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03.08.2014 05:10 AM

Mguel Aponte

Desde Caracas.– La política hoy es una droga: quiere seguidores acríticos que se dejen representar, que acepten delegar, que aplaudan sin cuestionar. ¿No es así amigos del Psuv? Nosotros sostenemos que la democracia representativa, como la conocemos, debe ser cuestionada sin complejos, porque conduce a la propia negación de la democracia. Son tesis antipáticas, pero con amigos en todas partes. No vemos por qué no hablarlas claramente. Planteemos la pregunta que inicia la discusión: ¿estamos condenados como sociedad a elegir entre una pésima democracia y el autoritarismo social?

Nos parece que cualquier intento comienza por recusar las significaciones con las que adjetivamos la democracia pues en realidad son máscaras con las cuales escondemos la falta de democracia. Nos referimos a las ideas de “democracia representativa”, por un lado; y de “democracia participativa y protagónica”, por el otro. La primera, como la considera la “democracia liberal” y la segunda, como gusta verse el llamado “socialismo del siglo XXI”. Vayamos sobre esta polémica, sin esperar agotar el tema y menos enunciar soluciones fáciles.

El problema de la democracia representativa no es realmente suyo, sino de quienes la defienden. Paradoja total, ¿no? Éstos han decidido que aquella es un “modelo perfecto”, después de lo cual, ¿para qué mejorarla? Creen que así honran a sus padres intelectuales: aquellos que pensaron desde el SXVII los grandes conceptos de la filosofía política moderna, aún dominante. ¿Es conformismo? ¿Flojera intelectual? ¿Otro ejemplo fracasado de la “razón absoluta”? Suponen que si el cuerpo teórico liberal es insuperable, entonces es incuestionable y suponen algo peor: que quien cuestione no es demócrata, es su enemigo: grave error porque, primero, ¿de dónde sacan la idea de que la “democracia representativa” es perfecta? Y, segundo, ¿cómo corregir sin cuestionar? No fue eso lo que legaron los grandes representantes de este pensamiento, quienes supieron siempre que la “representación” y el “Estado” eran problemas muy grandes. Constant, Rousseau, Locke, Smith, etc. Si buscamos, encontraremos la inconformidad de todos frente a las soluciones que ellos mismos propusieron y ninguna complacencia. Así es como ni siquiera hemos sido capaces de mejorar la democracia representativa, y ¿por qué? Pues porque no la cuestionamos. Así de simple.

En todas las discusiones sobre el tema, gente competente y honesta se cancela cuando proponemos que la idea de representatividad mata al cuerpo político de la sociedad y abre la puerta a los autoritarismos. No quieren, no pueden criticar su propia institución: la mentalidad religiosa en política es una desgracia que hará siempre fracasar el proyecto que se defiende, pues si no queremos ver la sin-razón de nuestra posición, la realidad se encargará de hacerlo. Entonces, a quien duda se le acusa de marxista, comunista o, peor, de chavista. Da risa, pero es trágico. Por lo tanto, hay que insistir. Ahora bien, ¿por qué decimos que la representatividad es anti-democrática? Es necesario ahondar en esto. Continuará.

TAGS: Las profesiones imposibles

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