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EE UU puede pagar toda la deuda que tiene porque siempre podemos 
imprimir  dinero para hacerlo, por lo que hay cero posibilidades de quiebra
Alan Greenspan, Presidente de la FED, 1987-2006

Alan Greenspan fue Presidente del sistema de la Reserva Federal de EE UU, desde 1987 hasta 2006. Preguntamos: ¿Cómo se puede afirmar algo sobre la economía con expresiones tales como “siempre” y “cero  posibilidades”? Sobre todo en una atmósfera de incertidumbre y volatilidad extrema, ¿cómo pudo afirmar lo anterior? La economía, aunque parcialmente sujeta a la razón, es permanente campo de emergencia no solamente de “posibilidades”, sino de “imposibilidades”. Porque es parte de la historia y la historia nunca puede estar completamente determinada. Si no fuera así, ¿cómo explicar las revoluciones? Las explicaciones positivistas de corte liberal o marxista están en crisis también, por cierto.

El repaso de la crisis de 2008 nos permitirá ver al liberalismo en su posición teórica extrema, esta es: el postulado de que solamente una versión “pura” y completamente “rígida” del Patrón Oro puede salvar a la economía y la sociedad. Planteamiento insólito y que deja obviamente preguntas por responder. Plantearemos algunas en este aporte. Nos permite, además, vincular las crisis con otros temas y episodios de la historia económica del siglo: Patrón Oro, Depresiones, New Deal, Guerras, Plan Marshall, Bretton Woods, Instituciones y acuerdos multilatelares, Dictaduras e incluso lo que sería la expresión contemporánea del comunismo. Pero analicemos primero más de cerca la recesión de 2008.

Su antecedente inmediato fue la crisis de 2000, resultado de la burbuja de las punto.com y de las acciones económicas y políticas que le sucedieron. La crisis de las punto.com fue manejada con el mecanismo neoliberal de la manipulación monetaria. Nada nuevo. Se trata del discurso económico académico oficial, admitido y alentado por el establecimiento político. La FED alteró las tasas artificialmente y, como resultado, se forjaron inmediatamente las condiciones para una nueva burbuja y su posterior crisis, la actual, conocida como crisis de las hipotecas y que algunos sectores –casualmente liberales– llaman “La gran recesión mundial”. Estamos hablando de la situación actual. Luego veremos (verSobredosis: la próxima crisis financiera) cómo la forma en que se está manejando la crisis de 2013, si supera la situación, será alentando nuevas burbujas –ésta vez muchas heterogéneas y totalmente globalizadas, además de localizadas en los gobiernos– cuyo destino no va a poder ser otro que nuevas crisis.

La discusión se hace aún más interesante porque los bandos en combate –keynesianos y neoliberales– se acusan mutuamente con los mismos argumentos para sostener lo contrario. Para los primeros se trata de que se ha permitido que el mercado actúe por sí mismo y para los segundos que no se ha dejado actuar por sí mismo. Keynes en su momento había roto el paradigma liberal que postulaba el laissez faire apuntalado en el Patrón Oro. La inflexibilidad de este último había conducido a la Gran Depresión de 1929. Los liberales en todas sus versiones sostienen que no, no habría sido el Patrón Oro el culpable, sino justamente lo contrario: haber permitido la creación inorgánica, fiduciaria, de dinero bancario sería la responsable (Ver Peels bank act, 1844, más abajo). De tal manera, que las razones más bien estarían en la existencia de un Patrón Oro debilitado que permite el financiamiento del déficit público a cambio de ventajas económicas otorgadas a la banca privada. Es curioso porque tal aumentada rigidez invocada por los neoliberales no habría hecho sino más rígido aún el sistema y entonces la pregunta obvia es: ¿Cómo la rigidez de un sistema de Patrón Oro inflexible iba a haber permitido la expansión económica?

En todo caso, es verdad que hasta el extremo de un Patrón Oro “puro” no se ha llegado; y más de uno piensa que menos mal, si es que fuera factible. La postura neoliberal ignora y quiere excluir la política del asunto económico, hemos discutido esto en aportes anteriores (ver Liberalismo). Pero repetimos la pregunta: ¿Cómo se habría expandido el comercio y el capitalismo con tal Patrón Oro llevado a su máxima expresión? ¿Qué tipo de capitalismo habría sido ese? ¿Capitalismo de subsistencia? Absurdo.

Volviendo a la crisis de 2008 como antecedente de la actual, si hubiera que resumir la actuación de los gobiernos y sus consecuencias, diríamos que se trató masivamente de: a) manejo administrado de las tasas de interés; b) asistencia financiera inmediata a las instituciones financieras; c) intervención en otros sectores con programas de estímulo de corte keynesiano; d) uso indiscriminado de recursos públicos y de los contribuyentes; e) escaso o nulo análisis técnico en los programas fiscales y de reorientación de la inversión; f) alteración artificial de precios relativos y reorientación irracional de la inversión privada; g) inversión pública en compra de activos tóxicos y acciones de empresas quebradas; h) manejo político de la situación protegiendo a algunas entidades y no a otras, sin argumentos técnicos de ningún tipo. Todo, como se ve, muy “macroeconómico”. Acerca de si hay responsables para todo esto, de eso, nada. ¿Dónde queda el problema ético que exige a los responsables y representantes responder por sus acciones? Esta sinvergüenzura se oculta detrás de la más famosa falacia teórica de la era moderna: el positivismo. La creencia de que las cosas ocurren porque unas causas económicas generales las producen. Es funcionalismo. El mismo que cínicamente manejan los políticos de derecha y de izquierda.

¿Cuáles habrían sido las causas primarias de la crisis? Otra vez, estamos en el campo de la discusión aún entre aquellos defensores incondicionales del capitalismo: la avaricia, la falta de regulación, los ciclos y el mercado habrían sido los causantes para las posturas alejadas del liberalismo ortodoxo. Los liberales van a oponer a estas que,  al contrario, lo que ha prevalecido es la falta de libertad y de mercados. Van a decir que el verdadero mercado libre –¿en sentido kantiano?- no existe y que absolutamente toda intervención del mismo, comenzando por la existencia misma de los bancos centrales es la hybris que ocasiona todo.

Los neoliberales creen en un mercado, lo hemos visto, entendido como apelación heterónoma de control social, como paradigma de constitución-integración social, como elemento central organizador de la economía y la sociedad. Como consecuencia, los neoliberales no ven sociedades libres y de mercado en la actualidad sino “híbridos de libertad y coacción”: no ven la inherencia o necesaria coexistencia de condiciones sino su exclusión absoluta. Es maniqueísmo dualista: el mercado sería lo único que puede hacerse si se quiere hacer algo y la intervención de cualquier naturaleza que sea degenera y sería la única causante de las crisis. Quisieran separar absolutamente la economía de la política y del Estado. Por eso, al final, van a proponer –cuando son coherentes– un regreso al Patrón Oro y una reforma de esencia del sistema bancario, como verán en este video y vamos a discutir a continuación.

  1. Del fraude legal

Vimos que la característica de la economía capitalista es la existencia de ciclos económicos: expansión, estancamiento y crisis –en sus distintas denominaciones técnicas: depresión, etc–. Los liberales ortodoxos van a proponer que tales ciclos no son inevitables. Veamos cómo razonan. Para ellos, el sector verdaderamente intervenido es el bancario, ¿por qué? Pues curiosamente porque está dejado de su cuenta y tal acción ocasiona que deba ser protegido y finalmente “intervenido”. Su conducta no se encuentra “anclada” debidamente por lo que deriva caóticamente. Pero este caos sería evitable si se respetaran según ellos “las reglas estrictas de los derechos de propiedad”.  Veamos.

La existencia de bancos centrales y de fraudulentos “permisos” legalmente vigentes en las legislaciones actuales constituyen lo que ellos llaman un “socialismo monetario”. El banco central es un monopolio público y el dinero no tiene respaldo y no es convertible en nada. Puro mecanismo fiduciario vacío. Van a decir: “vivimos en una manifestación más moderna y tecnológicamente avanzada de la Unión Soviética (…) la planificación central lo controla todo. Todo el poder se está centralizando tanto en EE UU como en Europa, a nivel federal, por lo que no existen mercados libres sino intervenciones”.  Esta es la posición neoliberal.

Claro está y es hasta risible que si se parte de que el mercado “no existe”, el culpable no podrá nunca ser éste o el capitalismo. Entonces, ¿dónde estaría el culpable? Respuesta liberal: el Estado y sus intervenciones en la economía. El origen de la reflexión teórica de estas posturas se hallará en la Escuela Austriaca de la economía: Carl Menger, Murray Rothbard, Ludwig Von Mises y Friedrich Hayek fueron sus fundadores. Más tarde Milton Friedman. Nuestras críticas a estas posiciones están en los aportes sobre El Liberalismo.

Para las tesis monetaristas neoliberales el origen de todo está en el dinero y los bancos y la degeneración de base parte de allí, es decir, de no entender lo que son y cómo deben ser tratados. El dinero es el equivalente general y de conservación del valor ante las incertidumbres “ineliminables” de la economía. Es la superación del trueque. Pero para que este dinero cumpla su misión es indispensable que exprese un respaldo real, no debe dis-funcionalizarse de la economía real: debe estar anclado a otra cosa, algo firme y que garantice realmente el orden.

Entonces su conclusión es que esta tarea la debe hacer el oro. Si cada moneda es de oro o está respaldada por oro, los bancos no podrían “crear” dinero –tampoco el banco central- y serían meros intermediarios entre los poseedores del dinero y diversificadores del riesgo de inversión. Por cumplir esta tarea cobran un determinado interés. Ésta es la propuesta liberal ortodoxa, con el añadido de que tendrían que ser los mismos ahorristas quienes autorizarían bajo ciertas condiciones a los bancos a prestar su dinero a otros o no hacerlo.

Históricamente este esquema ideal se rompe en forma cuasi-natural cuando los bancos, viendo que disponían de dinero en proporciones significativas y que los depositantes no los retiran –sino cuando los retiran–, decidieron en el proceso de evolución del sistema bancario dos acciones originarias de los problemas: primero, prestar el dinero de los depositantes, mientras simultáneamente les garantizan su disponibilidad; y, segundo, originar nuevo dinero a través del mecanismo de la cuentas corrientes que se conoce como “dinero bancario”. Entonces surge la “banca con reserva fraccionaria”. Atención, estamos en el centro nuclear de la teoría: los neoliberales nos están diciendo que prestar dinero sin respaldo, expandir la base monetaria más allá del anclaje “provoca la des-coordinación, la crisis y el colapso”. La culpa es de la banca porque se la deja libre y quien la deja es el estado que, por tanto, es el culpable en última instancia.

Ahora bien, ¿por qué los bancos gozan de este privilegio de la reserva fraccionaria? ¿Cómo se llegó a esto? Respuesta: por el interés político de los gobiernos, para poder financiar sus propios déficits. ¿Por qué los gobiernos quieren esto? Pues porque así pueden desalentar el cobro de impuestos y financiarse a través de las operaciones de mercado abierto. ¿Y por qué quieren hacer esto así los gobiernos? Porque los impuestos no son populares. La inconsistencia lógica del esquema reside en que no es posible –lógicamente, aunque sí prácticamente, atención– que convivan al mismo tiempo la libertad de prestar mientras se le desea garantizar la devolución inmediatamente disponible de los depósitos a los ahorristas. Esa promesa es falaz y, aunque legal, ilegítima. ¿Por qué? Porque se rompe el vínculo entre ahorro e inversión. Ésta es la postura liberal. Nótese que así los créditos se expanden con el desconocimiento absoluto de los ahorristas –lo quieran o no– a la vez que se expande el crédito de forma “artificial”. Atención, artificial aquí es equivalente a simbólico o irreal. Eso es lo que es “crear dinero bancario” (11m14s). ¿Cómo al final de esta cadena lógica se va entonces a garantizar los depósitos? Es allí que surge necesariamente la idea del “prestamista en última instancia” que terminará justificando la creación de la banca central. Continuemos.

¿Cómo se crea el dinero bancario? El ahorrista o cuenta “corrientista” deposita 100 en el banco, éste le entrega una chequera a aquel y está obligado por ley a guardar sólo una fracción –digamos 2%- como reserva, pudiendo prestar el 98%. Cuando presta ese 98% quien recibe abre en el mismo banco (o en otro) otra cuenta y se repite la operación después de reservar el 2% correspondiente, como reserva del depósito derivado; y así hasta el agotamiento del proceso. Al final con cada 100 inicialmente depositados y una tasa de reserva del 2%, el banco es capaz de generar oferta monetaria hasta 5000 porque el proceso puede repetirse 50 veces. Este dinero “nuevo” sería “la semilla que alimenta la crisis”. En las condiciones actuales, esto ha conducido a que solamente el 10% de la oferta monetaria circulante esté respaldada por base monetaria real. Es dinero fiduciario y contable, no real. Esto es la “reserva fraccionaria”. Nótese entonces que la oferta monetaria en los supuestos y con las referencias descritas está conformada por apenas 1/10 de base monetaria real; el resto, 9/10, es fiduciario. O sea, que la economía se mueve con dinero “simbólico”, que no existe, que no es real. Atención, para los amigos de las distinciones fáciles, ¿esto es idealismo o materialismo?, ¿tiene sentido esta pregunta?

Entonces, preguntamos, ¿qué pasa si el banco tiene colocaciones a plazo inmediato y, mientras tanto, se compromete en inversiones a largo plazo? ¿Quién garantizará en última instancia los depósitos en caso de una coyuntura que lo exija? ¿Con qué dinero se está financiando la economía? ¿Qué opciones tendría esto? ¿Cómo manejar una economía capitalista frente a este mismo problema? Analice la expresión: “Te otorgo el privilegio de la emisión de dinero y a cambio tú me financias”. ¿Cómo debería actuar una economía alternativa a la capitalista? ¿Cómo lo haría un economista marxista, en el contexto de una economía sin propiedad privada y completamente colectivizada? ¿Se presentarían los problemas de crecimiento económico, si o no? ¿Cómo deben manejarse? ¿Qué papel juega el Estado en todo esto? Son preguntas de examen.

Para los liberales, el antecedente histórico de este desaguisado fue la Ley de Robert Peel del 19 de julio de 1844 (15m45s). Con esta ley se intentó acabar de una vez por todas con los ciclos y sus crisis en el Reino Unido. Peel era Primer Ministro y con su ley se exigió a los bancos el requerimiento del 100% de respaldo en oro sobre la emisión de papel moneda, pero la ley dejó fuera el “dinero bancario”. Se trata de crear préstamos sin respaldo de ahorro real, tal como explicamos antes.

Este mecanismo tendría y lleva necesariamente a la figura del “prestamista de última instancia”, que salvaría al sistema cada vez que surgiera una corrida de depósitos. Pero al final, aún para este dios último que sería el prestamista de última instancia, los bancos centrales, no es pensable que el respaldo será jamás del cien por cien. Entonces, es obligatorio concluir que la insolvencia no es que aparece sino que es estructural y está en la lógica del sistema mismo y lo que pasa es que se manifiesta eventualmente. ¿Por qué no habrá nunca respaldo del cien por cien? Pues porque es imposible pensar que habrá oro para respaldar la totalidad de las operaciones de crédito presentes y futuras; y, entonces, no habrá más remedio que eliminar el patronazgo al 100%: es entonces cuando aparecen las leyes de dinero de curso legal o forzoso. Aparece el sistema fiduciario o de papel y se acaba la fantasía de un sistema con “patrón real”.

A pesar de todas las incongruencias, el Patrón Oro en sus variadas versiones rigió la economía mundial hasta que en 1971 Nixón eliminó la convertibilidad del dólar en oro y demás activos de reserva y, de paso, sepultó a Bretton Woods (18m49s). Se impuso completamente el sistema del papel moneda y se perdió toda sostenibilidad apalancada en ningún tipo de mecanismo tangible.

En conclusión, los neoliberales sostienen que es la capacidad de crear dinero en manos de la banca central, el poder creador de dinero bancario (sustitución de dinero real por billetes de papel) en manos de la banca privada y el derecho irrestricto que se les  otorga para manejar el dinero de sus clientes por parte otra vez de la banca la clave originaria de las crisis. ¿Por qué? Porque permite que los gobiernos financien sus déficits. Los impuestos son impopulares mientras la creación de nuevo dinero no. El gobierno gasta más de lo que tiene, luego emite bonos que vende a la banca privada, éstos los reciben y los revenden al banco central o los entregan como colaterales para respaldar nuevos préstamos. Todo va a financiar el gasto del estado. Los resultados de todo esto terminan transformándose en presiones inflacionarias, con lo cual se cierra la lógica del circuito. Lo que no se paga en impuestos se paga en inflación, pero se abren compuertas lógicas que permitirán o traerán nuevas consecuencias. Con los impuestos se pierden elecciones pero con el déficit y la inflación, no, al menos a corto plazo: eso es lo que piensan los políticos de antes y de ahora, atención, incluidos los políticos socialistas del siglo XX y del siglo XXI.

Una vez que el esquema está completamente montado, surge la polémica sobre la conveniencia de hacer bajar las tasas de interés. Se sabe que cuando bajan, proyectos que antes no eran factibles se hacen rentables y los empresarios invierten. Pero si la caída es artificial y teledirigida desde el banco central, se hace insostenible y luego cuando suben sobreviene la crisis por insostenibilidad de los deudores para solventar los créditos.

2. De la gran recesión

A finales de los años 90´s, un congresista interpeló a Alan Greenspan, superveterano Presidente de la FED. Éste había comenzado a subir paulatinamente las tasas a fin de enfriar la burbuja que ya no podía desconocer. Le preguntan:

Congresista:

¿Siente que su ideología le llevó a tomar decisiones que hubiera preferido no tomar?

Alan Greenspan:

Conviene recordar que la ideología es un marco conceptual a través del cual la gente trata con la realidad. Todo el mundo tiene una. Es necesaria una ideología para existir. La cuestión es si ésta es acertada o no. Y lo que yo le estoy diciendo es que sí, que he encontrado algún error en la mía. No sé cuánto de significante o permanente, pero es algo que me ha tenido angustiado.

Greenspan no tenía (¿o si tenía?) por qué haber reflexionado previamente sobre un problema tan complejo como es el papel de las ideologías en las decisiones prácticas y políticas. Pero tanto el congresista que pregunta como él, reconocen esa esfera del asunto. Atención con esto, porque detrás de las ideologías están las significaciones, verdaderas paredes cognoscitivas que impiden salir o superar las propias “evidencias”. Greenspan de alguna manera advierte que su antigua “seguridad” era infundada. Admite que la realidad supera cualquier teoría, ideología o significación. El asunto es pesado y quizá contiene la verdadera solución. ¿Qué es una ideología acertada? ¿Por cuánto tiempo será acertada? ¿Para siempre? ¿Qué está detrás de la afirmación de Greenspan? ¿No se trata acaso de puro determinismo racionalista? El tema lo hemos tratado en otros aportes (ver: Significaciones imaginarias sociales). Sigamos.

Cuando estalla la burbuja de las punto.com, ya dijimos, la estrategia fue bajar artificialmente las tasas e inmediatamente se alentó una nueva burbuja. Fue así que los bancos inventaron la burbuja hipotecaria: créditos fáciles para comprar viviendas y cualquier otra cosa o servicio de consumo. Eventualmente aparecen las “titulizaciones”, concesión de préstamos sobre préstamos (32m04s). ¿Cómo fue el mecanismo? Sencillo. Veamos. Por ejemplo, con 100 hipotecas un banco norteamericano hacía un paquete y lo vendía a cualquier inversor extranjero: fondo de pensiones suizo o noruego o banco japonés. El banco americano recuperaba inmediatamente la inversión y podía seguir prestando y así. ¿Quiénes estaban detrás de esto? Pues los grandes, Goldman Sachs, Lehman Brothers, Bear Stearns, Morgan Stanley, Merril Linch.

Freddy Mac y Fanny Mae, llevaron esto mucho más lejos: re-compraban las titulizaciones y las re-empaquetaban volviéndolas nuevamente a vender, apoyándose en el hecho de que contaban con el respaldo garantizado del gobierno norteamericano.  Si quebraban el gobierno pagaría. Y así ocurrió. Titulizaron no solo hipotecas, sino préstamos al consumo, a estudiantes, a la compra de vehículos e incluso abarcando la aseguradoras financieras y las mismas agencias de calificación. Las agencias de calificación cobraban por validar títulos y las segundas cobraban por “asegurar” las operaciones a través de los CDS´s (seguros contra riesgos).

La irracionalidad se impuso a tal grado que, por ejemplo, el nivel de inversión en construcción de viviendas hizo descuidar la correspondiente inversión en las industrias de insumos de aquella, lo que llevó a elevar los precios respectivos por escasez a la hora de seguir construyendo. Comenzaron a subir las tasas y los precios.  Estos incrementos no pudieron trasladarse a los consumidores. En verano 2007 los impagos de las sub-primes se dispararon (37m.32s). Comenzó la crisis cuando los inversores quisieron desprenderse masivamente de todos estos los títulos.

Lo primero que hacen los bancos centrales es animar el fondeo de la situación inyectando a los bancos más dinero para restituir la confianza –¿recuerdan una situación idéntica en 1929?–. La Reserva Federal reduce los tipos en 8 meses desde 5,25% al 2%. Manipulación de tasas. Lo mismo que generó la crisis.

En 2008 cae Bear Stearns: 35.000 millones de dólares en créditos insolventes. Luego vienen las quiebras de Freddy Mac y Fanny Mae y el gobierno invierte 200.000 millones de dólares en ellas. Entrevistan a Henry Paulson, Secretario del Tesoro de EE.UU., veamos:

Pregunta:

¿Por qué se han sentido finalmente obligados a hacer esto a un costo de tantos cientos de millones de dólares?

Respuesta:

Harry, estas compañías son tan grandes y están tan intrincadas en el sistema financiero… No tuvimos elección.

¿Cómo es eso de que no tuvieron elección? No es esto desde luego lo que Paulson estudió en su universidad; a él lo enseñaron que la economía tiene un comportamiento funcional: eso es lo que todos y no sólo él argumentó hasta hacía poco tiempo para defender que la crisis era imposible. Pero, en realidad, ¿no había elección?

En fin, todo ese dinero se perdió y en dos semanas vino la mayor de las quiebras: Lehman Brothers. Para ésta no hubo dinero. Cinco días después de haber asistido a Bear Stearns no quisieron hacer nada a favor de Lehman. No había voluntad para hacerlo.  Esto demostró la intromisión de la política, en el peor sentido, en todo el asunto (43m08s). Luego vino AIG, aseguradora: se rescató también. Finalmente llegó la recapitalización de los bancos por parte del gobierno.

3. De cómo evitarlo

¿Cuál es el conjunto de medidas que, según dicen, los neoliberales “puros” “habrían” implantado una vez desatada la crisis? Veamos: cierre de los bancos insolventes. Aquellos que se consideraran viables luego de analizar el exceso de deuda sobre activos, tendrían que convertir una parte de deuda en capital, esto es, capitalizar. Todos, los acreedores a más largo plazo y otros. Lo último a tocar serían los depósitos de los ahorristas. Al final, se trataba de convertir créditos en capital. El analista sostiene que la mayoría de los bancos americanos convirtiendo menos del 5% de sus pasivos, hubieran estado recapitalizados automáticamente (50m38s). No nos “suenan” estos porcentajes; pero, en fin, no es descabellada y sí factible la propuesta. La pregunta es: ¿habría sido suficiente?

Pero, ¿qué fue lo que hicieron los gobiernos? Rescatar a la banca sin restricciones con el dinero público. En algunos casos, como Irlanda, comprando todos los activos tóxicos a valores inflados. En EE UU, el estado se convirtió en accionista, entre otras medidas.

El video cierra con una crítica a Krugman y la teoríca keynesiana. La propuesta liberal-ortodoxa queda resumida en la siguiente cita:

“Para evitar los ciclos sería preciso rediseñar el sistema financiero y bancario a nivel mundial y hacerlo compatible con las exigencias de una economía de mercado: cumplimiento estricto de los derechos de propiedad. Esto implicaría tres reformas: a) completar la Ley de Peel: exigir el respaldo del cien por cien para los depósitos a la vista y equivalentes; b) acabar con los bancos centrales, que ya no serían necesarios; c) reintroducir el Patrón Oro, como mecanismo de control de la base monetaria”.

En otras palabras, separar el poder político de las finanzas. Magnífico, pero nos queda una pregunta: ¿Cómo iba a crecer el sistema –paradigma central de la expansión ilimitada del dominio de lo económico propio del capitalismo– con estas camisas de fuerza?

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