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(Platón, 1872:134)

De lo dicho queda claro que el tiempo para Platón –y, por extensión, para toda la filosofía inaugurada con él– es aquello en lo cual, además del espacio, se manifiesta la repetición cíclica y la causalidad: el ser es “en” el tiempo y “en” el espacio. El espacio y el tiempo serían así los presupuestos básicos iniciales requeridos para que lo fenoménico se haga posible. Con ellos aparece la posibilidad del ente separado y múltiple en el devenir efectivo.  El  ser es uno, pero se fenomeniza.

El tiempo acompaña al ser en tanto ente en sus cambios y modificaciones desde su nacimiento hasta su desaparición, que no sería creación ni destrucción –como sí lo era para la visión griega previa a Platón–, sino sólo transformación y, en el fondo, sólo apariencia y que además es transformación no atribuible al tiempo, aunque él acompañe. Desde entonces, pues, el “lugar” que ocupará el tiempo para la filosofía y la ciencia positivista occidental será la de un “tiempo espacializado”: tiempo que es como el espacio y que viene a ser sólo una modalidad del espacio.

Pero la implicaciones siguen, porque si todo es como indica Platón, el tiempo sería simplemente “el que permite o realiza el retorno de lo mismo”: es repetición en la “inalterable ciclicidad del devenir” o repetición “en y por la determinación causal” (Castoriadis, 2010:302). Así, la cosmología platónica cierra su círculo abarcando lo que será desde entonces el trabajo de la filosofía y de la ciencia e imponiendo una idea de “saber” y “conocimiento” como actividad racional que pretende establecer qué es el ser y cuáles son sus determinaciones, todo en sentido fuerte. Toda la historia de la filosofía occidental hasta el presente, gracias a Platón, no va ser sino el despliegue de la actividad razonante sobre el mundo y “pensar lo que es se convierte entonces necesariamente en remontarse hacia el origen o el principio de lo que es”, pues origen (arche) para Aristóteles es “aquello a partir de lo cual algo es o deviene o se deja conocer” (Castoriadis, 2010:312).

Entonces, cabe la pregunta, ¿cuál sería la diferencia entre tiempo y espacio? Primero, en el esquema platónico, el espacio presupone al tiempo, pues sólo porque hay espacio es posible pensar en un ente cuya transformación, cambio o movimiento marque el tiempo. Pero, entonces, ¿qué es el espacio? Para Platón, “además del ser siempre y del devenir siempre, hay un Tercero: la Chora, el «espacio» (…) aquello «en lo que» es todo lo que es”. Para Platón esta Chora –este espacio– era algo incorruptible, Eidos, Forma/Aspecto, invisible, informe, “superlativamente intratable” (Aporotaton), ni inteligible ni sensible: para Platón tocamos el espacio, atención, “pero no con las manos, sino con la reflexión bastarda”. El espacio es una forma –Eidos– sumamente paradójica y aporística, además, porque Platón lo separa de lo que “esta allí” y de lo que “sucede allí”, aunque sabe, Platón sabe, que esa separación no puede realizarse en verdad (Castoriadis, 2010:303). El espacio se hace requisito indispensable para que aparezca algo hay más que “uno”. Platón los separa, pero ¿son separables? Bueno, la verdad es que, para Castoriadis,  el espacio es “separable/inseparable de lo que «allí» se despliega” (Castoriadis, 2010:305). Toda esta consideración platónica del asunto del espacio puede parecer completamente fuera de lugar y Platón puede parecernos ingenuo o algo peor, pero no es así: Platón está pensando realmente algo profundo y correcto pues es verdad que existen cosas que están ahí y que “tocamos” pero no con las manos, piense en la gravedad, por ejemplo, ¿quién dudaría que existe? Y, a la vez, ¿alguien la ha tocado?

La cosmología inaugurada por Platón y también por Aristóteles, tendrá un noble seguimiento en la tradición occidental hasta Kant y Hegel; y hasta hoy. Kant hará avanzar la Chora platónica (espacio platónico) con su noción de las “formas puras de la intuición” y para él el espacio y el tiempo van a poder pensarse despojados de “todo contenido”: espacio y tiempo como puras abstracciones puras. Esto es muy importante para nuestro análisis. Para Kant espacio y tiempo son “pura posibilidad de la diferencia de lo idéntico, o pura producción de la diferencia a partir de nada”: dos puntos –dos objetos– idénticos en el espacio pueden ser diferentes sólo con ocupar un lugar (topos) diferente en ese espacio. Para Castoriadis esto lleva a hacer imposible una verdadera “distinción entre el espacio y el tiempo” (Castoriadis, 2010:304), reafirmando hasta el extremo la concepción platónica de un tiempo espacializado. Estamos en el terreno del idealismo absoluto.

Esto es central en la discusión. Si como sugirió Platón y Kant confirmó, el espacio y el tiempo fueran meras abstracciones indistinguibles, ¿cómo aparecería lo nuevo en el mundo? Entonces, en verdad, todo sería un eterno retorno, todo sería repetición y determinidad. Pero, atención y sin más rodeos, lo que Castoriadis plantea es que si todo está determinado, ¿qué sentido tendría la acción humana en el mundo? ¿Dónde quedaría la libertad humana? ¿Habría libertad? La respuesta en el marco del círculo platónico es un retumbante no. Y, entonces, sin libertad, ¿qué sería la historia?; y, ¿qué sería la política? ¿No resultaría así todo en una mera heteronomía? ¿Cómo entender la creación? ¿Habría creación? ¿Cómo articular todo esto con la idea fundamental de la autonomía? Éstas son las preguntas que se hace Castoriadis.

El espacio, repetimos, hace posible la identidad de lo diferente y la diferencia de lo idéntico, co-pertenencia de lo plural; pero, ¿qué es lo que vendría a hacer el tiempo que no hubiera hecho posible ya el espacio? Una respuesta factible para asignar algún papel al tiempo en la reflexión platónica sería decir que el tiempo es el que hace posible el “orden de las sucesiones”, esto es, el tiempo sería el responsable de “impedir que todo ocurra a la vez” (por ejemplo, lo posible y lo imposible: estamos en los límites de lo pensable). Pero tampoco este recurso permite distinguir al tiempo del espacio pues, si todo está dado, es porque todo ya ocurrió en alguna parte  y a la vez: todo puede estar ocurriendo en este mismo momento, sólo que “simplemente en otro sitio”; y, para Platón, en realidad ya ocurrió “fuera del tiempo” y sin concurso del tiempo, que, por tanto, sería un fenómeno segundo y, aún más, tercero. De modo que parece no haber salida. El tiempo para la formulación platónica no es nada o es acompañante banal y, por tanto, el tiempo no tiene “lugar” o “ser” en su esquema. Entonces, concluye Castoriadis: “el tiempo sólo (es) un modo del lugar” (Castoriadis, 2010:306,307). Vamos a la cuarta parte.

Bibliografía:

Castoriadis, Cornelius (2010), La institución imaginaria de la sociedad, Tusquets Editores, Buenos Aires.

——- (2008), El mundo fragmentado, “Tiempo y creación”, Caronte Ensayos, Argentina.

——- (2004), Sujeto y verdad en el mundo histórico-social, Seminarios 1986 – 1987, La creación humana I, FCE, México.

——- (2003), Sobre el político de Platón, FCE, México.

Jaeger, Werner (2005), Cristianismo primitivo y paideia griega, FCE, México.

——- (2013) La teología de los primeros filósofos griegos, FCE, México.

Platón (2008), El Político, Alianza Editorial, Madrid.

——- Obras completas, edición de Patricio de Azcárate, tomo 6, Madrid 1872, “Timeo”: http://www.filosofia.org/cla/pla/img/azf06131.pdf

Referencias sobre Lagrange: http://webcache.googleusercontent.com/search?q=cache:viTlUJIrybMJ:es.wikipedia.org/wiki/Joseph-Louis_de_Lagrange+&cd=1&hl=es&ct=clnk&gl=ve

Referencias sobre Einstein: http://webcache.googleusercontent.com/search?q=cache:wf_jJPeo0rYJ:www.taringa.net/posts/info/1519193/El-tiempo-una-ilusion.html+&cd=2&hl=es&ct=clnk&gl=ve

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