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“Si la democracia es tan buena, ¿por qué no la aplicamos
a la empresa y a la economía?” 
Cornelius Castoriadis

Liberalismo: definición, contenido, aporías

El liberalismo es una de las dos grandes cosmovisiones modernas de inspiración occidental -la otra es el marxismo-, propone una manera de comprender la historia y organizar la sociedad y, en el fondo, es parte de esa gran utopía  del siglo XX: decretar el fin del sujeto, fin de la filosofía y fin de la historia. Veremos. Su origen se remonta al siglo XVII con autores, políticos y economistas tan notables como John LockeBarón de MontesquieuDavid HumeThomas JeffersonBenjamin FranklinAlexis de TocquevilleBenjamín Constant, Fustel de Coulanges, John Stuart Mill, Adam Ferguson, Adam Smith. No son los únicos, pero es suficiente para medir la sustancia de este pensamiento. Está también Jean-Jacques Rousseau, que aunque no es un liberal resulta vital para comprender el pensamiento político contemporáneo y por eso lo incluimos.

¿Cuál es en esencia la postura liberal? En un sentido pleno el liberalismo propone que el individuo pre-existe a la sociedad y tiene primacía sobre ella porque está “dotado” de derechos sustanciales no prescriptibles y que son independientes de forma tan radical que es él quien “cede” parte de sus derechos individuales a través de una especie de relación contractual que establece con los otros ciudadanos y con un Estado que es responsable de administrar el gobierno de todos; y, ¿por qué el individuo hace esta cesión? Bueno, porque le conviene, le permite dedicarse a sí mismo, a sus asuntos privados; así pues él cede, aunque siempre –quede claro– el individuo puede desdecirse de tal acuerdo, con lo cual se reafirma su papel soberano en todo este relato. Nótese aquí como la idea de individuo coexiste con la de contrato y cómo aparece esa figura, el Estado, que recibe una especie de mandato de administración. Nótese igualmente cómo lo social es, desde el principio, subsidiario de lo individual.

Ahora bien, si este individuo existe como sustancia portadora de esas cualidades que incluyen derechos inmanentes y que se auto-origina sin mediación de otra cosa; que, por último, él mismo determina la sociedad, entonces, el liberalismo ha definido al ser humano universal. Pero esta formulación es, como puede verse fácilmente, pura mistificación y petición de principio, desde el comienzo hasta el final, pues, ¿dónde está ese individuo?, ¿quién y cómo le otorgó ese lenguaje y las instituciones antropológicas que lo definen en cada caso concreto?, ¿cómo llega a ser espartano, maya, florentino renacentista o liberal? El individuo por sí mismo es potencialmente capaz de aprender una lengua y socializarse, sí, pero ¿se deduce de este apuntalamiento que pueda derivarlas sólo? Que alguien explique cómo es que un individuo va a derivar la lengua griega o toscana o cualquier otra, sin una sociedad que la haga disponible y que se la transfiere a través de algún otro representante ya socializado.

Un individuo-sustancia como requiere el liberalismo no existe en ningún lugar. Vamos añadiendo de paso que si este individuo abstracto existiera negaría de  plano el tiempo y la alteridad, tanto para él como para la sociedad, porque el liberalismo no sólo sugiere que el individuo ya ´existe´ sino que, además, es de un ´modo esencial determinado´ antes de ser socializado: la historia y el tiempo lo acompañan hasta su realización, pero nada más. Un individuo así sería algo “cosificado”, sería pura repetición y, sobre todo, nunca sería creación.

Es un asunto pesado porque si se niega el individuo y la historia como creación –esto es lo que significa negar el tiempo y la alteridad–, ¿cómo definir la libertad?; y esto no es todo, hay más preguntas, porque, ¿cómo son esos derechos que pre-existen en sí mismos en cada individuo como entidades trascendentales y a-sociales? ¿Quién los otorgó? ¿Dios, la naturaleza, la tradición, la ley social? ¿Cómo fue eso? Las constituciones legales, como principios, existen, sí, pero como creación humana, social e histórica y, por tanto, obviamente sometidas también a la alteridad y a la desaparición, por poco que les guste a quienes las crean o postulen como ´absolutos´. Finalmente, enfrentados a esta definición liberal de individuo abstracto y universal es obligatorio preguntarse ¿no será más bien que el liberalismo peca aquí de ‘socio-centrismo’ y proyecta para todos los hombres y la historia lo que no es más que su propio ideal antropológico?

Cornelius Castoriadis, filósofo greco-francés (1922-1997), en una visión obviamente muy diferente del asunto, argumenta que todas las sociedades se auto-crean, en forma explícita o implícita, todas se auto-instituyen; pero la forma de ser de la institución heterónoma es que niega esta auto-institución y busca siempre un anclaje absoluto o invariable para aspirar a ser para siempre. Así, la pretensión de pre-existencia de un individuo abstracto, derechos inalienables y constituciones invariables, son todos ejemplos de este tipo: clausura heterónoma del sentido. Clausura cuyo carácter es negar cualquier otra pretensión de sentido y, por tanto, toda alteridad. Como dijimos antes, es un asunto muy pesado y que carga a la visión liberal con una profunda falla de origen: es su carga positivista, determinista y racionalista. Platón dominando con su puño todo. Veremos esto ilustrado en una clase siguiente dentro de este mismo tema en la que nos enfrentaremos a los propios liberales hablando de su doctrina. El racionalismo es una partícula esencial para comprender la deriva positivista contemporánea en todas sus expresiones.

El liberalismo traiciona así el propio credo que dice defender, porque se ve a sí mismo desde una perspectiva completamente heterónoma y de este modo niega de entrada -en proporción directa- la autonomía y la libertad. Entonces, preguntemos directamente, si el hombre está ya definido, determinado, ¿dónde está la libertad?, ¿nos está hablando el liberalismo de una libertad determinada?, ¿se trata de una libertad que ocurre por necesidad? Pero si es así, esto es una enorme contradicción porque nada que sea por necesidad es libre y viceversa; el liberalismo no puede lidiar con la idea contradictoria –contradicción completamente suya– de que el ser humano es libre porque es capaz de imponer nuevas determinaciones a su realidad, mientras a la vez exige que el ser humano sea el antropos capitalista que él mismo define. Repitamos, el liberalismo es hijo del positivismo y el movimiento por la Ilustración. Ambos, a la vez, afiliados al legado determinista y racionalista platónico: se trata de la captación del ser como determinado y del ser humano como aquel capaz de racionalizar y establecer esas determinaciones, incluido él mismo y su sociedad. Si suena a repetición y tautología no es culpa nuestra: es tautología y repetición.

Luis Mariano González The slit Vía 500px

Luis Mariano González The slit Vía 500px

Continuemos, ¿dónde queda en el liberalismo la idea de lo social y lo político? Bueno, en los clásicos liberales y los filósofos políticos del siglo XVIII ambos elementos estaban, primero porque no olvidemos que todos se inspiraron en la idea de democracia y el único referente que tenían a mano era la democracia clásica griega, que estudiaron y por la cual se interesaron. Recordemos además que para los griegos clásicos nunca hubo ni cabía contradicción entre individuo y sociedad –el ciudadano solo podía ser en su polis, su ciudad, que no era Estado– sino que ambos eran co-originarios y co-determinados y no porque estos antiguos no tuvieran la idea de individuo subjetivo, reflexivo y deliberante, como se ha argumentado. Pero esto  es otra discusión.

Sabemos también que para ellos esa polis y su institución no era asunto de la epísteme (conocimiento necesario) sino del nomos (convención). La política –la más arquitectónica de las artes– no era pues conocimiento técnico y menos conocimiento seguro, sino que era consustancial a la institución social que la crea y a la postura democrática que le permite emerger, y, ambas, asunto propio del nomos y la doxa (opinión).

Además, en los primeros liberales la preocupación por lo social y lo político está porque aún no aparece con toda su fuerza la idea de “individualismo metodológico” que de alguna manera aportó Adam Smith y que va a terminar en lo que será “la verdadera novedad de esos tiempos”: “el liberalismo individualista en sentido pleno”. Por último, porque la figura del Estado para los liberales clásicos constituía de facto una negación de la libertad, un mal necesario, lo que obligaba a reflexionar el asunto a fondo y de manera permanente. Eso es lo que hicieron y trataron de resolver con las ideas de representación y la división de poderes que lamentablemente los condujo a la idea de democracia representativa que ellos supieron desde su origen muy deficiente, por decir lo menos, pero que por diversas cuestiones de orden pre-político ´decidieron´ admitir en su modelo. Otra concesión que sufrirán para siempre sin nunca saber a ciencia cierta qué hacer más allá de justificar. Por último, todo esto cristaliza en la idea de Estado, creación mortífera que los atormentará para siempre.

Una vez que el individualismo metodológico se desarrolló y la idea de individuo abstracto tomó cuerpo completamente; una vez que los liberales se rindieron ante la ´complejidad de la sociedad moderna´ y se vieron y se sintieron obligados a aceptar el Estado como insuperable, una vez que aparece la idea de “democracia representativa”, de la representación y la delegación del poder del demos (pueblo), de la división de poderes, entonces la mesa quedó servida para que la sociedad y el individuo marchasen juntos hacia la despolitización del sujeto y hacia una privatización en el peor sentido: como individuo centrado en sí mismo y en sus intereses como opuestos a los intereses colectivos. Lo colectivo así pasa a ser, desde entonces y para los liberales, enemigo de lo privado para siempre.

Un comentario adicional aquí es necesario, ¿qué es el ´espacio público´ para el pensamiento liberal? Bueno, como resulta que todo se constituye a partir del  individuo y lo público es una cesión, entonces, el espacio público es nada para este pensamiento. O, a lo sumo, serán los puros intereses privados: lo público queda subyugado, saturado por lo privado. Se pretende que lo público no exista. Pero, preguntemos, ¿de verdad lo público no existe porque se lo asuma a la manera liberal? Un liberal responderá que así es y no existe. Recuerdan aquí a los marxistas que, en forma análoga, pretenden suprimir lo privado por decreto –y con fusiles– para terminar metabolizándolo en el Estado totalitario. Nos parece que ambos mistifican y se mistifican y que estas supresiones son imposibles y ambas expresan su respectivo unilateralismo neurótico, es maniqueísmo y ausencia de verdadero pensamiento.

Para terminar, para el racionalismo liberal inevitablemente la economía tenía que pasar a ser la instancia definitiva y determinante de la nueva cosmovisión. ¿Por qué? Pues porque la economía parece ser aquella actividad humana, aquella actividad social, cuyo sello “es” la racionalidad por antonomasia. Todo parece poder nuclearse a partir de lo económico y así el mercado pasa a ser el elemento organizador –entiéndase, racionalizador– de toda la sociedad. Pero ni siquiera es que se trate aquí de un mercado de consumidores, sino de un mercado de propietarios privados que terminarán constelizando todas las bondades del sistema social. ¿De qué manera? Pues a partir de la búsqueda de su propio interés. Un interés que queda reducido, a pesar y gracias a Adam Smith, a la búsqueda de la ganancia económica. Será el gesto eficaz encarnado en la economía el que justifique todo.

Entonces, lo que es solamente un momento de lo económico –la rentabilidad o la eficacia– terminará abarcando todo lo económico; y lo económico que no es más que un momento de lo social, terminará dando cuenta de toda la sociedad y entonces su constitución y sus articulaciones centrales van a terminar entendiéndose como derivadas de lo técnico-económico. Aparece la idea de homo aeconomicus como definición y captación universal y así la heteronomía se ha completado: y todo en nombre de la autonomía y la  libertad. A partir de este momento la racionalidad económica va a dominar todo. Va a dominar significa, entre otras cosas, que va a determinar.

Hoy el mundo moderno ha llevado la racionalidad hasta sus extremos y como esta racionalidad se centra en lo económico y en la negación de lo político, el encuadre moderno no puede ser sino el del espectáculo –como precisamente sostiene Mario Vargas Llosa en un libro reciente y que mucho antes había desarrollado muy profundamente el propio Castoriadis–: dirigentes que tienen una puesta en escena y espectadores pasivos, simples consumidores –de ideas, de productos, qué importa– que acatan y asimilan sin más, sin cuestionar, aquella puesta en escena, aquella oferta. Dirigentes y Ejecutantes, habría sentenciado Castoriadis ya a finales de los años 50´s. Entonces, ¿dónde quedará la libertad del hombre moderno? No queda en ninguna parte, pues la libertad se reduce a producir, consumir, racionalizar y dominar. Un universo así, como ha dicho Castoriadis, es un universo de pesadilla. Es esta a la vez la utopía liberal moderna y su propia patología.

Bibliografía:

Sexto Concurso de Ensayo “Caminos de la Libertad”, Fomento Cultural Grupo Salinas, 2012, México.

Castoriadis, Cornelius (2012), La ciudad y las leyes, Buenos Aires, FCE.

— (1980), Reflexiones sobre el desarrollo y la racionalidad, incluido en el libro “El mito del desarrollo”, Editorial Kairos.http://www.fundanin.org/castoriadis7.htm

— (1994), La democracia como procedimiento y como régimen, incluido en el libro “La strategia democratica nella società che cambia”, Ed. Datanews.http://www.inisoc.org/Castor.htm

De Landa, Manuel (2013), Mil años de historia no lineal:http://revistareplicante.com/mil-anos-de-historia-no-lineal/

Doménech Antoni (2013), Los trucos del neoliberalismo (entrevista):http://www.lacasademitia.es/articulo/politica/los-trucos-del-neoliberalismo-entrevista-a-antoni-domenech/20130215060655015052.html

Foucault, Michel, Entrevista con Michel Foucault. La ética del cuidado de uno mismo como práctica de la libertad. Realizada por Raúl Fornet-Betancourt, Helmut Becker y Alfredo Gómez-Muller el 20 de enero de 1984. Publicada en la Revista Concordia 6 (1984) 96-116.  Contrainfo.comhttp://www.contrainfo.com/7907/michel-foucault-libertad-y-liberacion/

Citas sobre Lincoln:

http://blogs.publico.es/dominiopublico/6405/lo-que-la-pelicula-lincoln-no-dice-sobre-lincoln/

http://marxismocritico.com/2013/01/09/spielbergs-lincoln/

http://marxismocritico.com/2013/01/21/el-lincoln-de-spielberg/

Citas sobre Locke:

http://filosoferos.blogspot.mx/2012/07/locke-y-el-derecho-la-rebelion.html

Citas sobre Smith:

http://es.wikipedia.org/wiki/Adam_Smith

http://es.wikipedia.org/wiki/La_riqueza_de_las_naciones

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