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Miguel Aponte

Averigüe usted el comportamiento histórico del empleo, el salario mínimo y su alcance, la cesta básica, la inflación y el tipo de cambio de una nación, y tendrá una perspectiva de su situación económica; eso sí, siempre que ese país no  haya tenido la desgracia de haber caído en los mecanismos artificiales del control económico: control de precios, control cambiario, control de importaciones, control de la producción, control de la distribución y el consumo, etcétera. El control es la enfermedad incurable de los marxistas ortodoxos y sus peores derivaciones. En el caso del chavismo, como todo lo suyo, el asunto es de psiquiatras. En Venezuela, sin embargo, la  idea del control se ha impuesto en el imaginario de todos. Los políticos, siempre tan pendientes de las encuestas y abandonando la verdadera política, accedieron al mismo vicio.

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¿Por qué lo decimos? Pues pregunte a casi cualquier venezolano si cree que hay que controlar los precios de casi cualquier cosa; le aseguro que casi todos le responderán que sí. Y esto es particularmente indicativo en Venezuela hoy, cuando precisamente la apoteosis del populismo-autoritarismo-caudillismo mezclado de positivismo económico nos llevó hasta el foso en el que estamos. ¿No lo cree? Haga la prueba. ¿Y los políticos? Basta con recordar que desde la promulgación de la constitución de 1961 las libertades económicas fueron anuladas y que no fue el chavismo el que inventó las oficinas de control de precios o el precio fijo para la gasolina interna o para el dólar; o revise los programas de gobierno de los partidos, viejos y nuevos, cuando los tienen: son manuales de control y anulación de toda autonomía individual y colectiva, programas de liquidación de la democracia: misiones, dádivas y control del Estado sobre los ciudadanos: pura esclavitud. No debe ser fácil el asunto que hasta la FAO premia al absurdo régimen venezolano, ¿no? ¿O se trata de pura vagabundería? No creemos.

El control es el resultado inevitable del positivismo y está en el núcleo del pensamiento económico liberal-marxista. Se creyeron el cuento de los economistas: que la economía mantiene una relación fiel entre causas y efectos y que, por si fuera poco, a partir de ella se consigue la democracia. Indigencia teórica en su máxima expresión. ¿Por qué creyeron? Porque es más fácil que pensar y articular la complejidad social. Smith, Ricardo o Marx quizá no se hubieran quedado allí; pero sus seguidores dijeron: “todo está dicho, apliquemos los manuales”. Así, marxistas y liberales se quedaron en el determinismo económico y en un vulgar materialismo, sin querer ver que la realidad humana es mucho más compleja que aquellos cuentos de los economistas. ¿Es acaso que escogieron ser para siempre las dos caras de la misma moneda?

http://eltiempo.com.ve/opinion/columnistas/dos-caras-de-la-misma-moneda/185024

http://lacabraloca.com.ve/?p=245

http://www.petroleoamerica.com/2015/06/marxistas-y-liberales-dos-caras-de-la.html

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