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A la democracia hay que defenderla sola, por ella misma, porque es
la única manera de poner las cosas en su lugar. Una democracia mediatizada por la ideología es autoengaño.

Miguel Aponte

Para salvar la democracia hay que des-ideologizarla, es necesario verla en forma independiente y autónoma; y especialmente separada de las ideologías dominantes: el liberalismo y el marxismo. Desde una perspectiva individual la democracia es un modo de ser, actitud, que apunta al ejercicio de la libertad como elemento esencial del ser humano que realizando actos libres responde por ellos y hace aparecer la ética. La democracia, como expresión colectiva, es la universalización de la política cuyo propósito es la constitución explícita de la sociedad como tal, de sus instituciones. La democracia no es solo consigna o procedimiento. La secuencia es la siguiente: la democracia requiere la libertad que requiere la política que crea instituciones y hace ser la sociedad democrática, por tanto, libre. Hoy en día la democracia es usada como comodín, ¿que ideología la negaría? Ninguna. Pero en la práctica, ¿qué ideología la respeta? Ninguna; tanto el liberalismo como el marxismo la han confiscado, la usan a su conveniencia y la traicionan.

María Zambrano, filósofa española, 1904-1991, espíritu democrático y libre como el que más, ayuda a entender esta problemática en su libro “Persona y democracia”, 2004, Ediciones Siruela. Si tuviéramos que condensarlo en pocas frases, tomaríamos tres: 1°) la verdadera tesis de la historia de occidente es el hombre; 2°) la humanización de la sociedad es la democracia; y, 3°) la gran novedad del orden democrático es que ha de ser creado entre todos. El recorrido que realiza la filósofa es fascinante de arribabajo. Se trata de un libro que toda persona debería leer.

La historia, dice Zambrano, “no es asunto lógico, simplemente porque (ella) tiene su lógica” y ésta no se reduce al “pensamiento racionalista”. Para esta autora, “la sociedad es el lugar del hombre” y por eso se pregunta: ¿por qué ha terminado resultando imposible para el liberalismo y el marxismo entender que para el hombre lo “natural” es la sociedad? ¿Por qué ese empeño en querer endiosar la noción de individuo por encima de la sociedad o viceversa? Su respuesta es sorprendente: les aterra visualizar el futuro y por eso tanto el liberal como el marxista conciben el futuro siempre refiriéndose al pasado: identificándolo con “conceptos petrificados” o con una “edad de oro”: el “individuo”, para el liberalismo; o el “comunismo primitivo”, para el marxismo. ¿Qué le parece? Piénselo.

A la democracia hay que defenderla sola, por ella misma, porque es la única manera de poner las cosas en su lugar. Una democracia mediatizada por la ideología es autoengaño, aunque la motive la mejor buena fe, y será peor si lo que la guía es la “fe”. La democracia exige una “cabeza bien puesta”, requiere estar alertas al cuidado y el trabajo de la libertad y a su derivado inmediato: la necesidad de pedir y dar cuenta de la acción individual y colectiva. No acepta etiquetas ni adjetivos. Que no sea algo fácil no autoriza a disminuirla porque el peligro siempre será perder nuestro más grande bien: la libertad.

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