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Por Miguel Aponte

 

Venezuela posee dos récords a la vez notables y paradójicos: la mayor inflación y el menor precio de la gasolina, ambos a nivel mundial. Tomemos un par de ejemplos para comparar. Noruega, importante productor, vende su gasolina a un precio interno de $2.86 por litro mientras su inflación es del 2,5% anual. Ese mismo litro se vende en Venezuela aproximadamente a $0.01 mientras la inflación “oficial” fue de 56,2% en 2013. Así pues, allá la gasolina es 187 veces más cara y, a pesar de esto, la inflación es 22 veces más baja. ¿Hará falta añadir que el PIB por habitante es diez veces mayor allá y que aquel es un país altamente desarrollado mientras Venezuela…? En fin, mejor sigamos. En Colombia, para que no se nos critique por ir tan lejos, país cuya producción viene de menos a más, la gasolina se vende a $1.83 y es 120 veces más cara que en Venezuela. Sin embargo, su inflación anual es de 2,27%, es decir, casi 25 veces más baja.

 

¿Cómo entender esto? ¿No es completamente absurdo? Si se posee los costos de energía más bajos del mundo, ¿no cabría esperar, al menos, una igualmente baja inflación?, ¿cómo explicar la inflación más alta del hemisferio? Pero espere que hay más, como canta una pésima publicidad televisiva, porque resulta que en Venezuela hay, además, control de precios y de cambios.  La especulación, como excusa del gobierno, es a la vez ridícula e intragable y no resiste el más mínimo análisis: ¿cuántos especuladores -100, 1.000, 10.000- hacen falta para torcer toda una economía? La especulación es consecuencia y no puede jamás ser la causa pues ella misma no puede emerger sin las condiciones que sólo un gobierno puede generar y en Venezuela todas las condiciones (leyó bien, “todas”) han sido puestas por este gobierno.

 

El asombro aumenta cuando nos percatamos de que el mismo gobierno que nos ha traído hasta aquí ha gozado de los años de mayor ingreso de toda la historia del país: más de un millón de millones de dólares (leyó bien). Ingreso astronómico difícil de imaginar. Para formarnos una idea de esa cifra digamos que es superior varias veces a aquella que requirió el Plan Marshall para reconstruir Europa después de la segunda guerra mundial (leyó bien, “varias veces”). Allá reconstruyeron Europa, mientras aquí ni siquiera La Guaira han rehabilitado. Descártese también pues la tesis de la falta de recursos.

 

El gobierno venezolano pretende ahora convencer al país de la necesidad de aumentar el precio de la gasolina. Una decisión que lo obligará a seguir rompiendo sus propios récords mundiales de inflación, en medio de la mayor escasez y desorden económico que jamás haya sufrido la nación. ¿Quién ganará con esa medida? Pues sepa que el único beneficiado será el propio gobierno, que correrá la arruga de un déficit cuya irresponsabilidad ha creado y que, atención, no se resolverá, simplemente porque su origen está en otra parte, análisis que por espacio es imposible ampliar aquí y que tratamos hoy en www.economiapoliticaehucv.wordpress.com , para quien desee trabajar con más detalle el tema.

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