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En la antigüedad jamás se habría aceptado la idea de que algún profesional o especialista resolvería los asuntos comunes, simplemente porque esto era considerado imposible

Por Miguel Ángel Aponte

Desde Caracas.- Nuestra modernidad está llena de mitos. Es paradójico puesto que nunca antes la ciencia había hecho suyos los territorios de casi todo: la naturaleza, la sociedad, la psique. Pensamos ingenuamente que donde la ciencia entra,  el mito es eliminado. Sin embargo, en esta creencia consiste justamente la mitología moderna. Y sus consecuencias son múltiples.

Por ejemplo, creemos que todos los ámbitos pueden entenderse y “administrarse” a partir de un conocimiento “profesional”. Los profesionales serían personas aparentemente preparadas para brindar las respuestas de casi cualquier cosa: “especialistas”. La mayor sorpresa surge cuando constatamos que la omnipotencia de la ciencia y de tales personajes es falsa, sobre todo cuando se trata de la historia, la política y la sociedad, cuando se trata del ser humano y sus obras.

La verdad es que un saber seguro ha sido un anhelo eterno del ser humano. Se buscó primero en los mitos, luego en la filosofía y su hija predilecta, la ciencia, y se busca en la religión. El hombre parece necesitar algo firme y seguro –que no cambie– para sentir el sosiego de que las cosas puedan tener y conservar el sentido. Por eso, desde la misma antigüedad ya Platón postulaba que la política era ese saber seguro. Por eso sostuvo la idea del filósofo-gobernante: uno que “sabría” de verdad lo que le conviene a la polis, la ciudad, y que todos deberían obedecer.

En Grecia, sin embargo, hasta el siglo V adeC, se creyó lo contrario: que la política no era asunto de “saber seguro”, sino materia colectiva, asunto de la opinión, que llamaban doxa para distinguirla expresamente de los asuntos de la naturaleza. Siendo así, se sometía al escrutinio de la polis, tenía que discutirse, reflexionarse colectivamente, no había otra forma. Gracias a esta perspectiva, los griegos inventaron la democracia, creación central de nuestra cultura. Por eso entendemos la democracia como el régimen de la reflexión colectiva. En la antigüedad jamás se habría aceptado la idea de que algún profesional o especialista resolvería los asuntos comunes, simplemente porque esto era considerado de entrada imposible.

Debemos oponer el mito moderno de una sociedad de “especialistas” con la idea antigua de democracia. ¿Tiene sentido una sociedad de individuos que se ocupan solamente de sí mismos mientras otros, los políticos profesionales, se ocupan de los asuntos públicos? La política existe, claro, pero ¿es correcto que se encuentre solamente en algunos elegidos? ¿La representación mal entendida y que se hace ajena a la colectividad no terminará siempre en populismo y totalitarismo? ¿No deberíamos devolver a la democracia su esencia original y regresar a la comunidad la capacidad de reflexionar y deliberar los asuntos públicos? ¿No es la política de “especialistas” un oficio realmente imposible?

http://eltiempo.com.ve/opinion/columnistas/mitos-de-la-democracia/116749

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