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El amor verdadero excluye la tiranía así como la jerarquía
Rabindranath Tagore

(…) pero ese amor requiere de una consciencia racional
Para no fetichizarse y pervertirse
Edgar Morin

Yo obedecía órdenes
Eichmann

Resumen:

El hombre no es un proyecto garantizado, pero tampoco perdido. El proyecto de autonomía individual y social representa una carta de navegación y la posibilidad de encontrar sentido sin desvíos heterónomos y enajenantes. La organización y las jerarquías para los demás seres vivos son expresiones naturales y necesarias. Para el hombre, animal disfuncional por excelencia, en cambio, devienen instituciones históricas, sociales y políticas problemáticas, enajenantes y negadoras ¿Por qué?

 Sumario:

1.            Introducción
2.            Ser vivo, para-sí
3.            Sujeto, sujeto humano
4.            Le ética
5.            Autonomía moral y libertad
6.            La acción humana
7.            Dialógica de la libertad
8.            La organización
9.            La jerarquía
10.         La deriva moral: fallos, desviaciones, extravíos, inversiones y perversiones
11.         El pensamiento complejo 

Zilda, L'assassinat de Marat - RENNES

Zilda, L’assassinat de Marat – RENNES

1.  Introducción

El paradigma de la complejidad cambia completamente la perspectiva con la que podemos pensar la acción humana. Mejor sería decir que dinamita la perspectiva heredada respecto al tema.

Intentamos, a partir de la definición ecológica del para-sí moriniano, tal como la hemos captado, analizar las complejidades propias de la “acción humana”, entender qué la hace distinta e introducir el problema del sujeto, la libertad y la ética en este contexto. ¿Cómo puede asumirse una ética encuadrada en las limitaciones cognitivas y la incertidumbre? ¿Cómo sentar el tema sobre una reflexión no nihilista, no reduccionista y comprehensiva? ¿Cómo convivir con la jerarquía sin pervertir al ser humano?

Subrayamos un aspecto que nos parece de mucha importancia. Se trata del problema de la mediocridad humana, una conducta carente de razonamiento y sentido crítico auto-responsable. No se trata de no lograr resultados extraordinarios o que superen la media, sino de un comportamiento anodino, insustancial y no sólo ineficaz porque, por el contrario, puede resultar perversamente eficaz. Morin pregunta: ¿no será la mediocridad a la vez el juguete y el ejecutor de las más bajas obras de la historia humana? [1] No es poca cosa lo que plantea esta pregunta y sugiere la pertinencia de analizar esta conducta y preguntarse acerca de la posibilidad de evitarla, combatirla, reducirla…

El ser humano es, a la vez, capaz de las mayores obras y de las más bajas. Queremos asociar algunas reflexiones de la conducta mediocre y sus vinculaciones con la llamada jerarquía, en el mismo sentido de los experimentos sobre “Obediencia a la autoridad” de Stanley Milgram y la metáfora de Julian Jaynes sobre la “mente bicameral”. Cuando la mente se encuentra bajo el dominio de las estructuras jerárquicas y el poder, la obediencia ciega puede hacer al ser humano capaz de fracturar su conducta en dos, una parte atiende sus conveniencias privadas y la otra la esfera pública, y esta fractura puede llegar a impedir que ambas partes se comuniquen. A su vez, esta incomunicación asfixia la consciencia moral y liquida la ética. De esta manera se llega a la liquidación del individuo como persona consciente y capaz de ejercer la crítica y la auto-crítica. Se liquida, pues, al individuo en tanto persona.

Lo trágico es que mientras siempre el ser humano es susceptible de sufrir esta bicameralidad y si las jerarquías fueran (¿son?) presencias inevitables de la organización social, siempre será factible que se produzca el desquiciamiento por obediencia. Ahora, júntese estos dos elementos y háganse convivir con cualquier proyecto social de gobierno humano y se verá la fragilidad de la libertad y la autonomía individual y social.

Pero para llegar a toda esta problemática hizo falta primero que apareciera la vida, seres vivos, una primera abertura, luego que la subjetividad evolucionara al punto de dar lugar al sujeto, persona, individuo consciente y ético. Esta ética es la expresión de la libertad y emerge en condiciones históricas y sociales complejas y únicas, para hacer posible que la “acción humana” se diferencie. Finalmente, esta acción humana es ineludiblemente imperfecta y está sujeta a la incertidumbre y al abismo trágico y, por lo tanto, puede fallar. Una de las múltiples causas de estas fallas puede residir en la combinación destructiva entre obediencia ciega y las jerarquías. Este es el camino al que trataremos de aproximarnos en este ejercicio.

2.  Ser vivo, para-sí

Mientras no surge vida, es imposible imaginar el cosmos sino como una inmensa oscuridad, una noche eterna que contiene un mundo sin vida. No es una visión poética y se parece más a una pesadilla o un caos, si lo vemos desde nuestra perspectiva humana.

Pero al aparecer el ser vivo, es como si se produjera una abertura en esa oscuridad, surge un “algo”, cerrado a su vez. Edgar Morin lo llama “para-sí”, un para-sí que desde su aparición tiene, además, una primera característica y es que asume una “finalidad”, ésta finalidad es su propia supervivencia, que tiene una primera percepción de sí y, a su vez, una percepción del exterior. Así que con él aparece lo “propio” y lo “exterior”, simultáneamente. Este bi-nacimiento fija el carácter ineludiblemente dialógico y complejo del ser.

El para-sí es capaz de seleccionar “algo” del exterior y hacerlo existir para él. Es capaz de “percibir el mundo”. Sólo un ser vivo, por primitivo que sea, es capaz de seleccionar y hacerse representar para él algo que no es él. Selecciona, decimos, porque ¿de qué otra manera captaría ese exterior a él mismo?

Además, sobre esta percepción hay que decir que inicialmente no tiene ningún nivel de conciencia que la dirija. No, el para-sí percibe más bien como símil de decir “que choca”, choca con lo que le es exterior y este choque enfrenta al para-sí con “cosas” frente a las cuales él percibe algo positivo, negativo o neutro. Así, el para-sí le pone signo a lo percibido según lo satisfaga o beneficie, según le cause daño o le sea indiferente a su supervivencia.

Supervivencia que es, primero, la del individuo en cuestión y luego, la de su especie.

3.  Sujeto, sujeto humano

Así, la vida evoluciona se organiza y auto-organiza y, eventualmente, aparece el ser humano. El ser humano, ejemplo máximo de auto-organización y existencia compleja. Acusa en sí mismo todas las características de la auto-eco-organización y da lugar a una  entidad que alcanza la existencia de sujeto, subjetividad y consciencia al mayor grado concebible. Es un para-sí, pero trasciende a los otros para-sí, porque posee consciencia de sí y esto lo hace capaz de concebir su existencia y su desaparición, capaz de concebir el tiempo y el espacio. Capaz de concebir también lo exterior a él y, eventualmente, concebir al “otro”. Capaz de concebir su vida y su muerte. Capaz de conocer y, sobre todo, capaz de comprender. Capaz de verse a sí-mismo siendo todo esto. Capaz de las preguntas más complejas. Capaz de las preguntas, bastaría decir.

4.  La ética

Por todo lo anterior, el ser humano, como sistema auto-eco-organizado, se hace capaz de superar la determinación y de hacer emerger lo indeterminado: La ética. Emergencia esencial y que, después de todo, no se fundamenta en nada más que en sí misma, que es como decir que no se fundamenta en nada más que en el hombre mismo, que es como decir que no se fundamenta en nada. Claro, paradójicamente y por la misma razón de alguna manera está fundada en toda la trilogía inter-retro-activa en la que están inmersos el hombre y el cosmos: Individuo/Especie/Sociedad. La ética no está fundamentada en nada, pero, a la vez, está fundada en la totalidad de la existencia. Hay allí un sustrato natural que la contiene y la origina.

La ética emerge, pues, gracias a esta circunstancia insólita que es el ser humano. Sin embargo, podría no emerger. No es una necesidad del cosmos. Además, no es posible determinar exhaustivamente las causas de su emergencia. De tal manera que es “subjetividad plena”.

La ética no se refiere a “hacer el deber”, como explica Morin: Una vez resuelto lo que hay que hacer lo que hace falta no es la ética, sino la fuerza o la constancia para hacerlo. La ética, más bien, trata de la problemática que suscita “decidir qué hacer”. Se trata de elegir entre imperativos que se complementan, pero también se antagonizan, porque pueden estar en diversos planos.

Además, este “decidir” debe realizarse en un mundo a la vez incognoscible e incierto. El mundo es incognoscible como ya los siglos XIX y XX demostraron suficientemente y como la tragedia griega había comprendido con profundidad desde hace veinticinco siglos. A la vez, el mundo es incierto, porque aún decidiendo “bien”, las incertidumbres impiden tener garantía de los resultados derivados de las acciones. Las incertidumbres son invencibles. “Todo destino viviente es trágico”[2] y la vida humana es la más trágica de todas porque es consciente de todo esto, tiene existencia subjetiva.

Así que el hombre debe decidir sabiendo apenas que puede actuar pero, trágicamente, sabiendo también que no puede conocer la totalidad de las consecuencias de las acciones que desata y tampoco el significado que conllevan. Se trata pues de elegir entre imperativos contradictorios, en medio de las limitaciones cognitivas y la incertidumbre.

Pero, por si todo esto fuera poco, se trata incluso de decidir bajo la incertidumbre fundamental respecto al bien y al mal, porque no es posible saber a priori que estamos decidiendo “bien”. Es decir, podríamos estar decidiendo “moralmente” bien y, sin embargo, obtener “malos” resultados; o, viceversa. Cuando se incorpora el largo plazo, ¿cómo saber?

Sólo cabe comprender y conformarse, pero Morin propone que a partir de la pulsión ética y con el pensamiento correcto puede darse una vida que valga la pena ser vivida, que puede ser investida con sentido y que ese sentido puede fundarse en el propio ser humano y no en dioses, la naturaleza, la razón o la fuerza de la historia. Es este imaginario el que recoge el pensamiento complejo traducido a una ética del pensamiento.

Así que la ética es una insignificante abertura, a su vez, inmersa en la brecha minúscula que representa la consciencia entre los seres vivos que, igualmente, no representan casi nada en el cosmos. A la vez, esta pequeña diferencia que representa la ética es inmensa porque es la posibilidad de apostar a la vida en un nivel de consciencia que hace, que puede hacer, que el hombre trascienda a un nivel de religación superior. Todo religa, es una propensión débil pero permanente del cosmos, y el hombre tiene la posibilidad de religar éticamente.

5.  Autonomía moral y libertad

La libertad humana se esconde tras esta insignificante posibilidad que es la ética, que sólo puede nacer de la subjetividad en sentido fuerte, cuando incluye la reflexividad y la voluntad. Libertad que, hay que recordar a la vez, sólo puede emerger y sostenerse gracias a un complejísimo grado de dependencia.

Estas dependencias son todo tipo, individuales, biológicas y sociales, y en ese tejido complejo se constituyen las condiciones históricas de las cuales surge la autonomía moral.

Porque la autonomía moral es una emergencia histórica y, más concretamente, de la historia social del hombre. Surge de lo natural, pero no es una emergencia natural. Siendo, además, condición previa de la autonomía constituye la base constitutiva de la libertad individual y social que por nacimiento son entonces también emergencias históricas.

De acuerdo con Julian Jaynes, la consciencia individual surge en la Grecia Clásica con la democracia, que rompe la brecha entre lo privado y lo público, y el gobierno empieza a depender de los ciudadanos y no de la Diosa Atenea. El individuo se hace capaz de criticar su mundo social y así nace la política y también, simultáneamente, la filosofía.

A su vez, con la libertad emergen nuevas paradojas y contradicciones a todo nivel de la existencia auto-eco-organizada del individuo, sociedad y biosfera. Nuevas emergencias que actúan sobre sus fuerzas productoras, produciendo ellas mismas a su vez al individuo, la sociedad y el cosmos.

6.  La acción humana

En este contexto, el ser humano se manifiesta en acciones que van más allá de la “acción natural” de otros seres vivos. Es una nueva abertura del ser que se distingue del resto de los para-sí y esa abertura se manifiesta en la acción. La acción humana no es comparable a la acción animal.

En los animales la acción está desprovista de contenido ético, todas sus realizaciones están orientadas a un objetivo concreto, la supervivencia del individuo y su especie y en función de esto se mueven: matan, se reproducen, mueren. Todo en la inconsciencia completa. Es un eterno presente pulsionado por la necesidad vital y punto. Hay sujeto, pero no subjetividad en sentido fuerte. Por lo tanto, tampoco puede haber bondad ni maldad ni complejidad social en los términos en que esta emerge con la acción humana, no hay asunto ético. No hay ruptura consciente con el cosmos, por lo tanto no hay rituales de reconciliación con el cosmos, no hay dioses, no hay acto sacrificial, no matan con armas, no diferencian entre lo crudo y lo cocido, no acumulan excedentes, no envidian, no celan, no manifiestan miedo existencial a la vida [3], no necesitan, en fin, dar sentido a la existencia.

La acción humana, en cambio,  es una creación pura y pura creación humana, porque a pesar de todas sus dependencias auto-eco-organizacionales, es la única acción sujeta a la posibilidad de libertad y decisión ética, es decir, que no puede deducirse de las condiciones previas “por más que se trituren”. Es indeterminada. La libertad de acción ética es lo que concentra la existencia humana. Es lo humano. Es la diferencia.

Así que la indeterminación es fuente de libertad, pero a la vez es un abismo trágico, porque se realiza sobre un fondo de incertidumbres ineludibles. Sé que decido, pero no puedo afirmar nada sobre las consecuencias de mi acción y sobre sus significaciones. No hay garantías, nada puedo asegurar.

De modo que la acción humana es trágica, compleja y única. No puede ser de otro modo. Su carácter trágico consiste en que puede promover su religación o puede producir su destrucción total. La ética no es inocua, no es un lujo que podemos darnos. En este contexto, buscar una vida humana, incluye reestablecer el lugar de la ética en la existencia humana.

Pero las limitaciones cognitivas y la incertidumbre tampoco son inocuas y pueden hacer que el proyecto humano fracase en sus intentos. Son las marcas trágicas de la acción humana.

Aquí, otra vez, la tarea pendiente sigue siendo reconocer el carácter incompleto de todo conocimiento y, para todo lo demás, comprender. Todo esto a la vez reivindicando las fuentes originarias, reconociendo sus manifestaciones antagónicas y complementarias en el triple bucle recursivo: Especie – Individuo – Sociedad.

Reconocer “el carácter vital del egocentrismo y (…) la potencialidad fundamental del desarrollo del altruísmo” y, a través de este reconocimiento, regenerar el bucle de religación Individuo/Especie/Sociedad, en y por cada una de sus instancias.

Sin embargo, este reestablecimiento no es posible sólo gracias a las fuerzas primarias de religación, no es posible gracias solamente a la subjetividad, sino que requiere también del intelecto, de la consciencia, de la reflexión y del “buen pensar” de Pascal. Es aquí donde el pensamiento complejo propone un camino.

Zilda, Icarus. Acrylic & posca on paper - PARIS

Zilda, Icarus. Acrylic & posca on paper – PARIS

7.  Dialógica de la libertad

El individuo es cierre y apertura. Morin lo explica: “El cierre egocéntrico hace que el prójimo (otro) nos parezca ajeno, la apertura altruísta nos lo hace fraterno”. “El principio de exclusión conlleva el egoísmo, la competencia, el antagonismo al otro (…) el principio de inclusión conlleva la  solidaridad y el interés por el prójimo”. “El sujeto lleva en sí la muerte del otro y el amor al otro”.

Los argumentos son contundentes y expresan el carácter dialógico del problema, sea el individuo o su sociedad, sea la libertad y el principio de autonomía moral, todos estos problemas no pueden ser comprendidos sino en y con sus aspectos complejos y dialógicos.

Así, también dialógicamente surge la conciencia moral como una emergencia histórica “a partir de los desarrollos complejizadores de la relación trinitaria individuo/especie/sociedad”. Y, al surgir, “reinscribe la mente individual, en un nivel superior, en el bucle trinitario”.

Pero no siempre fue así y de hecho cuando decimos que la consciencia moral es una emergencia histórica, reafirmamos con fuerza que durante la mayor parte de la existencia del hombre las sociedades no han hecho sino negar esta autonomía y “así, en las sociedades cerradas de la Antigüedad, la relación está desequilibrada en detrimento del individuo, que no dispone de autonomía moral”. Los episodios de libertad y autonomía individual y social se reducen a la Grecia Clásica y al proyecto europeo de democracia que despierta nuevamente en los siglos XII y XIII, con las primeras ciudades y que se reafirma con la revolución francesa y así, complejamente, hasta nuestros días. Se trata de un proyecto siempre inconcluso y siempre en evolución.

Con el proyecto de la libertad individual, nuevamente, nos encontramos frente a contradicciones, causas y efectos antagónicos y contradictorios, porque por un lado la opresión de la comunidad contra el individuo se relaja y abre las puertas al universalismo ético y laico, pero a la vez la situación nos conduce “al desarrollo del egocentrismo”, el narcisismo, y a la posibilidad de eliminación de la ética que no puede existir sino como religación universal del individuo. Como sabemos, la destrucción de la ética comporta ella misma la eliminación de la libertad y de todo el proyecto humano.

En la medida en que la sociedad se complejiza y aparece con fuerza la autonomía individual y social, nuevos problemas aparecen porque se hacen patentes desordenes, antagonismos y rivalidades “inseparables de las libertades”. Estas emergencias están allí y allí estuvieron mientras el hombre estuvo sometido y no fue libre, pero no emergen hasta que la libertad las hace surgir. El hombre es esas cosas también y la conclusión simplista sería que se repriman al precio de la libertad o, inversamente, que la libertad auto destruya al hombre.

El desafío del hombre está inscrito así en esta búsqueda de balance entre esas fuerzas y desórdenes, como expresión de fuerzas inmanentes y originarias de lo humano, que separan y religan, disgregan y comulgan y que son fuerzas universales y que trascienden lo humano. Se trata de rehabilitar el bucle individuo/especie/sociedad. Cualquier visión reduccionista resolverá el problema acabando con lo humano y por tanto destruyendo lo que pretende proteger.

8.  La organización

La vida es el resultado de la lucha entre las fuerzas de dispersión y religación. La vida es, de hecho, un “logro muy improbable de las fuerzas de religación” y representa un “fenómeno de la auto-eco-organización”.

Con la vida emerge la organización que a su vez, recursivamente, genera nuevas emergencias “de extrema complejidad y diversidad”. Es la organización la que impide que todo sea caos y dispersión, refinando el cosmos, religando lo uno y lo múltiple y, al revés, metamorfoseando todo. Permitiendo la autonomía en medio de la religación y uniendo la autonomía al entorno. Por eso, Morin define la organización viviente como auto-eco-organización y coloca al ser humano en el privilegiado lugar de la complejidad máxima.

Entendemos este privilegio como un desafío, porque nada garantiza que como producto de esa independencia moral su desempeño se incline hacia la destrucción y el absurdo o hacia la vida y la religación. Morin: “En la sociedad humana se produce un nuevo orden de religación”.

La organización hace que el todo sea más que sus partes, porque hace emerger cualidades inexistentes en ellas, pero, a la vez, es menos que las partes, porque en ellas se inhiben cualidades que la organización “oculta”. Es uno de los principios que rondan al análisis complejo. Morin lo llamó Principio Sistémico u Organizacional. Un fenómeno fantástico que, en el caso del ser humano se disloca adicionalmente como consecuencia de la autonomía moral.

9.  La jerarquía

El diccionario de Real Academia Española define jerarquía como “Gradación de personas, valores o dignidades”. La enciclopedia libre Wikipedia, la define como “el orden de los elementos de una serie según su valor. Puede aplicarse a personas, animales o cosas, en orden ascendente o descendente, según criterios de clase, poder, oficio, categoría, autoridad o cualquier otro asunto que conduzca a un sistema de clasificación. En una determinada sociedad, es el orden de los elementos existentes, ya sean políticos, sociales, económicos u otros.”

En la naturaleza, la jerarquía u orden natural de los sistemas no vivos no plantea los problemas que suscita la aparición del ser vivo. En estos, a cualquier nivel de ser vivo, la jerarquía supone un orden de dominación de un individuo por otro que, además, es el resultado de relaciones de fuerza y poder. Además, la jerarquía puede resultar indispensable para aumentar las posibilidades de supervivencia de los individuos y su especie.

Para el ser humano, las complejidades aumentan porque el hombre posee un nivel de consciencia y autonomía moral que problematiza la situación y potencialmente plantea la pregunta ¿por qué aceptar la dominación? Aún en el caso de que la dominación se plantee en forma pacífica y “consensuada”, siempre es posible cuestionar si debe mantenerse un esquema de diferencias jerárquicas y por qué ¿cómo legitimarlo? Además, las jerarquías pueden ser de diversa índole, sociales, económicas y políticas y se combinan y retroalimentan en forma compleja. Puede pensarse que la jerarquía somete y embrutece al dominado y al dominador y restringe la libertad de ambos.

Vista así, una meta razonable sería trabajar para reducir incesantemente las jerarquías, cualquiera fuera su naturaleza. De alguna manera, esta es la meta de la democracia, guardando las distancias respecto a si es posible o no una igualdad absoluta. [4] Además, si aceptamos el teorema de Arrow, hay que reconocer que la igualdad absoluta es imposible. [5]

La jerarquía promete un esquema organizativo que produce resultados colectivos y cohesiona la sociedad. Por otro lado, expone al individuo a una fórmula que deja pocas posibilidades de salir ileso en el intento, impone un deber que se divorcia muy fácilmente de la ética personal, lo expone a la burocracia, la irreflexión, la mediocridad y, luego, al auto-engaño, la sumisión y la crueldad.

En la medida en que la jerarquía se propone legitimar el poder, desquicia sus propósitos y se transforma en mero mecanismo de dominación.

10.              La deriva moral: fallos, desviaciones, extravíos, inversiones y perversiones 

Además, el individuo humano en sus complejidades es también manipulable en alto grado, cuando se plantea el doble plano individual y social, es susceptible de una fractura psicológica que potencialmente puede producir resultados atroces, tal como mostró Julian Jaynes. Es el caso del experimento realizado por Stanley Milgram que conduce a la deriva por sumisión a la autoridad. Milgram: “Gente ordinaria, desprovista de toda hostilidad, simplemente cumpliendo su tarea, puede convertirse en un agente atroz por mediocridad cuando el engranaje de la máquina nazi le condujo a programar los asesinatos en masa”

Sólo por mencionar otro ejemplo notable, Henry Pierrepoint (1905-1992), el famoso verdugo inglés de principios del siglo XX. ¿Qué pensar de un individuo que por cumplir con su deber y por sumisión a la autoridad es capaz de la mayor crueldad? La sorpresiva conclusión de Milgram es que esa conducta no tiene nada que ver con sadismo o enfermedad mental.

Y hay que añadir que según Freud “no hay un inconsciente mediocre”. Es decir, el inconsciente no puede ser mediocre porque en él no se resuelven los aspectos inteligibles de la existencia, sino aquellos relacionados con el placer/displacer. Por el contrario, trabaja inteligentemente para lograr sus propósitos. En consecuencia, no es el inconsciente sino la consciencia la esfera psíquica que trabaja en los casos que estudia Milgram y es aquí donde reside la mediocridad o falta de sentido crítico que hace aparecer como plausible una conducta sumisa y cruel, tal como explica Morin.

Otra deriva la constituye el auto-engaño “acerca del bien mismo”. Es lo que ocurrió y ocurre en los regímenes autoritarios, especialmente de corte comunista: Morin nuevamente: “(…) como hicieron tantos militantes sacrificados que creyeron contribuir a la emancipación de la humanidad, cuando obraban para su sojuzgamiento”

No es producto de la ignorancia, porque como aclara Morin “La mayor parte de los intelectuales del siglo XX se engañaron en algún momento de su vida” y se justificaron creyendo en algún tipo de “superioridad ética”. Allí están como prueba trágica Trotsky y sus seguidores.

11.              El pensamiento complejo

La subjetividad esencial de la ética, como toda manifestación compleja, no es sólo subjetividad, sino que requiere de la consciencia, del intelecto, del pensamiento, para manifestarse.

A la buena intención debe acompañarse con el buen pensamiento. En palabras de Morin “nada es mejor que la buena voluntad, pero no basta y te puedes equivocar”. El fracaso siempre está allí amenazando y las mejores intenciones son un fracaso seguro si el pensamiento que las acompaña es incorrecto, mutilante, simplificado, reductivo.

Un buen pensar no es garantía, porque la ética no puede deducirse del conocimiento, pero la ética y el conocimiento se relacionan porque el individuo puede y debe tener conocimiento de las condiciones objetivas donde ejerce la ética. Es necesaria entonces, además de un conocimiento de la ética, una ética del conocimiento. Esta es la apuesta moriniana.

La libertad y la autonomía ética generan problemas ineludibles. La dialógica de su complejidad nos exige enfrentar estos problemas y no evadirlos u ocultarlos, no podemos simplemente ignorar o intentar suprimir sus manifestaciones.

Todo esto indica que mientras haya seres humanos tendremos que enfrentar estas inconsistencias y sus consecuencias.

Morin: “Todos los extravíos éticos proceden ciertamente de una insuficiencia del sentido crítico y de una dificultad para adquirir un conocimiento pertinente; (…y estos) son inseparables de una propensión interior a la ilusión que favorecen nuestros procesos psíquicos de auto ceguera, entre ellos el auto-engaño. Como hemos visto, la consciencia es extremadamente frágil

Pero puede haber estrategias para enfrentar tales derivas. El pensamiento complejo es una de ellas.

Morin propone la educación en un pensamiento pertinente, propone una “ética del pensamiento”, no porque pueda prometerse un saber que permita derivar un deber, sino porque sí se puede “tener conocimiento de las condiciones objetivas en la que se ejerce” la elección ética. En esto consiste la ética del pensamiento y la ecología de la acción que propone Morin. Resumiendo, el ser humano debe, a partir de la actitud correcta, educarse a pensar correctamente, esto es:

  1. Examinar el contexto
  2. Conocer la ecología de la acción
  3. Reconocer las incertidumbres
  4. Reconocer las ilusiones éticas
  5. Practicar el autoexamen
  6. Reflexionar la decisión
  7. Reconocer la apuesta y los riesgos
  8. Elaborar una estrategia

Es una ética que no se conforma con la simplicidad bien/mal, sino que entiende que el bien puede contener un mal y al revés. No elimina, sino que reconoce la incertidumbre y sabe que depende de:

  1. La ecología de la acción
  2. Los límites de lo calculable
  3. Los imperativos antagónicos
  4. Las contradicciones éticas
  5. Las ilusiones éticas
  6. La relación individuo-especie-sociedad

Conocer y, sobre todo, comprender, cuando del ser humano se trata. Estar alertas. Ese es el desafío y de esa manera, avanzar, sin certezas, pero con una combinación de buena voluntad y buen conocimiento hasta donde alcance y, luego, Phronesis [6] y comprensión.

Morin: “Todo pensamiento puede ser puesto al servicio de la manipulación, pero el pensamiento complejo conduce a una ética de la solidaridad y de la no coerción

La frase de Morin es contundente. No podemos aspirar a una sociedad correcta a partir de la “obligación”. Sin espacio para la deliberación libre y ética no es posible la ética. El mundo no necesita “monjes con bayonetas”. La complejidad humana requiere ser comprendida y requiere ser libre, la libertad, como todo lo humano, se manifiesta dialógicamente y en el bucle recursivo entre el bien y el mal, entre la vida y la muerte, pero así es como se manifiesta y negarlo es negar lo humano. A nadie se puede obligar a ser libre ni feliz, esto es un contrasentido ridículo. Sin embargo, hay que aspirar a un individuo verdaderamente autónomo en una sociedad verdaderamente autónoma y, en consecuencia, hay que promover y cuidar las condiciones en que el ser humano pueda aspirar y elegir, pueda ser libre. A la vez, hay que cuidar esa libertad reconociendo el entramado complejo de dependencias que también contribuyen a su existencia.

Las jerarquías pueden ser derivados perversos de la organización y, como tal, son males necesarios y deberían estar permanentemente contaminadas de rebelión si no queremos perder lo humano. Entregarnos a las jerarquías es el reino de la mediocridad y de la inhumanidad. Es el triunfo de la muerte sin dialógica y, por tanto, es la destrucción de toda vida.


[1] Edgar Morin, La incertidumbre ética, Pág. 51

[2] Edgar Morin, La vuelta a las fuentes cósmicas, Pág. 43

[3] Puedo asustar a un animal, por ejemplo a un perro, pero no puedo hacer que sienta temor por existir, hacerlo sentir la incertidumbre.

[4] Parece imposible poder conciliar la idea de igualdad absoluta con los postulados del pensamiento complejo,  para el cual no hay absolutos.

[5] Arrow trabajó el problema de la inconciliación entre los valores individuales y las elecciones sociales y estableció la imposibilidad lógica de concebir un algoritmo de optimización de los problemas humanos, así como de asegurar un bien soberano

[6] Phrónesis, Prudencia, para Aristóteles, saber deliberar y juzgar de manera conveniente. No es ciencia y no es arte.

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