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Miguel Aponte

La democracia es el proyecto de autonomía en acción; es una praxis, se aprende haciéndose y se basa en la philia, amistad entre iguales; y no en la economía. Los políticos vulgares, liberales y marxistas, por ejemplo, creen otra cosa, piensan que la democracia consiste, respectivamente, en que el “ciudadano” sólo elija o sólo repita consignas. Quieren un ciudadano con comillas, que aparente, que no sea. No reconocen que la política es el territorio de la reflexión colectiva y que la verdadera y fundamental tarea de las instituciones es provocar la más amplia y permanente participación de todos los ciudadanos en los asuntos públicos. La democracia es, a su vez, la institución que permite esa participación, pero aquellos manipulan y, conscientemente o no, conciben la política como narcosis social.

La narcosis es la enfermedad social que resulta cuando la política se concibe como instrumento de control. Justo en esto se basa el chavismo; por eso su pretensión neurótica de posesión total: comienza por controlar la economía –materialismo vulgar– para luego drenar a todo lo demás. Enumeremos: secuestra propiedad, empleo, precios, tipos de cambio e interés, salarios, beneficios, horas de trabajo y no trabajo, producción, distribución, entrega, consumo y disfrute; para, por igual camino, adueñarse de las instituciones y los derechos políticos y civiles de todos. Cancela así todo vestigio de libertad y democracia y, por tanto, suprime toda ciudadanía disponiéndola para lo peor: su esclavitud.

Así, la política para los burócratas de Miraflores  –¿habrá mejor ejemplo de narcosis sin sustancia?–  requiere cada vez más de seguidores acríticos, representados, que deleguen, que aplaudan, incapaces de reclamar la diferencia entre el decir y el hacer. Por eso el discurso favorable a la violencia y la guerra entre ciudadanos, por eso la necesidad de conseguir enemigos internos y externos, por eso el acostumbramiento de la población a un estado de excepción natural y permanente, por eso la destrucción institucional y por eso la miseria generalizada que contradictoriamente busca fabricar mentalidades serviles a cualquier precio. En esta dependencia que rompe el tejido social, en este déficit simbólico generalizado, el régimen cree encontrar las condiciones favorables a su proyecto de dominación.

Sin embargo, basta escuchar unos minutos a cualquiera de los burócratas del régimen para darse cuenta de que todo es una gran estafa. Que la estafa fracase y fracase más aún mientras con más “pureza” se aplique, es la lección que –nadie espere algo diferente– la burocracia jamás aprenderá y que tiene que ver no solo con su arrogancia y falta de decencia sino también con los antecedentes históricos, teóricos y políticos de un proyecto condenado a fracasar.

http://www.elpsicoanalitico.com.ar/num18/subjetividad-oleaga-autoerotismo-adiccion-narcosis.php

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