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Miguel Aponte

«Que es mayor que lo que podemos pensar», San Anselmo

Sumario:

  1. Planteamiento
  2. La propuesta de San Anselmo
  3. La prueba ontológica: el silogismo de San Anselmo
  4. Unitarismo, sumidad y moral
  5. Sumidad y maniqueísmo
  6. Bibliografía

 

  1. Planteamiento

«Pero todo lo que consta de partes no es totalmente uno», San Anselmo

Intentamos reflexionar sobre la prueba ontológica de San Anselmo desde la perspectiva de la teología-ontología unitaria. El compromiso de Occidente con la ontología unitaria es tan antiguo como nuestra cultura. Es reconocible desde las primeras especulaciones religiosas y filosóficas, desde el inicio de la reflexión. Nació con esta, es permanente y, acaso, fue también un tránsito ineludible y que hubo (¿necesariamente?) de ser recorrido. La pregunta para comenzar es ¿por qué?

Adam Martinakis 2 via trianarts

Adam Martinakis 2 via trianarts

¿Por qué «todo» tiene que ser «uno»? ¿A cuenta de qué la «multiplicidad», obvia y directa, no es todo lo que hay? ¿Por qué no puede ser? Y, en cambio, ¿por qué aquello que es lo «uno», que no puede verse en ninguna parte, es? O, dicho de otro modo, ¿por qué todo estaría por necesidad enlazado y no fragmentado o estratificado, sin que se requiera enlace ni unidad? La primera implicación que nos sugiere el unitarismo se asocia a la idea de causación, núcleo central de toda la problemática, pues, si todo está causado habrá necesariamente una causa primera, que sería causa de todo lo existente menos de sí misma: se requiere la increación de aquello que crea como causa primera, porque, ¿cómo iba a ser creado aquello que crea por vez primera? Imposible. Si todo es «uno», la creación ya fue y es imposible que sea nuevamente, pues, repitamos, ¿cómo entender otra creación o creaciones sucesivas? Imposible. Y este requerimiento es implícito a la idea de unidad.

A la vez, la relación causal estaría garantizada, incluso si no nos fuera accesible: tendría que ser así y no podría no ser, sería causalidad-necesidad en su estricto sentido: algo que no puede no ser. Veamos la propuesta de San Anselmo.

  1. La propuesta de San Anselmo

«Llamará rationes a ese tipo de razonamiento que prescinde de la autoridad», Estudio preliminar, xvii

Nos proponemos dar cuenta de la prueba ontológica de San Anselmo. Es pertinente entender el alcance de la prueba, San Anselmo busca y dice haber encontrado la prueba racional de la existencia de Dios tal que, quien la entiende «aunque (aún) no entienda que esto (Dios) exista», no pueda ponerla en duda. San Anselmo dice:

Dios es «… aquello mayor que lo cual nada puede ser pensado».

Es todo. Breve afirmación que sólo en apariencia luce fácilmente comprensible y con enormes implicaciones. Veamos.

  1. La prueba ontológica: el silogismo de San Aselmo

«Demasiadas autoridades y muy escasas argumentaciones», Estudio preliminar, xvii

La propuesta que pretende San Anselmo trata de la razonabilidad de la fe y de la fe que busca comprender. Se trata y no puede tratarse sino de una creencia por la que resulta pertinente ofrendar la vida, la muerte y el amor; y que es capaz de nuclear el sentido primero y último de la vida humana y toda otra. Repitamos su definición de Dios, es:

«… algo mayor que lo cual nada puede ser pensado»

Veámosla descompuesta en el silogismo que la subyace y que proponemos:

1ª PREMISA:             lo que pienso puede o no existir

2ª PREMISA:             no puedo pensar todo lo que existe

CONCLUSIÓN:        existe un algo siempre mayor a lo que pienso, es Dios.

La primera premisa no es ni teológica ni filosófica, se trata de una constatación subjetiva o si se quiere de “sentido común”, existencial y humana. Cualquiera puede advertir que es capaz de pensar cosas que existen o no existen. Las primeras, por cierto, existe independientemente del estado de consciencia del sujeto acerca de su existencia, pues puede pensarse algo que exista sin saberlo e incluso nunca saberlo; en cuanto a las segundas, pueden no existir ahora y ocurrir luego, como el cuadro para el pintor, o no llegar a existir nunca por absurdas o imposibles, por ser simples errores del pensamiento. Esta sería la primera premisa subyacente en la afirmación de San Anselmo: lo que pienso puede o no existir.

La segunda premisa es de naturaleza diferente, se trata de una aprehensión que admite su contrario. El sujeto puede creerse incapaz de pensar todo lo que exista fuera de su pensamiento, pero puede también llegar a creerse capaz de esta hazaña tanto por su capacidad natural como con el auxilio de diversas prótesis científicas u otras. La ciencia moderna en su encuadre positivista, por cierto, dominante, es esto lo que cree o a aquello a lo que apuesta. Es esta, en efecto, parte de la crisis de la modernidad. Pero para San Anselmo, “no puedo pensar todo lo que existe”. Con lo cual el silogismo se prepara para su conclusión.

Así pues, la conclusión necesaria del silogismo es que existirá siempre aquello que nada mayor puede ser pensado; y esto es Dios. Fin del silogismo.

Estructura lógica, sencilla, magistral, que, además, demuestra ontológicamente que ese «algo» existe y no puede no existir: es. Necesidad en estado puro, donde lo pensado, es; y lo que es, es pensado. Así, no se puede pensar que Dios no existe, porque sería absurdo. Comprender presupone que se comprenda que Dios no puede no existir: es el punto central del asunto.

En efecto, San Anselmo con su frase obliga a pensar en las implicaciones de que no existiese algo así, porque entonces, todo lo que puede ser podría ser pensado y nada sería mayor que lo que puede ser pensado; con lo cual si todo puede ser pensado no existe nada que pueda ser mayor a lo pensable y no habría Dios; pero si así fuera, tampoco habría algo que debería ser obvio (sin serlo), pues cualquiera sabe (debería saber) que siempre habrá algo mayor que lo mayor que pueda ser pensado. Se trata de un asunto de lógica y también de sensatez, que nos parece que no requiere demostración y por esto la incluimos como premisa. De allí que sea insensato no creer en Dios.

Ahora bien, ¿por qué resulta irrefutable la sentencia de San Anselmo? Pues porque hay que comenzar por reconocer que si una cosa existe en el entendimiento y a la vez existe fuera del entendimiento ya es porque sí algo mayor que lo pensado. Porque lo entendido es lo pensado y al pensar se tiene lo pensado en el entendimiento; pero, si además existe, ya es mayor que lo pensado; es esta la esencia lógica y ontológica del asunto: algo mayor que lo cual no puede pensarse nada. Este es, sugerimos, el quid del asunto. Por eso no puede pensarse que no existe. Porque todo, cada cosa, puede pensarse que no existe, como inexistente, menos Dios.

Ahora bien, hasta aquí, permanece en nosotros una duda que no tiene que ver con la estructura lógica del planteamiento sino con una petición de principio, que traducimos en la siguiente pregunta: ¿no es acaso llamar Dios a eso mayor que lo que puede ser pensado una petición de principio en sí misma? ¿Por qué tendría «eso» que ser Dios y no una exterioridad?

  1. Unitarismo, sumidad y moral

« () si Dios no existe la razón y la moral son absurdas», Estudio preliminar xxxii

El trabajo de Anselmo tiene un solo propósito: demostrar, para siempre y para todos, la existencia real de Dios; para esto se propone un modelo racional integrado y coherente. Para San Anselmo la razón de ninguna manera tendría que contradecir la fe y bien empleada solo puede servir para confirmarla. Todos los caminos tendrían que conducir a esta realidad y de hecho habla de tres inteligencias o medios destinados a conocer: la sensible[1], la racional[2] y la fe[3]. Que mencionemos de último a la fe no la disminuye, al contrario; ella precede[4] toda la reflexión y sin ella nada de lo demás es posible. San Anselmo advierte que está faltando una demostración racional definitiva y es la que se propone dar.

Ahora bien, en un mundo cuya contención no puede sino ser divina, la contundencia de su demostración racional y lógica desborda consecuencias; y así, podemos destacar dos: PRIMERO, el silogismo conduce necesariamente a la noción de sumidad[5]; SEGUNDO, sin la premisa divina nada es posible tampoco en el ámbito de la moral que, por tanto, sería un imposible. Veamos.

Si Dios es aquello que nada mayor puede pensarse y, como antes anotamos, tal condición necesariamente implica su existencia real, entonces, Él no puede sino ser “sumidad”, no la suma, sino aquello que porque contiene todo no es contenido por nada, es lo único que existe por sí mismo y de la nada hizo el resto[6]. El criterio de sumidad, indispensable en el campo teológico cristiano, expresa además una condición lógica y filosófica que reviste autonomía explicativa y prepara el argumento para explicar que Dios no puede ser contenido, no tiene espacio, no tiene tiempo y por esto contiene todo y da lugar al espacio y al tiempo para el resto de los seres materiales y espirituales. Dios es y no puede ser sino por Sí mismo[7]; por la misma razón, «la vida, la sabiduría y todo lo demás no son partes tuyas, sino que todas son una (…)»[8]. Así, repetimos, la moral sería imposible sin el requisito divino.

De la misma manera, Dios es eterno, y, en realidad, es “atemporal”, precisamente porque Él no tiene tiempo o es un siempre presente; o, dicho de otra forma, no es ni ayer, ni hoy, ni mañana, sino algo fuera del tiempo; y lo mismo aplica al espacio, pues Dios está entero en todo lugar[9], y, por último, nada lo contiene sino que contiene todo[10]. Esta condición, repetimos, lógica, concibe la condición de necesidad de que lo creado requiere lo increado, e, incluso, si lo creado termina o va a parar a la nada, pues, aunque así fuera Dios no puede ser menos, sino aquella unidad toda más allá de lo pensable. Por lo tanto, San Anselmo ratifica para la filosofía la necesidad absoluta del unitarismo como ontología de todo lo existente.

  1. Sumidad y maniqueísmo

Para San Anselmo priva una premisa ética en la realidad divina: Dios no puede sino ser lo bueno[11], lo justo, lo deseable. No puede contener ni hacer lo malo, lo injusto, lo indeseable, ni siquiera la nada, pues Dios no puede no-ser. San Anselmo no abandona jamás el razonamiento en su estudio y esta exclusión de lo malo en lo divino tiene también su explicación, pues todas estas expresiones serían “impotencias” y, como tales, resultan imposibles en Dios, pues quien incurre en impotencia en realidad está dominado por otra potencia heterónoma que sería entonces imposiblemente mayor a Dios y está descartada, por reducción al absurdo, en el modelo anselmiano[12].

Ahora bien, recordemos, este problema goza de noble antigüedad: si el ser solo es lo deseable y lo malo o el no-ser no puede ser, queda salvado el carácter impoluto de la divinidad, pero a la vez, de algún modo queda para siempre la duda ¿quién puso el mal allí? Y, ¿qué es la nada? De tal forma que la única solución que esto tendría sería la incomprensibilidad final de lo divino: su carácter de estar más allá de aquello que podemos pensar y que en la perspectiva divina tiene sentido mientras para nosotros jamás lo tendrá. Se trata de la revelación de la fe. Es la llave que cierra el depósito del sentido. Sin embargo, notemos que el puerto final del análisis de San Anselmo no es otro que su puerto de salida: la fe. Porque creemos todo cobra sentido y la filosofía solo servirá para confirmar ese sentido que desde el comienzo se impuso allí. No puede uno, por esto, dejar de sentir cierta petición de principio. ¿Por qué Dios y no la nada o el caos? ¿Por qué la unidad y no la estratificación de todo?

  1. Bibliografía

San Anselmo (1998), Proslogíon, Estudio preliminar, traducción y notas de Judith Ribas y Jordi Corominas, Editorial Tecnos, Madrid.

Sandra Timaure, USB, PPP de Filosofía, primer trimestre 2015.

[1] Página 18

[2] Página xxii

[3] Páginas xxii: “Todo el que crea en Dios conoce”, también página 11

[4] Página xxii

[5] Página xxiii

[6] Página 17

[7] Página 29

[8] Página 39

[9] Página 40

[10] Página 41

[11] Página 47

[12] Página 19: “¿Cómo eres omnipotente si no lo puedes todo?”

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