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Detrás de la partícula ´fatalismo´ percibimos captaciones subyacentes, significaciones, que, al no cuestionarse, terminan elevadas a la categoría de ´certezas´ -atención, aún de forma inconsciente- y cuando el sujeto se encuentra allí, la tendencia es a no cuestionar. Ese es el punto.

La familia de términos fatalidad histórica, privilegio del presente, porvenir histórico y astucia de la razón, son todas hijas de la estirpe racionalista-determinista de raíz positivista. Si la realidad presente está allí por fatalidad o tiene un privilegio trascendental sobre lo que no logró ser o se convirtió en presente porque era o siempre fue lo que tenía porvenir o, para repetir a Hegel, porque es la astucia de la razón que domina todo y también se manifiesta en lo que no entendemos o sabemos, en cualquiera de estos casos se trata de fatalidad.

Si todo fuera así, entonces, el tiempo y la historia no existen sino como acompañantes o receptáculos simples donde ocurre un devenir que no nos pertenece, que no hacemos, que no es creación, sino cosa determinada. La palabra ´cosa´ no la ponemos allí gratuitamente: eso es lo que es el ser alienado. Cosa que, habiendo sido creada por el ser humano, se autonomiza y lo domina.

Barbara Bezina Arte digital 3 Vía barbarabezina.wordpress

Barbara Bezina Arte digital 3 Vía barbarabezina.wordpress

Por este camino a lo máximo que se puede aspirar es a que haya transformación mediada por algo o alguien, dios o la razón o la tradición o la herencia o la ley social, y el ser humano tendría sólo dos opciones: se opone, pero entonces solo puede ser calificado de loco -no por casualidad los artistas terminan siendo siempre excluidos- o estúpido; o, si es que ha logrado captar la mediación, apoya la transformación, pero siempre como “instrumento ciego” de ella misma pues solo estaría actuando de acuerdo con la Ley de dios, la razón, la tradición o la ley histórica. Como se quiera, en ningún caso habrá ya creación.

Pero, puntualicemos, si no hubiera creación, ¿qué sentido tiene en todo esto la ´acción humana´ más allá de ser aquel instrumento ciego?, ¿dónde está la libertad?, ¿dónde está la posibilidad de la política y el juicio, como facultades instituyentes de lo nuevo y de lo humano? Ese es el punto. Esto es así porque resulta que ´juzgar´ la historia, ´juzgar´ el devenir es la condición –la condición básica– de toda actitud práctica y política. Juzgar la historia, el pasado y el presente, no es simplemente necedad frente lo que ya fue, sino la advertencia de aquello que podemos llegar a ser. Si no, finalmente, ¿para qué la historia?

Entonces para resumir y terminar ¿cuáles son las consecuencias de esta actitud? Respuesta: la cosificación de la historia, la negación de la alteridad –no hay nada nuevo–, la negación del tiempo. La eliminación de la política y de la historia. Significa avalar el presente y santificarlo, porque ´si es, tenía que ser´: todo se justifica: Hitler, el nazismo… toda la historia, todo se justifica y tendríamos que decir que si estuvo allí es porque tuvo su porvenir histórico y lo que hay es que comprenderla. Habría que ´comprender´ todo, incluso el horror.

Pero comprender el horror es también avalar el mal creyendo que se está siguiendo al ´bien´: es la “noble mentira” de Platón. El fin justifica los medios. Y si metemos en este paquete a la corrupción, la mentira, la manipulación, el chantaje y la tortura, como acompañantes de aquella ´certeza´ de la que hablamos al principio ¿qué sale de todo esto? Si tengo la razón y la certeza de que aquello que estoy haciendo es la ´verdad´, es lo ´correcto´, ¿por qué iba a estar mal mentir, manipular e incluso chantajear y torturar? Al pueblo o a cualquiera, atención. A aquellos quienes miento, manipulo, chantajeo o torturo “serían en realidad  personas que no entienden” el proceso y, además y más importante, siempre será ese futuro que sueño más importante que algunos muertos o engañados por aquí o por allá. Así, la mesa está servida para todos los totalitarismo e intolerancias posibles. Por eso rescatamos la auto-crítica genuina, pero advirtamos, auto-crítica genuina sin adversarios genuinos ¿es posible?

Vamos con unas preguntas y ejercicios sobre este tema:

Preguntas sobre el tema:

¿Qué sería un tiempo donde no hubiera más que lo mismo exteriorizado?

¿Qué sería una historia donde todo estuviera determinado?

¿Qué es la creación? ¿Qué  es la alteridad?

¿Qué es lo verdaderamente nuevo?

¿Cuál es la diferencia entre lo ´nuevo´ y lo ´transformado´?

Ejercicios:

Ejercicio 1:
Yo puedo decir que alguna diferencia -alguna trascendencia- tiene este presente porque ‘llegó a ser”. De alguna manera resultó superior a todas las otras opciones. Pero sería y es un error… ¿Por qué? ¿Qué tipo de error es? ¿Teórico? ¿Práctico? ¿Histórico? ¿Qué requisito haría falta para que tal trascendencia fuese cierta?

Ejercicio 2:

Sustituya en la siguiente frase los puntos suspensivos por las afirmaciones que se muestran a continuación y reflexione las preguntas que se sugieren:

«Si uno dice (…) ¿Qué está diciendo? Si es verdad, ¿qué implica? Si no lo es, ¿qué es? ¿Es falso? ¿Es el futuro? ¿Por qué es o iba seguro?»

A… El hombre es un animal racional …

B… La sociedad solo puede ser capitalista o socialista …

C… Amar a quien te ama no tiene mérito …

D… La razón lo puede todo …

E… La historia siempre progresa …

F… Las cosas que son tenían que ser …

Ejercicio 3:

A partir del ejercicio 2, responda las siguientes preguntas:

¿Qué hay detrás de cada afirmación?

¿Dónde queda la ‘acción humana’?

Si fuesen ‘verdades’, entonces:

¿Qué es la política?

¿Qué es la historia?

Ejercicio 4:

¿Qué está detrás de esta familia de expresiones? Fatalidad histórica, privilegio del presente, porvenir histórico y astucia de la razón.

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