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Por Miguel Aponte

El socialismo del siglo XXI y el “madurismo” en que aquel degeneró por absoluta necesidad, han fracasado en medio de sus contradicciones. Es la consecuencia de su incoherencia. Al final, la economía, esa «ciencia lúgubre», más que despreciada por la burocracia, pasa sus facturas. Con la mayor inflación del mundo y una  escasez que ni los peores supuestos habrían podido pronosticar, el régimen defrauda rotundamente al país y arroja a la mesa toda su inescrupulosa incompetencia y maldad. La lista se degrada y bifurca más y más en desgracias sin fin: caída en la producción petrolera, agrícola e industrial, corrupción, contrabando, basura, apagones, crisis hospitalaria y de la salud, inseguridad, crisis de agua, crisis carcelaria, violencia… en fin, la lista es interminable. El régimen ni siquiera es capaz de manejar a los motorizados. Repetimos, la lista es interminable.

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Finalmente, el golpe de gracia de sus fracasos, aquel que lo colapsó ante sí mismo, llegó. Después de tanta publicidad, la economía desenmascaró los falsos logros ante la pobreza.  Estos son los verdaderos resultados después de casi 16 años concentrando todos los poderes imaginables, y mucho más de 1,7 «millones de millones de dólares». ¿Cómo es que con todo a favor se fracasa tan estrepitosamente? Este gobierno decidió engañar a sus electores (que para él no son “ciudadanos”, sino “masa”) y matar a la democracia valiéndose del propio mecanismo democrático. La mentira termina con el mentado “Plan de la Patria”. Es precisamente la traición y la mentira la causa trágica de sus fracasos.

El fracaso económico tiene su contracara en la política del régimen pues el opuesto de la democracia es la imposición, esta genera violencia y la economía, con violencia, no funciona. Así de simple. Y si lo que buscan es la “paz” comunista, que se olviden, esa es la paz de los cementerios. Ninguna economía ha funcionado jamás allí.

En la democracia cabe, lo sabemos, cualquier opinión, incluida aquella que podría destruirla. Pero, cuando así pasa, el poder se desquicia y termina contratando y pagando a criminales para atropellar y matar ciudadanos. Entonces, pregúntese: ¿qué resultados podrían obtenerse por esta vía? Es como un jefe de familia que a diario patea a la mitad de sus miembros y luego se sienta a esperar que “el hogar” funcione. Este es el núcleo de la contradicción del chavismo con el país: la neurótica empresa de querer imponerse por la fuerza burlando todo y a todos. La manía autoritaria es una patología que volvió al gobierno algo peor que un incapaz, lo ha convertido en un «destructor por naturaleza». De allí su fama de Midas invertido. Busque algo concreto, una cosa, que en manos del gobierno haya mejorado en 15 años: no la hallará.

En cuanto al “Coeficiente de Gini” y volviendo a la economía, la tan cacareada reducción de la pobreza –la joya de la corona– es solo un lastimoso espejismo: ¿cómo justificar tales logros luego del Sicad 2 y la mega inflación de Mercal ocurrida en el primer trimestre de 2014, aún antes de la caída de los precios del petróleo? Justamente el problema de la supuesta reducción de la pobreza del régimen es su completa insostenibilidad en el marco de la estrategia económica del propio gobierno. Con inflaciones de 56% y 68% en 2013 y 2014, respectivamente; y con una inflación esperada para 2015 de más de 180%, se pulveriza instantáneamente cualquier “logro”. Gini en realidad esconde un simple “reparto” de riqueza externa sobrevenida y nada más. De ninguna manera es superación real de la pobreza. El tema requiere más que buenas intenciones.  El gobierno, más que hundido, paralizado en su “sífilis holandesa”, no lo puede ver. Está perdido.

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