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Toda institución, toda sociedad, está sembrada de “caducidad originaria -que finalmente equivale a decir que ninguna institución puede investir totalmente de sentido todo lo que está ahí, que necesariamente el sinsentido surge del exterior o del interior- trabaja entonces desde el interior de la institución, y condiciona de manera extrínseca, por así decir, su historicidad”.

Cornelius Castoriadis, Sujeto y verdad en el mundo histórico-social, 2004, FCE, México, p. 211

Edward Binkley Vía www.CulturaInquieta.com

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