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7Todas las sociedades conforman a sus individuos. Se trata de que en un intercambio indispensable la psique renuncia a su estado solipsista, autista, solitario, de ser en el mundo, ser sí misma. Estadio que corresponde a lo que Castoriadis llama “mónada psíquica” o estado monádico inicial. Esta primera expresión de la psique: ser el mundo o ser sí mismo, no significa sin embargo que se es dueño de ese mundo. Tampoco que está fusionado o fundido con él porque las mismas categorías dueño y fusión presuponen algo que aún no existe: la diferenciación; la mónada psíquica, pues, es un estado anterior a toda diferenciación.

Es lo que Castoriadis precisa cuando dice, “solamente alguien que pensó la distinción puede pensar la abolición de la distinción” (Castoriadis, 2001:202). En la mónada inicial no hay recuerdos ni conscientes ni inconscientes: no hay recuerdos de ninguna naturaleza. Esto niega la existencia previa de categorías sintéticas a priori y, por tanto, al individuo en su formulación kantiana. El individuo se encuentra apuntalado en una naturaleza quizá capaz de permitirlo, que lo apuntala, pero que como mónada psíquica aún no es. Parece que sólo podríamos afirmar que es “puro potencial”, pero nada más. Pero es un potencial que puede también no ser.

Esta ausencia de consciencia e inconsciencia tampoco es estado reprimido ya que no se puede reprimir lo que no existe; entonces, de paso, la mónada psíquica es anterior a toda represión. No ha aprehendido, captado, nada y, en el fondo, habría que reconocer que para ella no existe nada, no existe esta “nada”. Sólo un “sí mismo”. Entonces, resumiendo hasta aquí: no es diferente ni distingue, no es fusión ni es dueña de nada y no recuerda, no es consciente ni inconsciente. Por todo esto, es un estado de totalidad que Castoriadis llama parafraseando a Freud “omnipotencia total”: es todopoderosa y no está reprimida.

Cuando se capta la noción de mónada psíquica, saltan a la vista dos conclusiones inmediatas: primero, que dejada de su cuenta esa mónada no tiene ninguna posibilidad de sobrevivir y, segundo, que, por tanto, todas las sociedades forman a sus individuos, como afirmamos al comienzo de este papel. Todo este proceso está marcado por la necesidad y por eso decimos que es indispensable. Se nota que la sociedad es una pre-condición de existencia de este individuo y del futuro sujeto que devendrá. Es devenir –historia– y no advenimiento o emergencia o aparecimiento. Es proceso en continua evolución histórica que a la vez niega toda emergencia de algo que habría estado allí pre-formado o pre-existente, pugnando por aparecer. Otra vez: no hay individuo kantiano.

Crixo Aponte

Crixo Aponte

Ahora bien, ese proceso de fabricación es, de alguna manera, un intercambio. El individuo terminará aceptando que no es el mundo –atención, que no es el mundo y no que no está sólo en el mundo– a cambio de lo cual la sociedad se ocupará en la medida de sus posibilidades de imponerle su mundo, esto es, trasladarle nuevo sentido a través de sus propias significaciones imaginarias sociales. Pero no es que la sociedad enseñe a la psique “la realidad”, sino que le trasfiere “su realidad”. Esta transferencia, sin embargo, no supone “pasividad” de la psique y no es que ella copie o refleje. Se trata de un ejercicio muy complejo de creación de representación y habría que decir que es más bien de “presentificación” creada completamente por la  psique a la vez que corrección de esa misma representación, todo por parte de la psique en interacción con la sociedad a través de sus miembros previamente socializados, por tanto, portadores previamente fabricados. Castoriadis dice que todo ocurre en un momento en que la relación entre la pulsión y la representación ni existe ni está garantizada. Pero ocurre.

¿Tal fabricación es educación? Bueno, sí y no, podríamos decir. La sociedad fabrica educando ya que esto es lo que es ese proceso de proyección-introyección de las significaciones imaginarias sociales. En una primera fase, el individuo internaliza a la sociedad y su ethos. Pero si no hubiese más –y en la mayoría de los casos no hay más– hasta aquí el individuo es simplemente un fragmento andante de la sociedad, réplica o simple copia fabricada. Hasta aquí estamos hablando de la institución heterónoma y la educación que le es propia: mera fabricación.

Pero nunca esta fabricación puede ser lograda para todos y para siempre al cien por ciento. Esto, porque una parte de la psique conserva y “se mantiene como autoinvestidura del núcleo psíquico”, este residuo ineliminable es “amor de sí remanente” y base de un “egocentrismo imposible de erradicar, que, más o menos disfrazado, domina, en última instancia, todos nuestros pensamientos y todos nuestros actos.”(Castoriadis, 2001:185).

Pues bien, es ésta reserva la que abrirá la posibilidad a su vez de fracturar aquel proceso de fabricación social y de dar lugar a la aparición de una subjetividad reflexiva y deliberante, esto es: un individuo autónomo. Uno que ha internalizado la sociedad pero es capaz de identificar su misma investidura y no conformarse; identifica aquello con lo que no conforma, discrimina y cambia lo que puede y, otra vez, no se conforma con el resultado. Actúa pues sobre la realidad y sobre sí mismo buscando alterar la propia relación entre las instancias psíquicas que lo constituyen  buscando alterar además su relación con la sociedad, esto es, con la institución y, finalmente, buscando alterar la misma institución.

Se ve claramente la relación factible entre el trabajo de movilización psíquica que supone el psicoanálisis y el trabajo por la autonomía individual y la política entendida como la intervención lúcida del individuo en la institución de la sociedad. Hay acá una analogía entre psique y sociedad, pues, a nivel psíquico se trabaja por modificar la relación entre consciente e inconsciente individual mientras a nivel social se actúa para modificar la relación entre lo instituido y lo instituyente. Todo este proceso constituye la aparición de otra educación que se encamina a permitir la aparición de un individuo autónomo en una sociedad autónoma. Es el proyecto de la “libertad universal”, como “único proyecto político defendible” (Castoriadis, 2001:196).

Pero ese proyecto por la autonomía individual y social es, en sí mismo, y requiere de la institución de la voluntad reflexiva y deliberante en ambas esferas. Un paso que, siendo perfectamente posible, no está de ninguna manera garantizado.

Hay que detectar la diferencia sustancial entre pensamiento y reflexividad. El primero implica el procesamiento primario de la dimensión conjuntista identitaria de la psique y la sociedad instituida, dentro del marco de las significaciones imaginarias sociales que la constituyen y cuya réplica permanente es lo único que desea toda sociedad. La segunda supone una primera capacidad de duda y cuestionamiento indispensable para dar paso a una educación por la autonomía opaideia, como la entendieron en la Grecia Clásica. Se trata de la formación del filósofo-ciudadano.

Pero esta re-flexión sobre sí mismo y sobre la sociedad es ella misma una nueva abertura tanto cognoscitiva como política que inevitablemente va a llegar a las preguntas últimas: ¿por qué esta institución? Pregunta que a su vez abrirá un territorio inmenso. Se trata del terreno sin piso fijo de la alteridad. La educación así consiste en que el individuo aprehenda que la vida “contiene e implica la precariedad del sentido en continuo suspenso, la precariedad de los objetos investidos, la precariedad de las actividades investidas y del sentido del que las hemos dotado”. Finalmente, la educación verdadera se trata de que “el sujeto se haya vuelto capaz de vivir al borde del abismo” (Castoriadis, 2008:127). La muerte, o mejor dicho, otra ética de la muerte está implicada en todo el asunto. Todo vincula nuevamente la reflexión a la captación trágica del mundo, una creación griega antigua que la modernidad ha perdido completamente.

Bibliografía:

ES1998aa (en línea):http://www.socioantro5.blogspot.com/2006/07/psicoanlisis-y-poltica.html.

ES2002b6: http://www.costis.org/x/castoriadis/culture.htm.

Sesión de SICA 1 del día 4 de noviembre de 2009, bajo el titulo La sociedad como creación y la noción de obra institucional. En Guía de auto formación de la CICC: • http://www.agorainternational.org/cicc.pdf.

ES1993A: Castoriadis, Cornelius (2008), El mundo fragmentado, Caronte Ensayos, Argentina, pp. 203

 Psicoanálisis y política, págs. 115-129.

Castoriadis, Cornelius (2001), Figuras de lo pensable, FCE, México, pp. 302

—Las raíces psíquicas y sociales del odio, págs. 183-196.

Psique y educación, pág. 197-220.

El psicoanálisis: situación y límites, págs. 221-236.

Nuevamente sobre la psique y la sociedad, págs. 237-255.

Sesión de SICA 1 del día 3 de febrero de 2010, bajo el titulo El mayo de 68 francés y la crítica de la militancia. En Guía de auto formación de la CICC: • http://www.agorainternational.org/cicc.pdf.

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