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31.08.2014 05:01 AM

Miguel Aponte

Desde Caracas.- ¿En qué terminó la democracia representativa venezolana? En Chávez. ¿En qué terminó Chávez? En Maduro, Cabello y Ramírez. ¿Qué describe este trayecto? Pues una evidente degradación de liderazgos, instituciones y de la democracia. Aquellos que de buena fe aún tienen alguna esperanza en que este SSXXI tiene algo que ver con un concepto de sociedad, vayan despertando a la pesadilla que es perder la democracia y todas las libertades. Muchas preguntas debería sugerirnos la ruta descrita. ¿Por qué la democracia se pierde sin arraigar en la mayoría de los ciudadanos? ¿Por qué y cómo los ciudadanos pueden terminar deseando un “hombre fuerte” que se alce sobre las instituciones y “salve” al país? No pensemos que la ignorancia explica todo: Hitler ganó por elecciones. Además, recordemos, es imposible que en sus comienzos HCh haya registrado índices de aceptación del 70/80% sin que hasta los ricos lo hubieran deseado. El problema no es pues falta de instrucción; y, sin embargo, no podemos dejar de pensar que se trata de alguna manera de educación. Una educación que va más allá del cálculo y la técnica; que tiene que ver con otras nociones, valores de convivencia y su articulación y no con el vulgar positivismo con el que nos han educado.

El problema remite a profundas convicciones y enraiza con la idea de lo público y lo privado. Existe lo privado, claro; por no comprender esto, fracasa el SSXXI. Es un error ridículo y una desgracia pretender que tres burócratas van a delinear para siempre a todo un país, ¿no le parece amigo chavista? Ahora bien, amigo liberal, idéntico error es no entender qué es lo público. Los liberales “puros” –nada más peligroso que un sujeto puro– pretenden que todo se articule a partir de una estricta privatización de toda la vida humana. Esto es teórica y políticamente insostenible. El despliegue de estas tesis desembocará en más desigualdad y la insignificancia de los ciudadanos. La desigualdad, no olvidemos, es injusticia. Una sociedad libre y democrática está obligada a luchar por eliminar la desigualdad. Si los demócratas no entendemos esto, dejamos el camino abierto a las mentes totalitarias para que justifiquen su anti-política en esa desigualdad y la necesidad de su superación. Las puertas se abren entonces para las mayores atrocidades. Lo estamos viviendo.

Cuando las clases medias y altas clamaban por HCh como una vía para “liberarse” de la política, los partidos y los políticos, los pobres clamaban por un “salvador”, ¿no fue así? Ambos se equivocaron a la vez por razones distintas. Los ricos, porque el militar les resultó respondón y los pobres porque jamás se logrará la superación de la pobreza con el regalo y la dádiva, sino con el trabajo, la educación y el esfuerzo individual y colectivo. Cuando la pesadilla castro-chavista se supere por absurda e insostenible y, eso sí, gracias a una oposición política unida y democrática, recordemos que si la democracia va a ser buena para uno, debe serlo para todos. Fin de la serie. Próxima serie: “Venezuela: Economía de la Compasión”.

http://eltiempo.com.ve/opinion/columnistas/democracia-para-uno-democracia-para-todos/152252

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