Etiquetas

,

¿Tiene sentido creer que el individuo sólo debe dedicarse a lo “suyo”
y considerar que la política es una molestia evitable?

Por Miguel Aponte

La democracia es el régimen de la reflexión y la deliberación colectiva. Rousseau había dicho que “tan pronto como el servicio público deja de ser la principal ocupación de los ciudadanos, y éstos prefieren prestar su bolsa a prestar su persona, el Estado está ya próximo a la ruina.” También dijo “cuando alguien dice, de los asuntos del Estado: ¿qué me importa?, debe darse por descontado que el Estado está perdido.”

Algo importante se ha perdido en nuestra modernidad tardía y es la idea de que de los asuntos públicos debemos ocuparnos todos. Si no lo hacemos, alguien vendrá “para siempre” a hacerlo por nosotros. Y, preguntamos, ¿no es eso en lo que se ha convertido la sociedad contemporánea, incluso en las llamadas sociedades liberales, siendo aún peor en las sociedades igualitarias y populistas? Hay mucho que discutir en este territorio de la política “democrática” contemporánea, ¿alguien duda de que cada vez las decisiones estén más lejos de los ciudadanos?

El caso venezolano es emblemático en este sentido: ¿qué son las leyes habilitantes? Meras autorizaciones para que el déspota de turno gobierne por encima de todos y de las instituciones que, por lo tanto, no existen sino en el papel y en el presupuesto. Cuatro leyes habilitantes se aprobaron a Chávez y ahora otra a Maduro. ¿Es esto democracia? ¿No es curioso que la aspiración liberal de delegar la política termine cristalizando precisamente en un régimen antidemocrático? ¿No debería dar esto qué pensar?

Los padres de la filosofía política clásica nunca ignoraron este problema. Ninguno se engañó respecto al peligro de ese leviatán –dragón marino– que era el Estado. Consideraron que había una “comunidad política” que cuidar y que hace sentido. No es ocioso citar a estos autores. Queremos insistir en su inspiración democrática genuina y para nada ingenua. Por el contrario, han sido sus seguidores, tanto marxistas como liberales, quienes por razones que deben discutirse han empobrecido la tradición democrática.

Fue igualmente Rousseau quien dijo preferir una libertad peligrosa a una esclavitud tranquila. No son simples palabras efectistas. La libertad no es un estado que se alcance para siempre y que permita que uno se retire, sino un régimen que nos exige y que debemos cuidar no solamente por amor a la libertad individual sino también por amor a la comunidad, sin la cual no es posible “ser” individuo ni realizar nuestras vidas. Otro gran autor, Cornelius Castoriadis, decía en este sentido: serás libre o estarás tranquilo: no podrás tener ambas cosas. De esto se trata la libertad y la democracia.

¿Tiene sentido creer que los individuos sólo deben dedicarse a lo “suyo” y considerar que la política es una molestia evitable que, por tanto, debe dejarse en manos de otros mientras garanticen unos supuestos derechos a ese individuo?

http://eltiempo.com.ve/opinion/columnistas/que-es-la-democracia/117562

Anuncios