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Frente al “discurso político” del chavismo estamos ante verrugas,
descomposición total de las significaciones y valores que alguna vez justificó.

Diario El Tiempo de Puerto La Cruz, Venezuela
30.03.2014 05:30 AM

Por Miguel Aponte

Desde Caracas.- El SSXXI es una mezcla desesperada de teorías fragmentadas, citas y anécdotas históricas y religiosas, que combina sin requisitos cualquier frase de Bolívar con Cristianismo, Santería, Sai Baba, Marxismo y más. Y decimos esto con el debido respeto a todas las religiones; en cuanto al marxismo, ¿cuándo entenderán que no se trata simplemente de hacer gárgaras con él? Todo mal leído y peor interpretado. Oportunismo e incoherencia total. Es tan grave su situación que ni siquiera expresa una crisis -recordemos: krisis es una amenaza que esconde una oportunidad-.

Frente al “discurso político” del chavismo estamos ante verrugas, descomposición total de las significaciones y valores que alguna vez justificó. Para colmo, llegó el “madurismo” y con él, la implosión ya irrecuperable. Lo que quedó es: a los burócratas de arriba, aferrarse al poder, pura ideología de la violencia; ¿y a sus seguidores de buena fe? Nada, o algo peor. Veamos. Se trata de un régimen de explotación y opresión, que reúne lo peor de todos los escenarios: privatización absoluta de todos los medios de producción en manos de un “grupete” privilegiado; y la eliminación de los derechos económicos, civiles y democráticos más elementales para el resto de los mortales. ¿Quién puede creer que se superará la propiedad privada en un régimen así? Al contrario, existe y goza de excelente salud y quienes la detentan son los burócratas. ¿Y la división de clases? Pues también amigo chavista: compárese usted con un burócrata y verá. Es el destino de todo autoritarismo. Los ejemplos sobran y esta experiencia de nueva no tiene nada.

En la realidad, el SSXXI terminó en la exageración de todo lo peor del capitalismo. No puede democratizar la propiedad porque centraliza todo el poder y no comulga con la democracia política porque desde su núcleo autoritario está obligado a matarla. Aquellos que de buena fe apostaron a una superación de la desigualdad, la explotación, la alienación y otros caros ideales, pueden ir despertando de su sueño y encarar la pesadilla. La muerte de la democracia que para algunos revolucionarios -con sospechosa ingenuidad- era algo secundario puesto que el “socialismo económico” traería una “libertad insuperable“, pasó sus facturas. Son dos: burócratas millonarios en el poder; y para el resto, pobreza material y espiritual para siempre; todo tal como vociferan con impune sinverguenzura los ministros de Educación y de Alimentación.

El arraigo en las masas quedó reducido al fantasma de un líder histórico secuestrado por una burocracia incompetente, que traiciona a sus seguidores y encubre su falta de ideas con el endiosamiento religioso del “líder máximo.” En estas condiciones, incluso teniendo éxito se fracasa. ¿Cómo darle forma a un proyecto sin proyecto? ¿Cómo originar un proyecto si allí nadie está pensando y no se admiten ni los errores ni la crítica? ¿Para qué la crítica si nada se corregirá? La coherencia cuesta, cierto, pero la incoherencia se paga y el precio es la desaparición.

http://eltiempo.com.ve/opinion/columnistas/el-ssxxi-el-precio-de-la-incoherencia/132645

 

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