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Diario El Tiempo de Puerto La Cruz, Venezuela
01.06.2014 05:01 AM 

Por Miguel Aponte

Desde Caracas.- Creemos que la democracia define el régimen de la libertad y la modernidad. Es, en efecto, el sistema donde reina la opinión y jamás una “ciencia” segura, que es imposible. Este primer detalle implica que la creencia “moderna” en los expertos de lo universal, expertos de la política, aquellos que sabrían dictar “siempre” qué debe hacer la comunidad, no existen. Son un invento interesado para crear un mercado muy rentable y también por aquellos poseídos por su compulsión de dominio, amantes del poder por el poder mismo.

Así pues, la opinión que reivindicamos como democrática es la de la comunidad política. La comunidad política es el colectivo anónimo: usted y yo, todos quienes conformamos un imaginario común y un “somos.” Terminamos articulados en un valor que llamamos “Venezuela.” Una significación que trasciende nuestra condición individual, que da sentido a esa comunidad que dice “somos venezolanos“, porque allí queremos a nuestros hijos y su descendencia; lo que nos conecta con un futuro deseado. Nadie lea angelismo o intención romántica en esto. Allí están los estudiantes para recordarnos  a qué nos referirnos: se trata de amar la libertad y defenderla con la acción.

Ahora bien, si la democracia es ese territorio de la opinión libre de la comunidad política en acción, no puede ser “sólo elecciones”. La educación democrática tiene que consistir en instituciones creadoras y promotoras del intercambio crítico y la participación directa de todos los ciudadanos en los diversos niveles del poder y las decisiones que les conciernen, en todos los asuntos relevantes que les afectan. La respuesta que en general nos devuelven siempre que se plantea este desafío, es falsa cuando no acomplejada o mal intencionada: (1) que la gente no sabrá; y, (2) que es imposible que todo mundo haga todo porque las sociedades modernas son demasiado numerosas y complejas; son las más relevantes. ¿Qué responder a esto? Apartemos primero la mala intención porque cuando aparece un interlocutor antidemocrático esta conversación pierde sentido. A los enemigos de la democracia hay que enfrentarlos, pero esa es otra agenda y hoy hablamos de “qué hacer” entre demócratas para lograr que la democracia merezca ese nombre.

Entonces, regresemos a las objeciones. ¿Qué responder? 1°) que si todas las personas comunes sabemos cómo gobernar nuestra vida, entonces, ¿por qué no íbamos a saber participar en los asuntos públicos que afectan ese gobierno? Y, 2°) que no se trata de que todos hagamos todo, se puede priorizar; es precisamente porque la sociedad es compleja que hay que “escalar.” El chavismo ha mostrado ya de qué material está hecho: es pura mediocridad, autoritarismo reempacado, indigencia teórica e impotencia política. Es hora de que el país abra la discusión buscando un gran consenso de emergencia democrática. ¿Por qué? Porque la democracia es el único régimen político que nos garantiza a la vez el ejercicio de la libertad y el acceso a los verdaderos valores de la modernidad. El tema continuará.

TAGS: Las profesiones imposibles

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