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La Ilustración fue un periodo de cambio histórico profundo: el mundo cambió. Cambian las significaciones dominantes y se busca liberarse del imperio divino en lo mundano. Veamos la posición de tres autores. Ubiquemos tres autores de peso para concluir la evaluación de la Ilustración y dar paso al Positivismo, muy importante para nuestros fines: Amartya Sen, Michel Foucault y Cornelius Castoriadis.

Alastair Magnaldo Vía www.culturainaquieta.com

Alastair Magnaldo Vía http://www.culturainaquieta.com

Para Amartya Sen (India, 1933) La Ilustración registró dos tendencias claramente establecidas: los contractualistas y los comparativistas; y se queja de que “la distinción entre los dos enfoques ha recibido mucha menos atención de la que merece”, pág. 37, ver la bibliografía del tema 3. A los primeros los representa con Thomas Hobbes (1588-1679), John Locke (1632-1704), Juan Jacobo Rousseau (1712-1778) e Inmanuel Kant (1724-1804). Y, modernamente, con John Rawls (1921-2002); mientras a los segundos con Adam Smith (1723-1790), el marqués de Condorcet (1743-1794), Jeremy Bentham (1748-1832), Mary Wollstonecraft (1759-1797), Carlos Marx (1818-1883) y John Stuart Mill (1806-1873), “entre otros”. Un representante del siglo XX sería Kenneth Arrow (USA, 1921).

Los contractualistas se caracterizan –siempre para A. Sen– por pretender una justicia perfecta, querer “esquemas constitucionales justos para la sociedad”. Llama también a esta tendencia “institucionalismo trascendental”, porque busca la perfección y, diríamos nosotros recordando nuestras reflexiones previas, verdades e instituciones absolutas y soberanas para siempre. La  pregunta esencial para ellos es del tipo: ¿Qué serían las instituciones perfectamente justas? Sen afirma que esta es la tendencia dominante aún hoy en día respecto a la filosofía política y a la teoría de la justicia, atención, noten que esta afirmación convalida lo que hemos dicho acerca de que aún vivimos dominados bajo el puño platónico, importante.

Los comparativistas no se plantean las preguntas en clave trascendental, sino que se ocupan del comportamiento real de las realizaciones sociales: comparan. Al comparar realizaciones detectan los avances y retrocesos, lo que permite visualizar los cambios de rumbo y los acuerdos factibles basados en la razón pública, y la discusión “sobre la gradación de las alternativas realizables”, página 49. Se trata de la teoría de la elección social. Sus preguntas son del tipo: ¿Cómo debería promoverse la justicia?

Michel  Foucault (1926-1984) en su libro Sobre la Ilustración, ver bibliografía, reflexiona esta época en un nivel más general y filosófico: revisa a Kant y dice que esa época modificó la relación voluntad-autoridad-razón. La divisa, consigna, de la ilustración es «ten el coraje, la audacia de saber» (Aude sapere). Es un acto de coraje individual y a la vez un proceso colectivo. El individuo es “elemento y agente” del proceso. La ilustración implica la sociedad y la historia y la política. Es un cambio histórico.

Evaluemos la frase «obedeced, no razonéis», propia de los ámbitos militar, religioso y político precedentes a la Ilustración y a Kant. No requiere, obviamente, demasiada elucidación. Lo que se pide está claro, no hay que pensar, basta con cumplir en canon, la ley. Kant la modifica por«obedeced, y podréis razonar cuanto queráis». Se trata del “derecho de pensar como uno quiere, siempre y cuando se obedezca como debe”, pág. 77. Kant sostenía que “la razón debe ser libre en su uso público y sumisa en su uso privado”. Pero esto, añade Foucault, “es lo contrario de lo que ordinariamente se denomina libertad de conciencia”.

Lo que Kant propone a Federico II es: “el uso público y libre de la razón autónoma será la mejor garantía de la obediencia, pero a condición de que el propio principio político al cual hay que obedecer sea conforme a la razón universal”, pág. 79. Bueno, debe ser también claro entender esta propuesta, Kant necesita, otra vez, la razón universal: es, otra vez, esencialismo y unitarismo, racionalismo. Platón, Platón y más Platón: Kant quiere libertad, pero se siente impelido a someterla a una Ley o Razón Universal. La necesidad que es capaz de parir la libertad.

Finalmente, Foucault no quisiera que se vea a la modernidad como a una “época”, sino como germen de una “actitud”, «ethos». No como cosa en el tiempo, sino como manera de ser. Manera voluntaria de ser. Sería la “inservidumbre voluntaria”. Es claro que Foucault está también motivado por ver en la Ilustración un movimiento por la libertad: ve allí también el proyecto por la libertad.

Notemos que los autores referidos arriba todos ven una lucha intelectual, una lucha por las ideas. Hay la ilusión de querer someter todo y, por otra parte, a la vez el deseo de conseguir un mayor estado de libertad, que la sociedad se libere y con ella el hombre. Es el proyecto de autonomía. Cada uno toma luego su posición.Castoriadis, por su parte, comienza con una observación crítica aplicable a las dos posturas comentadas arriba: en ambas se ignora la realidad del movimiento histórico y social concreto y se pretende que los cambios en lo pensado y en la actitud  de los pensadores sustituyen la verdadera historia. Quiere decir que los escritores escriben sobre escritores –nótese que es el caso tanto de Foucault como de Sen–. Así, “la modernidad sería la conciencia de la historicidad de la época en que se vive”, El mundo fragmentado, La época del conformismo generalizado, pág. 15, ver bibliografía.

Debemos notar el giro crítico de Castoriadis, porque es una apelación directa a la realidad histórica y social como el único elemento válido y como el único espacio donde ésta ocurre, no por designio del pensamiento de ilustrados o sabios, sino porque constituye el movimiento real de la historia.

¿Y qué es lo “propio de la época”? Los conflictos, lo que está pasando y no lo que piensan los sabios que, en consecuencia, deberían es referirse a lo que está pasando y no a otros pensadores para validar o caracterizar la época: “la lucha entre monarquía y democracia, entre la propiedad y los movimientos sociales, entre el dogma y la crítica, entre la Academia y la innovación artística, etcétera”, pág 17.

Castoriadis, por otra parte, va a observar el mismo fenómeno, una doble significación, que va a ser característica de la época y que va a instilar al capitalismo. Son dos, dice, las significaciones imaginarias centrales que dominan todo el periodo modernista: la expansión ilimitada del dominio de lo racional y el proyecto de autonomía. La institución que encarna estas significaciones va a ser, como sabemos, el sistema capitalista. Este se apuntala en el proyecto de autonomía para vencer las fuerzas y la institución medioeval con un discurso revolucionario; y, a la vez, asume la razón como significación dominante para instituirse como sistema económico y social. Volveremos sobre esto.

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