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Hay que comenzar diciendo que el mundo ya no será el mismo después de Marx. La  importancia de sus realizaciones ha marcado a la sociedad para siempre. Hay que comenzar también recordando que Marx es un hombre de su época y de eso no solamente se sentía orgulloso sino que se reía de quienes pretendían otra cosa, cuando se burlaba de los teóricos burgueses para los que decía que “para ellos hubo historia, pero ya no la hay”.

Marx es heredero de Hegel y cuando escribe encuentra la filosofía postrada ante el idealismo racionalista de este: el Ser es el despliegue del espíritu en la historia, queriendo decir que primero se aliena y luego regresa; entonces el sistema hegeliano iba a ser la elaboración teórica que reintegraba teoría y realidad, pensamiento y realidad. Y, como esa realidad es “práctica histórica”, entonces reintegraba espíritu e historia.

Pero Marx, correctamente, observó que la teoría hegeliana se mistificaba y terminaba convertida en solución “ficticia a problemas reales”. Y entonces propone un giro fundamental y, en sus palabras, toma la dialéctica hegeliana como método y la “para sobre sus pies”: la dialéctica va a mediar para que lo pensado –la teoría– se reintegre a la “praxis”, ¿cómo? A través de la “historia concreta”.

Hay grandes peligros en toda esta reflexión hegeliana que Marx asume, esa misteriosa vuelta a la unidad que va a atormentar a todo el pensamiento occidental, regreso a lo uno, a lo homogéneo, atención, que es platónica y cristiana también. Pero también su postura encierra una realización fundamental: la idea de que se puede trabajar sobre lo real “superando la teoría realizándola”, la acción humana como capacidad de intervención en su propia historia. Eso es la idea de “praxis”, que también está allí.

Justin Novak Via www.culturainquieta.com, @culturainquieta

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Entonces Marx quiere una filosofía que supere a la filosofía realizándola –y, obviamente, que supere a toda teología–. Es la idea de “praxis”. Poderosa, fértil, prometedora y difícil. Éste es el Marx no petrificado, el Marx no momificado. El Marx que propone transformar el mundo, que el hombre sea dueño de su historia.

Aquí Marx no quiere ni está buscando una teoría como “sistema final” determinado y que diga todo lo que debe hacerse. A la vez, obviamente, tampoco quiere disolverse en lo indeterminado. Es un Marx que está entre los dos extremos y en ninguno de ellos: es un Marx de tradición griega, diríamos nosotros, abusando de las extrapolaciones.

¿Por qué? Porque no quiere ni busca conocimiento absoluto y heterónomo; y, tampoco cae en la desesperación del caos y de lo indeterminado. Busca pensar sabiendo que no se puede pensar todo y para siempre, pero que aún así se puede y se debe pensar.

Intenta superar el problema hegeliano del “fin de la filosofía”, siempre de moda, pero que Hegel había llevado a una posición límite y refuta a Hegel diciéndole: que la historia sea pensable no significa que todo estuviese ya pensado. Pensar todo era un objetivo muy caro a Hegel, recordemos: todo lo real es racional y todo lo racional es real.

¿Y entonces de qué se trata? Pues de la “praxis”: pensar el desarrollo progresivo que se da en la historia que es obra humana y que por eso es “pensable”. La praxis es un hacer que se va pensando mientras se hace: criar un hijo, ejercer la autonomía, pensar incluso, son ejemplos, también transformar la realidad. Es desarrollo progresivo, que anula todo pensamiento cerrado, pero no anula al pensamiento. Es “pensamiento vivo”.

Estamos en un límite peligroso. Marx quiere superar a Hegel, pero está en el precipicio: si mantiene la postura de la “praxis” no va a poder cerrar su teoría, jamás podrá postular leyes históricas ni materialismo histórico; por otro lado, si adhiere la postura “científica” de la época va a tener que intentar otra teoría, otro sistema explicativo total. Conocemos la historia, Marx optó por esta segunda opción. Era un hombre de su época y ésta estaba marcada por el positivismo.

Para terminar con Hegel recordemos que éste postuló el  “absoluto-sujeto”: cuando el sujeto es absoluto se funde con el objeto, con el mundo, con la realidad, ha superado toda alienación y entonces, por fin, “es”. Marx entonces postula su “hombre total”, “hombre comunista”, que será ese que se funde en la praxis histórica: “el absoluto-sujeto de Hegel ha descendido de su pedestal y camina sobre la tierra”, dirá Castoriadis.

Marx así traiciona sus postulados originales porque apela, otra vez, a la sustancia y la homogeneidad que es el núcleo de las concepciones racionalistas y deterministas; y esto nada tiene que ver con la realidad, no es fundir pensamiento y realidad, sino otra vez conceptos y racionalizaciones. Una oportunidad perdida.

Ahora, si tenemos un hombre sustancia, un hombre-meta, definible y definitivo en términos positivos, que la historia debe buscar y que es el “hombre-comunista”, “hombre-bueno”, “hombre-correcto”, hombre ideal, en fin, entonces de lo que se trata es de articular la teoría y las leyes necesarias para su aparición: teoría y leyes que, en realidad, deben “descubrirse” porque son inmanentes a la historia y tienen la fuerza de leyes “naturales”: Marx es el trofeo más preciado del positivismo occidental.

El mal está hecho y el marxismo naciente firma su propia carta de defunción. Termina elaborándose en dirección opuesta a la fértil idea de “praxis” y termina transformado en “objetivismo cientista completado por una filosofía racionalista”.

¿Dónde quedó el movimiento real que superará el estado de cosas existentes? Ya no está, ni puede estar. Notemos nosotros que al postrarse al altar positivista, Marx pierde nuevamente la pista de la captación trágica del mundo: no hay más libertad, no hay capacidad transformadora real del hombre, no cabe la creación; entonces, tampoco cabe una ética que es imposible sin la hipótesis de libertad. La vida humana individual y social será solamente el cumplimiento de las leyes de la historia que promulga un saber: el materialismo histórico. Punto. Cualquier cosa que se aleje de ésta dialéctica no puede ser más que “astucia de la razón”, recordemos la famosa frase de Hegel.

A la vez, están dictadas las consecuencias para el pensamiento marxista y serán devastadoras: si se trata de hacer lo “correcto” a la luz de una teoría imbatible, la pregunta de rigor es ¿quién dicta el camino? ¿quién interpreta la teoría? ¿cómo llegar al destino histórico de la manera más rápida y eficaz? Y recuerda uno los avatares de la revelación, ¿quién está investido del Saber?

Así, desaparece la praxis y aparece otra cosa, ¿en qué se diferencia esta otra cosa de la técnica, en qué se distingue de un mero problema técnico? Respuesta: en nada. Habrá lagunas de conocimiento aquí y allá, incertidumbre de información, trabajo… de esto se trata. No son problemas de principio, son problemas de grado. Entonces, a partir de este momento, el marxismo ha muerto por obra de la cultura tradicional que sobrevive al y en el movimiento revolucionario.

Tenemos entonces un marxismo que es ideología de la burocracia y ya no teoría revolucionaria. Como tal, a continuación, cualquier intento de crítica, corrección, etc, es “revisionismo burgués” y en efecto lo será a veces; pero lo que no lo sea será igualmente condenado por la ortodoxia a la que convendrá ver siempre “traidores” cada vez que aparezca la crítica y el verdadero pensamiento. Para Castoriadis el marxismo participa de la cultura capitalista y esto lo hace simplemente inservible: “Esto vale absolutamente para el marxismo  tomado como sistema, como todo”.

Las preguntas más inquietantes las realiza el propio Castoriadis: para transformar hay que comprender, y, si la teoría marxista en su giro positivista ya no comprende, ¿cómo va a transformar la sociedad en el sentido que ella misma desea? ¿cómo seguir siendo marxista si se quiere seguir siendo revolucionario?

Bibliografía consultada:

ES1983A La institución imaginaria de la sociedad. Primera parte: Marxismo y teoría revolucionaria. Tusquets Editores, 2010. 576pp. Buenos Aires.

ES2006B ¿Por qué ya no soy marxista? (1974) http://books.google.co.ve/books?id=F3C5ZaKeTTUC&pg=PA33&lpg=PA33&dq=%C2%BFpor+qu%C3%A9+ya+no+soy++marxista?+castoriadis&source=bl&ots=q9SabJF_U1&sig=YM80mhznhkd6T65G5epQcNaBID0&hl=es#v=onepage&q=%C2%BFpor%20qu%C3%A9%20ya%20no%20soy%20%20marxista%3F%20castoriadis&f=false

Sesión de SICA 1 del día 4 de noviembre de 2009, bajo el titulo: La sociedad como creación y la noción de obra institucional: http://vimeo.com/channels/formacionenalteridad#35193279

ES1991A El desmoronamiento del marxismo-leninismo. Revista Punto de Vista, Buenos Aires. Título original: “Marxismo-leninismo: la pulverización”. Incluido en ES1997A . La pulverización del marxismo-leninismo. http://www.google.co.ve/url?sa=t&rct=j&q=&esrc=s&source=web&cd=10&sqi=2&ved=0CGcQFjAJ&url=http%3A%2F%2Fdownload.tales.com.br%2Fmarxismo%2FMarxismo%2FCornelius%2520Castoriadis%2520-%2520La%2520pulverizaci%25C3%25B3n%2520del%2520marxismo-leninismo.rtf&ei=1YNXUImwBoH30gGVw4GIBA&usg=AFQjCNGb4A_vwujqNTRRKeXPVpsJuUgVIQ&sig2=pjeyHpqnn6qv55SsDE5l4g

ES1979B El papel de la ideología bolchevique en el nacimiento de la burocracia (1964), p. 287: http://www.omegalfa.es/downloadfile.php?file=libros/el-papel-de-la-ideologia-bolchevique-en-la-aparicion-de-la-democracia.doc

Sesión SICA 1 del día  13 de enero de 2010, bajo el titulo La cuestión del movimiento obrero y la crítica del marxismo: luchemos para consumir más: http://dcsh.xoc.uam.mx/psicologiagrupos/Sesion5.html

ES2010b: LA NOCIÓN DE ALTERIDAD EN CORNELIUS CASTORIADIS, Rafael Miranda,  en particular la entrevista a Toni Negri, al final del documento: http://eprints.ucm.es/11034/1/T32189.pdf

Sesión de SICA 1 del día 25de noviembre de 2009, bajo el titulo  La crítica del fenómeno burocrático y la dimensión imaginaria de la sociedad: http://vimeo.com/channels/formacionenalteridad#37295732

Sesión de SICA 1 del día 20 de enero de 2010, bajo el titulo  Castoriadis y el postestructuralismo. En Guía de autoformación de la CICC: http://www.agorainternational.org/cicc.pdf

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