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25https://www.youtube.com/watch?feature=player_detailpage&v=a9iFrRUNqpQ

Defendemos la idea de democracia directa. En este video Zizek la cuestiona. Es imposible, dice, que funcione por más de dos meses; y toma los ejemplos de la Revolución Francesa y del movimiento zapatista. Prefiere un Estado fuerte que esté detrás (¿detrás?) de los ciudadanos: ahora eliges a quienes te dirijan, ahora te devuelves a tu casa, ahora vas a trabajar, ahora te casas y de esta manera, ahora protestas contra el capitalismo y te pones la franela del comandante o del Ché, etcétera. El problema es que ese Estado no se queda sólo detrás, sino que aún en el ejemplo más liberal posible termina arriba, abajo y delante del ciudadano: averiguando y controlando todo para “proteger” al ciudadano, para lo cual se transforma en aquello que aplastará al ciudadano.

Pero la democracia directa no es solamente un proyecto que auspicia ghettos de autonomía: se trata también de rotación, revocación, eliminación de toda representación continuada ni siquiera mediada por elecciones pulcras, se trata de referendums y de la desespecialización y la desprofesionalización de la política y de la reintegración del ciudadano a los asuntos comunes. Se trata, en fin, de volver a la idea de lo público como esfera insustituible y que no debe ser absorbida por lo privado y desde luego también volver a la idea de que lo público no confisque lo privado. Una democracia delegada no es democracia.

Esto es lo que queremos defender como democracia directa. No se trata de una meta o una petrificación de las instituciones. No se llega a una democracia para irse a casa a descansar, pero tampoco es que no regresaré a casa, es un modo de vivir lo privado y lo público. Se trata de una Paideia, de una educación del ciudadano para que reconozca su propia autonomía como la única fuente de sentido para sí y para la sociedad. Para esto un Estado fuerte será siempre su primer enemigo.

En la Grecia antigua -siglos V y IV adeC- se inventó la institución democrática y permaneció cerca de doscientos años. Entró en decadencia: Platón y su determinismo-racionalismo terminó dominando la escena filosófica y cultural; y se perdió la democracia. Esto quiere decir que las instituciones nacen y pueden morir -la alteridad siempre estará presente- quiere decir que el proyecto humano no está garantizado. Pero también significa que es posible. Zizek, sin desearlo quizá, se presta a la idea liberal y marxista que niega la política y se deja mistificar por la idea hegeliana que santifica al presente. Los liberales clásicos, aún desde Rousseau que no lo fue, sabían que el Estado niega la democracia, pero no encontraron la manera de superar este peligro. Eso no significa que hay que santificar al Estado ni a ninguna otra institución y esto es lo que han hecho los liberales, marxistas, posmarxistas y, en general, todos los posmodernos. Son todos hijos de la misma camada. Lo que está haciendo falta es otro pensamiento, otro sentido, otra Paideia.

 

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