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Con el estrépito de un árbol que cae derribado, el llanto del recién nacido colmó de vigor el aire. Antes de confiarlo a los brazos de su madre, el doctor le dio la penosa noticia.

— Lo lamento. La naturaleza del mal es incurable. Su vástago tiene los años contados.

— ¿Cuántos, doctor, dígame cuántos?

— Quién sabe… Noventa, a lo sumo. Tal vez cien.

Les Forts Philippe, 23 Abril 2015.

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