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Miguel Aponte

La respuesta está pendiente; esto sin apelar a los complejos de siempre. Decir que todo se explica porque somos “sudacas”, es racista y ridículo. Allí está precisamente España, país “desarrollado”, por dar un sólo ejemplo, con sus chavistas de “casa”. Entonces, ¿los sudacas son ellos? El asunto va más allá de decir que alguien (¿Chávez?) engañó a la democracia y al “pueblo”, con el preciso sentido de traicionar ambos y ahora una banda en Miraflores se aprovecha de aquello.

Estos argumentos pueden considerarse pero para ser rechazados, pues de lo contrario, jamás será posible hacer una reflexión importante. Somos como somos, sí, pero tendría que haber más que decir desde la sociología, la psicología social y la historia; así que dejemos de lado los lugares comunes y preguntemos cómo es posible que el chavismo en sus diversos empaques fuera posible.

El asunto tiene que ver con la historia de las ideologías y algunas antipáticas preguntas: ¿por qué el liberalismo deriva hacia el marxismo y, peor, por qué éste lo hace hacia el totalitarismo? ¿Por qué dejan a la democracia de lado? Y, otro peor, ¿por qué liberalismo y marxismo se “casan”, como en China, o configuran sociedades zombis tipo Orwell donde lo mejor que se ofrece es la insignificancia un consumo sin sentido?

El chavismo buscó siempre su engarce ideológico en la herencia marxista. Esto, aunque avergüence cada vez más a los comunistas serios, si es que aún hay. Así, si alguien creyó que luego del sXX habría esterilidad y anquilosamiento de las ideologías comunistas de “liberación social” se equivocó de plano: la cosa más bien se degradó hasta lo impensable y emergió el chavismo.

En el deslave intelectual del “todo vale” contemporáneo el chavismo se combinó con las “ideas” más peregrinas, que van desde la teología de la liberación y el tercermundismo hasta la religión, los mitos de la redención y los libros de autoayuda, para terminar –que nadie se sorprenda– en el arrase de la democracia y la ruina económica. Todo lo mismo que ya ocurriera el siglo pasado, pero -como si cupiera- con mucho menos dignidad y mucha más estupidez. Hasta aquí cuestiones para los “intelectuales” que lo avalaron, ¿tendrán algo serio que decir?

Pero para el resto de nosotros las preguntas siguen: ¿por qué las democracias representativas pierden la adhesión del ciudadano? ¿Cómo ese edificio tan rígido del liberal-marxismo degenera en una cosa tan difusa y vagabunda como el chavismo? ¿Hay en el núcleo del liberalismo algo que anuncia desde su misma formulación teórica la muerte de la  democracia y la libertad en manos de su supuesto adversario, el marxismo? ¿Son adversarios? ¿Cómo ambos tienden a la “insignificancia” o a las máximas de Goebbels y nunca hacia la libertad que supuestamente los inspiró?

 

 

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