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Miguel Aponte

Cómo podemos estar seguros de que tantos grandes filósofos, desde Descartes y Leibniz, hasta Kant –que mencionamos a propósito de su gran obra “La crítica de la razón pura”– pudieron haber ignorado o desconocido lo que hoy parece “evidente”: que en la realidad no todo es racional ni puede serlo. Que hay indeterminación. Que el ser en su fondo es caos.

Albin Brunovsky Feverish inactivity

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Todo el proyecto racionalista tuvo siempre un sólo propósito: concebir la totalidad de la realidad, sin residuos, a partir de postulados lógico-matemático-racionales, constituyéndose en una verdadera “logocracia”. El logos y la razón darían cuenta de todo, incluido obviamente lo humano y su sociedad. Nos parece apropiado, a propósito de esta discusión, citar más en extenso el “Estudio preliminar”, escrito por Mario Caimi –traductor de la obra e investigador de la filosofía kantiana–, que se encuentra en la “Crítica de la razón pura”, en su edición bilingüe del FCE, 2009, México. Veamos algunos párrafos. Dice Caimi:

«El libro lleva cifrado en el título su contenido. Se trata de un examen crítico de la razón, para establecer si acaso ésta, sin apoyarse en otra cosa que no sea ella misma, puede alcanzar un conocimiento que sea digno de ese nombre».

(…)

«…para quienes seguían las enseñanzas de Leibniz y Wolff, la razón era un instrumentos de conocimiento tan perfecto y autárquico, que bastaba con aplicar cuidadosamente las reglas de su uso, para alcanzar todos los conocimientos posibles. Descartes había mostrado que las ideas claras y distintas, eran verdaderas; ahora bien, las ideas simples no pueden contener ni oscuridad ni confusión de sus elementos (pues no los tienen), de manera que son necesariamente claras y distintas, y por tanto, verdaderas».

(…)

«Por eso, si se lograse hacer un catálogo completo de las ideas simples, todos los problemas filosóficos podrían resolverse mediante un cálculo similar al del álgebra. El cálculo lógico, que se identificaba con el matemático, era suficiente para resolver cualquier problema que pudiera interesar al espíritu científico. La intuición intelectual y la deducción a partir de axiomas, definiciones y principios parecían ser todo lo que se necesitaba para alcanzar un conocimiento exhaustivo y cierto del universo. Si acaso había algunas verdades que sólo podían conocerse por experiencia y no por razonamiento puro, ello se debía más bien a la estrechez y finitud del espíritu humano, que a limitaciones de la razón misma. Esto era la razón pura». Pág. XVI.

Primero, parece que debe quedar claro lo que el racionalismo, cuando es consistente, busca: se trata de conocimiento absoluto.

Segundo, ese conocimiento absoluto está basado exclusivamente en la razón.

Ahora bien, es razonable que leído hoy no nos parezca tan obvio todo este postulado. Estamos en el siglo XXI, después del desastre del siglo XX. La intuición misma nos sugiere que la razón no puede ser todo. Pero no pensemos que esto es o tiene que ser muy obvio. Preguntamos, ¿cuándo el ser humano ha sido en realidad sensato? ¿y qué es ser sensato fuera de las significaciones dominantes en cada época? Estos filósofos y científicos estaban superando la Edad Media y sus significaciones centrales, que hemos comentado. ¿Acaso era más sensato creer en dios o dioses, y en libros sagrados, como se hizo en la Edad Media? Seguimos muchos de nosotros creyendo en dios, entonces, preguntamos, ¿creer en nuestro dios es más sensato que creer en la razón? ¿Sí? ¿Por qué? ¿Qué iremos a decir de los dioses de los otros?

Vamos por más ejemplos. La inquisición se practicó con la anuencia de toda la sociedad. Ricos y pobres denunciaban “brujas” que luego se metían en la hoguera. ¿Tenía sentido y sensatez hacer eso? Los esclavos de África fueron comerciados con la anuencia de la Iglesia Católica, los reyes y gobiernos, también de los marineros que los sometían en las galeras; los esclavos se consideraban “inferiores”. Peor aún, muchos reyes africanos vendían a sus propios súbditos ¿Era sensato? En el siglo XX fue sensato para los alemanes eliminar judíos, para ser breves. ¿Tenía sentido? Luego vino el Gulag, ¿podemos decir que fue una creación con sentido y sensata?

En los Estados Unidos de Norteamérica hubo esclavitud hasta 1876 y la gente se mató para defender esa institución: hubo una guerra. ¿Tenía sentido? ¿Tenía sentido que las mujeres no tuvieran derecho al voto por ser seres inferiores? Sabemos que ese derecho se otorgó apenas hace unas decenas de años, después de la segunda guerra mundial; y hablamos de países muy “civilizados”. ¿Qué sentido tenía? En tiempos de Freud se consideraba que las mujeres con histeria inventaban la enfermedad ¿era eso muy científico? El capitalismo se basa en el absurdo de que lo único que da sentido a una vida humana y la sociedad es la producción, el consumo y el gesto eficaz, ¿esto es sensato?

Así, amigos, que si ahora nos parece tonto haber creído absolutamente en la razón es porque continuamos atrapados en las mismas ideas y prejuicios de base que subyacen aquella creencia. ¿Cuál? Pues que nuestras propias evidencias son las correctas.

Entonces, ¿por qué no podemos ver cómo esas representaciones o instituciones que llamamos “significaciones imaginarias sociales” dominan el pensamiento y, por tanto, la acción de los seres humanos? Bien, parte del problema es “precisamente” racional: creemos que lo que tiene que ver con la psique, la imaginación y la creación es o reflejo de la realidad o carencia de objeto o una invocación a dios. Lo confundimos con “idealismo” o “idealidad” con efecto nulo. Ahora bien, ¿niega la psique la presencia de condiciones objetivas, económicas o de cualquier otro tipo? Por supuesto que no. Hay condiciones  y causas e incluso determinaciones, pero estas son y serán siempre insuficientes y jamás “determinantes”. Aristóteles nos enseñó en pensar en las causas concomitantes y otras, ¿recuerdan? ¿Entonces?

Pero, ¿por qué iba a ser idealismo concebir una idea y luego llevarla a cabo? ¿Es que acaso es posible hacer algo sin antes pensarlo o imaginarlo? ¿Qué es un plan? ¿Algo que existe en la realidad o que está en la mente antes? Ahora, ¿vamos a negar eso por el hecho obvio que tal plan tendrá algún apuntalamiento racional? ¿Dónde están las revoluciones antes de hacerse reales? Entonces, ¿Por qué negar la psique? Nuestra respuesta es que es parte de lo real, pues, lo que está en la psique es parte de esa realidad. Eso sí, se trata de una realidad que no calza con la lógica aristotélica formal. Una realidad que es creación porque es “precisamente” creación de sentido. Es en este sentido, análogo a lo histórico-social. La historia o es creación o es repetición o réplica de alguna ley, pero, si es así, ¿cómo habría creación? ¿Cómo habría historia?

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