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Miguel Aponte

Nunca antes la UCV enfrentó un enemigo más interesado en su desaparición que el gobierno chavista; éste de manera cínica y grosera se ha convertido en el drácula de las universidades por partida doble: por un lado ahoga a la universidad autónoma, mientras por el otro replica institutos paralelos que cree tener bajo su control populista y autoritario, propósito éste insostenible y bobo, porque en la medida en que esos profesores y alumnos sufren el proceso totalitario y se convencen de su incoherencia con el pensamiento, la crítica y la investigación libre, se rebelan como lo hace hoy la educación autónoma: pregunten adentro y verán.

Estudiantes y profesores, de diversa condición -investigadores, dedicación exclusiva, tiempo completo, contratados-, vivimos la horrenda situación material en que se encuentra la institución, el cerco judicial, los efectos perversos de la inseguridad, la convivencia permanente con la visita delincuente dentro de su territorio, la imposibilidad en el que el régimen la ha colocado queriendo imponerle en forma inconstitucional mecanismos de elección interna de autoridades. Todo esto tiene un autor: el régimen y su burocracia, cuyo único propósito, cada vez más claro y comprendido por toda Venezuela, es secuestrar el país para siempre y someterlo a una ideología que sólo es oportunismo populista y autoritario, mentira entre lo que dice y hace, ruina y miedo, irresponsabilidad y corrupción en el manejo de los recursos públicos.

En su perspectiva, el régimen necesita eliminar la universidad libre y autónoma. ¿Por qué? Porque no concuerda con su visión del poder, punto. Porque no le conviene el cuestionamiento y la crítica, porque cree -en su delirio borracho- que ha encontrado la llave de la sociedad y que esa llave le pertenece sólo a él. Entonces, piénselo, ¿Para unos individuos así, para qué alguien más iba a pensar? Por eso se atreven a los peores absurdos, como prometer “sacar a los pobres de la pobreza”, como si ellos supieran cómo hacer eso; eso sí, con la “condición” de que no sean “escuálidos”, por ejemplo. Eso lo dicen mientras todavía no se acostumbran a su recién “lograda” riqueza, sus avionetas, camionetas, casas y relojes caros, que muestran sin ninguna vergüenza, demostrando que eso que llaman “escuálidos” no es nada más que otra etiqueta que usan para confundir.

Entonces, estemos claros: al régimen y sus burócratas sólo le conviene una universidad sometida o cerrada; por tanto, la respuesta ucevista contundente tiene que ser “ni sometidos ni cerrados”, sino presentes y muy presentes en los acontecimientos de este difícil año 2016, lleno de dificultades pero también de perspectivas democráticas que requerirán su concurso activo: no es otra cosa lo que ha hecho en sus 294 años de compleja existencia.

 

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