables, separables analíticamente, en dos principios: el Principio Activo y el Principio Pasivo. Y esta es la razón por la que los estoicos postularon dos principios y no uno, como podría insinuarse a partir de su monismo extremo. Paradojas de la filosofía y de la reflexión sistemática, diríamos nosotros.

El giro estoico deja a la materia como algo indeterminado y trastorna, desbanca, la filosofía tradicional de la determinidad basada en el Ser. Gracias al giro estoico pierde todo sentido hablar de materialismo y de idealismo. La nueva marca de realidad estoica parece prometer realizaciones que siguen pendientes en la filosofía, al menos en lo que atañe a especialidades como la economía. Basta con imaginar el destino que, por ejemplo, habrían tenido doctrinas como el liberalismo o el marxismo y con ellas toda la evolución de las ciencias sociales si, a la sazón, hubiéramos tenido a un A. Smith o a un C. Marx, menos cartesianos y más estoicos. ¿Qué habría sido del liberalismo económico y la teoría económica marxista si hubieran advertido que la discusión entre materialismo e idealismo es vacía?

Para los estoicos, en deuda con Heráclito, el fuego es logos (Zenón y Cleantes). Los ciclos de todas las cosas se originan y culminan en el fuego; y el vehículo de ese logos es el Pneuma  –aliento, espíritu vital–, entidad dinámica, fuerza, energía: todos los materiales que constituyen el mundo son ciclos o “modificaciones del fuego”. El fuego es disposición dinámica de la materia y es causa de sus cualificaciones: cálido, frío, seco y húmedo. Por este camino, la materia deviene en Aire, Tierra, Agua, que, al añadirse al Fuego preexistente, constituyen el “cuaternio de la filosofía griega”.

Llegados a este punto, los estoicos clasifican los cuatro elementos en los mencionados principios, de la siguiente manera: el Principio Activo lo constituyen el Fuego y el Aire y el Principio Pasivo, la Tierra y el Agua. Los cuatro componen los cuerpos (1984:155), pero el fuego es el único que perdura siempre a sus propias conflagraciones. Hasta aquí tenemos materia y cuerpos que como se dijo antes son materia y mente.  Ahora bien, cómo se explica la existencia diversa de lo vivo en el mundo.

  1. PNEUMA Y MEZCLA

Es el Pneuma el que da coherencia y su distribución da lugar a plantas, animales y, eventualmente, al hombre. Todo le debe su identidad y sus propiedades, mediante un movimiento de tensión que el pneuma genera. El Pneuma es un compuesto de fuego y aire. Es aliento divino en tensión “desde y hacia sí” (Alejandro de Afrodisias). Todas las distinciones cualitativas entre cuerpos y en el propio interior de los cuerpos son: “estados o disposiciones del pneuma en acción recíproca con la materia” (1984:157). Los estoicos creían que el pneuma penetra completa e integralmente a la materia. La idea de compenetración total del pneuma con la materia dio lugar a una importante discusión acerca de la mezcla que haría posible tal cosa, pues los estoicos adherían a un principio que no podían dejar pasar: ¿cómo pneuma y materia iban a ser dos cosas diferentes y, sin embargo, compenetrarse completamente, visto que “dos cuerpos no pueden ocupar el mismo espacio al mismo tiempo”? (1984:158).

Esta discusión es fundamental porque, como ya se dijo, la materia nunca existe sin cualificación y esta es otorgada por el pneuma que tiene que seguir estando como cuerpo separado a pesar de su “compenetración total” en el proceso. No entraremos en el detalle de esta discusión en la que Aristóteles vino a prestar parte importante del análisis. La conclusión final fue que Pneuma es un cuerpo “extremadamente sutil”, tanto que debemos entender que se compenetra sin descorporeizarse, a pesar de su completa compenetración.

  1. DETERMINISMO: CONSECUENCIAS Y ACTUALIDAD DE LA ESTOA

Los estoicos fueron capaces a la vez de comprometer toda la validez del determinismo vigente hasta ellos mismos y de instaurar una nueva idea de determinismo que, para ellos, seguía siendo esencial. ¿Por qué? Pues porque la causalidad estoica es un elemento muy fuerte de su filosofía natural: garantiza la coherencia, da unidad, procura la armonía, es el asiento del reino de logos y una cosa tal, no puede sino determinar todas las cosas. El azar no puede ser sino déficit de conocimiento y el indeterminismo sería la quiebra de todo el sistema. Por todo esto, el determinismo es un elemento esencial para el estoicismo. ¿Cómo queda restituida esta noción? Veamos.

La filosofía estoica no demuestra el determinismo, sino que lo asume. Es una de las consecuencias de su actitud ante la existencia de lo existente. Dios es un existente cuya prueba de existencia es el hecho indudable de que todos los hombres creen en él y no pueden no creer en él. Esta postura es una deuda que tienen los estoicos con Epicuro, quien afirmó que “la fuerza de la convicción humana es su prueba de existencia”. Punto.

En todo caso, los estoicos, según Cicerón, en boca de Cleantes, argumentaron otras pruebas adicionales: (a) la validez de las profecías y la adivinación; (b) los beneficios de que disfrutaban los hombres; (c) el respeto que inspira la naturaleza; y, (d) la belleza y el orden de los cielos. Bueno, no es poca cosa, aunque desde entonces y aún hoy no veamos claro cómo esto tiene que necesariamente derivar en Dios; en todo caso, aquí conviene recordar a Crisipo: “Si algo existe que la mente humana sea incapaz de producir, es porque lo produce algo superior: Dios. ¿O qué otro nombre ibas a darle?”. Es imposible no recordar aquí a San Anselmo, San Agustín y Santo Tomás y preguntarse hasta qué punto llega la deuda del cristianismo con los estoicos.

En fin, nos parece que partir de tal premisa se inaugura por segunda vez con los estoicos el programa determinista y nos pareciera también que algo como el determinismo tenía que ser proclamado como programa de investigación filosófica casi obligatoriamente. Las razones para esto no son solamente psicológicas -la actitud frente a un conocimiento absoluto factible se presta al optimismo- ; lógicas -resultaba (resulta) necesario corroborar o refutar la posibilidad de un conocimiento absoluto factible—; y filosóficas -pues no es igual una “filosofía de la determinidad” que admitir la posibilidad real de la indeterminidad, no como azar, sino como problema ontológico, y continuar haciendo filosofía, sin regresos religiosos-.

Con todo, a pesar de la discusión que pueda darse a favor y en contra del determinismo, quizá habría que reconocer que sigue siendo la “actitud dominante” en la ciencia contemporánea, empeñada en el programa cartesiano del cuasidominio de la naturaleza, la sociedad, la política y hasta la psicología. Nuevos campos del conocimiento como la neurociencia se empeñan en demostrar cómo es que los valores o principios éticos se encuentran “marcados” en el cerebro y buscan con interés las marcas heterónomas de una naturaleza del ser humano. Son despliegues que responden a la misma actitud determinista pre y postestoica. Los problemas están en envases nuevos, pero, como se ve, son muy antiguos y fueron todos reflexionados por la filosofía antigua.

Así, la problemática filosófica y real asociada a la idea determinista, fue una preocupación clara de los estoicos para quienes los problemas concomitantes de la acción humana y el mal cósmico no podían ser evadidos. La formulación del problema es sencilla: si todo está determinado, ¿dónde queda la acción humana? Si todo es armonía estoica, ¿cómo debe entenderse el mal? Si la libertad humana es una expresión de su naturaleza, como indicaron los estoicos, despliegue de la necesidad y nunca “libertad de obrar de otro modo ahora” (1984:165) y, de paso, nunca nada está estrictamente mal; si todo mal es mal parcial, afiliado al bien universal, entonces, ¿cuál es el sentido del hacer humano?

Además, el problema no queda resuelto con santificar el presente: decir que todo lo que es “es y debe ser así” y que el esfuerzo humano debe encaminarse a reconocer la racionalización total y positiva de lo que está allí. Santificación del presente que, además, es completamente insatisfactoria desde el punto de vista lógico, filosófico y social.

Pero los problemas no son solamente de inconformidad práctica y política: ¿por qué no terminamos de conformarnos? Sino que está también el problema teórico de la insistencia en la “naturaleza humana”. Los estoicos tenían clara su propuesta y es completamente coherente: al hombre corresponde la razón y el logos. ¿Pero se trata esta propuesta de un programa de investigación realizable? ¿Es Orwell, es Pavlov? ¿Debemos aceptar la dictadura perfecta? La verdad es que la historia transcurrida y los aportes del psicoanálisis no parecen ratificar el supuesto estoico acerca de la razón humana y su prevalencia; y, sin embargo, seguimos insistiendo en ser necios y buscar la heteronomía en todas sus formas, desde la religión hasta un Trump.

Con todo, la fertilidad del pensamiento estoico anticipó en este aspecto también elementos de una psicología más comprehensiva de la psique humana. Si todas las operaciones mentales del hombre son racionales, esto parece coincidir con algunas posturas del psicoanálisis: la idea no es suprimir el inconsciente por irracional, sino permitir un diálogo diferente entre las diferentes instancias psíquicas.

El consciente se altera al permitir al inconsciente emerger y cambiar los contenidos conscientes. Hay un reconocimiento del papel del deseo y ya no todo es cálculo. Recordemos, para Crisipo nunca hubo distinción entre ambos y lo “racional para los estoicos era todas las operaciones humanas: percepción, procreación, lenguaje, deseo, todos vienen causados por el hecho de que el hombre es una creatura que ve relaciones por todas partes”. No es para nada poca cosa, para una filosofía que se debatió hace veintiún siglos, saber que Crisipo y Freud habrían podido estar de acuerdo en algo que ha costado veinte siglos para ser redescubierto plenamente: que el ser humano es un ser escindido y que algo hay que hacer con eso.

Bibliografía:

Clases y notas de clase: Profesor Deyvis Deniz, USB, Programa de Filosofía Helenística, 2014.

Long, Anthony (1984), Filosofía Helenística, Estoicos, Epicúreos, Escépticos, Alianza Editorial, Madrid, 1984.

Adela Cortina, Neuroética: ¿las bases cerebrales de la justicia y la democracia?, Audio de conferencia, Fundación Juan March, 2009: http://www.march.es/conferencias/anteriores/voz.aspx?p0=2620

 

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