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Esta crisis “está en marcha”
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La solución fue el problema, y esa es la razón por la cual tenemos el problema en primer lugar
Vernon Smith, Premio Nobel de Economía 2002 

Son capitalistas llorones. Predican el capitalismo para todos, menos para ellos mismos.
Gerald Celente, Analista 

¿Por qué se hizo todo esto y, lo más importante, ha podido hacerse otra cosa?  ¿Dónde queda el determinismo en todo esto? 

En este audio se realiza un examen de las irracionalidades del sistema y se especula sobre la próxima crisis: la burbuja de todas las burbujas, sería la que se está gestando en este momento; sin ni siquiera haber salido de la crisis del 2008. Hagamos una revisión crítica de su contenido.

1. Antecedentes: 2001 – 2007

En la primavera de 2001, la FED comenzó a bajar las tasas de interés. El proceso llevó a una baja desde 6,5% hasta 1,75% en 2002 y en 2003 hasta 1% por un año. La irracionalidad de todo esto consiste en que la caída artificial de tasas, si se mantiene suficiente tiempo, va a tener efectos reales en materia de inversión y gasto del público; pero al ser insostenibles (atención, ¿por qué serían insostenibles?), cuando suban, colapsará todo el sistema.  A la vez la racionalidad detrás del argumento de defensa es que cuando la economía se encuentra por debajo de su capacidad de utilización, altas tasas no van a estimular el ahorro y la inversión privada se encuentra paralizada; luego la recesión sería inevitable. Para evitarla es mejor bajar las tasas esperando que la inversión privada se estimule y se active la economía mientras tanto con inversión pública. Esto sería, en todo caso, válido para la inversión, pero ¿qué pasaría con el endeudamiento cuando se usa para financiar el consumo? Otra posición ignora las tasas e iría directamente a la política fiscal y al gasto público.

No hay hoy en día políticas económicas puras, esto solo es concebible en el campo teórico. Si se colocan todas las variables de la economía en una mesa, los teóricos puros de todas las escuelas se diferenciarían en su empeño en destacar la importancia o capacidad de comando de una variable sobre otra: si es la variable monetaria la importante o es el gasto público. Pero ninguna escuela puede ignorar olímpicamente las demás variables: algún lugar les asigna en el modelo. Se trata de subordinación de unas a otras. Se trata del grado de “determinación” que algunas tienen sobre otras y el conjunto de la economía. Al final, todas las teorías buscan lo mismo: acabar los ciclos y garantizar la expansión del crecimiento de la producción y el consumo. Este es el paradigma moderno, cuya significación central es la expansión ilimitada del dominio racional y la economía sería su carta de juego central. ¿Por qué? Pues porque la economía constituye aquel campo del hacer humano donde el cálculo, el cómputo, la lógica luce más factible. Se puede medir y proyectar. Nada de esto es así en forma absoluta y por eso todo intento de racionalización exhaustiva de la realidad económica fracasará. Toda pretensión de anclaje o no-anclaje absoluto fracasará. La economía como cualquier otra parte de la realidad es parcialmente racionalizable, pero nunca en todos sus estratos y momentos y mucho menos para siempre.

Ya lo dijimos antes, la FED y los bancos pensaron que con tasas tan bajas a comienzos del siglo XXI sería posible una recuperación basada en la construcción de viviendas: no es consumo inmediato, aunque tampoco inversión; pero se suponía que la industria de la construcción posee uno de los mayores multiplicadores de la inversión mientras cada familia podía al fin optar por poseer su vivienda. Podía ocurrir que todo el mundo ganara: la inversión, el consumo, la clase media, los pobres y, como siempre, los banqueros. Sería la realización del “sueño americano”.

Como consecuencia, las bajas tasas produjeron la burbuja inmobiliaria. Mientras la compra financiada de casas crecía, el precio de las viviendas creció también a un ritmo de “10% al año”. Este ascenso permitió que muchos hipotecaran por segunda vez sus casas y obtuvieran préstamos con cualquier otro fin, desde comprar una segunda casa, ampliarla o repararla, hasta comprar vehículos, vacaciones, etc., cualquier gasto.

Se descubre aquí un siguiente efecto –calculado o no– y es que se desvinculó de manera definitiva la productividad real de la economía del poder de consumo: el pacto social que había regido la economía norteamericana y en cierta forma mundial de mantener salarios a un cierto ritmo atados con la productividad del capital y el trabajo se rompió (escúchese a este respecto el audio-entrevista a Antoni Domenech: Los trucos del neoliberalismo, enhttp://www.lacasademitia.es/articulo/politica/los-trucos-del-neoliberalismo-entrevista-a-antoni-domenech/20130215060655015052.html).

Ahora se podría consumir con sólo endeudarse, sin importar prácticamente la capacidad real de pago ¿por qué? Pues porque la vivienda funcionaría como una “caja de ahorro creciente” y el aumento de su valor haría posible financiar cualquier gasto actual. Si, al final, hubiese algún problema con el pago de la deuda, podría venderse la casa y pagar, quedándose con un beneficio económico neto producto del aumento incesante de precios. Entonces, ¿para qué tener un buen sueldo? La promesa, por absurdo que parezca, era que podrías hacerte rico simplemente viviendo en tu casa.

Aparecieron entonces los prestamos NINA –no income, no assets, no problem–, con los cuales cualquiera podía acceder a un préstamo, sin importar las condiciones del deudor. ¿Por qué los bancos se iban a prestar a tal cosa si podría ocurrir que no cobraran? Pues porque la FED garantizaba su protección, en última instancia. Si salía bien, todos ganaban –especialmente los bancos– si no era así, la FED respondería.  Los bancos siempre cobrarían.

La expansión requirió  nuevas instituciones para que todo se hiciera “bien”: aparecieron entonces las aseguradoras y las analizadoras de riesgo. Pero, el problema es que todas ganaban más si la euforia continuaba. A nadie se compensaba si decía “no”. La función contralora y la legislación se descuidó. La corrupción tenía que llegar. Detrás de todo estaban Fannie Mae y Freddie Mac, ahora privatizadas, pero que continuaban con el patrocinio del gobierno. Con éstas últimas se garantizaban los préstamos de las personas  que no podían obtenerlos en el mercado abierto: Bush anunció 440 mil millones de dólares para financiar la expansión (11m30s). Un detalle aparte, que expresa la corrupción oficial reinante: en diez años Fannie Mae y Freddie Mac “donaron más de 200 millones de dólares a políticos de Washington”.

Entonces vino el empaquetamiento de créditos titulados para ser revendidos por parte de Fannie Mae y Freddie Mac, quienes a su vez los revendieron a fondos de inversión y pensiones de otros países y a esos mismos países: Noruega, Islandia, Alemania, China… Se trataba de una pirámide Ponzi.

En 2006 las tasas volvieron a la realidad o a niveles más normales. Entonces, la continuidad de todo esto se hizo imposible. Ben Bernanke, sucesor de Greenspan en la FED, opinaba que como nunca  la economía norteamericana había sufrido una caída masiva en el valor de las viviendas, no ocurriría nada parecido nunca (¿!¡?). Pero la verdad fue que con los aumentos de tasas los precios de las viviendas comenzaron a caer porque la gente ya no podía mantenerse solvente y pagar sus deudas. Como consecuencia, los bonos respaldados  en hipotecas se hicieron indeseables. Bernanke, a pesar de todo, siguió pregonando que nada de fondo pasaba y prometiendo crecimiento para 2008, pero las agencias de calificación al fin cambiaron su opinión sobre los bonos y todo se derrumbó.

Los inversores ya no compraban bonos respaldados en hipotecas y comenzaron más bien a vender. Los bancos comenzaron a negar financiamientos o refinanciamientos a los inversionistas poseedores de estos papeles. Bear Stearns y Lehman Brothers, por ejemplo, dependían de estos papeles y requerían financiamiento. La crisis había llegado.

Señalemos algo. La tragedia histórica de las políticas económicas recientes desde la burbuja de las punto.com, es que cada crisis se quiere superar inflando una nueva burbuja: a las punto.com siguió la burbuja inmobiliaria; y a ésta, que es la actual, seguirá otra burbuja. Veamos.

2. La burbuja de las burbujas: 2008 – 2010

La burbuja en gestación es la burbuja global, la “burbuja del rescate”. Se trata de paquetes de estímulo directo de los gobiernos: “desde Australia hasta los EE UU, desde Reino Unido hasta China”. Se trata de estímulos financiados con dinero inorgánico. Con gasto fiscal se espera mantener andando a las economías. Es curioso que ni los liberales ni los keynesianos se vean reflejados en estas políticas: todos critican las políticas públicas, menos aquellos que están en funciones de gobierno. Pero, ¿Quiénes están en éstas funciones? ¿Extraterrestres? ¿Por qué los intelectuales y economistas en el poder se conducen distinto que cuando no están en esas posiciones?

En septiembre 2008, EE UU se encuentra ya “cerca del colapso”. Fannie Mae y Freddie Mac fueron rescatadas por el gobierno. El 15 de septiembre Lehman Brothers se declara en quiebra. AIG, la aseguradora más grande del mundo, colapsó al día siguiente. Los bancos cierran los créditos a empresas y entre sí y esto cierra también el mercado interbancario. Frente al colapso, interviene nuevamente el gobierno con 700 mil millones de dólares para comprar activos tóxicos y, ¿de quién es este dinero? De los contribuyentes, claro. Este dinero va directo a los bancos para tapar su crisis: un detalle adicional y sorprendente: incluso aquellos bancos sin problemas fueron obligados a recibir la asistencia para así ocultar cuáles bancos estaban colapsados. El rescate fue aprobado unánimemente por aclamación el 3 de octubre de 2008. El “mayor rescate financiero de toda la historia”. Esta historia se repitió en todo el mundo. Los políticos en todas partes hicieron lo mismo por sus propios banqueros y en detrimento de sus contribuyentes.

¿Cómo se llevó a cabo este rescate? ¿Cómo ha debido hacerse? ¿Pudo ser de otra manera? Lo que se hizo fue comprar los activos tóxicos y luego capitalizar a la banca. ¿Qué no se hizo? Según, David Walker, Contralor General de los EE UU hasta 2008, no se hizo lo siguiente: a) definir claramente los objetivos a lograr; b) tener un criterio acerca de quiénes recibirían dinero y quienes no; c) establecer condiciones acerca de qué podrían hacer con ese dinero y qué no. Por lo tanto, mucha gente que no debió recibir, recibió y mucha gente no usó bien el dinero: dinero de los contribuyentes.

Luego, otras industrias como la automotriz requirieron también apoyo. Un mes después el gobierno les concedió la ayuda a General Motors y Chrysler. El dinero salió del dinero de rescate previamente aprobado para el sector financiero: 100 mil millones de dólares. Una anécdota famosa de la época cuenta que un congresista interpela a los gerentes automotrices: todos ustedes vienen por ayuda, pero, pregunto, ¿cuántos de ustedes vinieron a esta reunión en vuelos comerciales y cuántos en sus aviones privados? Todos los interpelados bajaron la cabeza.

Entonces, el 16 de diciembre de 2008 se llega a la apoteosis: la FED reduce las tasas al 0% (25m26s). Mientras tanto ocurre la elección de Barak Obama quien prepara otro enorme paquete de estímulos. Más de lo mismo. Diría Obama: “Nos estamos quedando sin las municiones tradicionales que se utilizan en una recesión, son las bajas tasas de interés que están llegando a ser tan bajas como pueden ser”. Entiéndase, las “municiones tradicionales” son la manipulación de las tasas de interés: él entendía que las tasas de interés eran la variable independiente.

Entonces el 7 de febrero de 2009, aprobó 787 mil millones de dólares más como estímulo para la construcción, reparación de aeropuertos, educación, asistencialismo y otros beneficios. Esto sería keynesiano, ¿no? Pero si le preguntan a Krugman diría: no. Los estímulos se aplicaron en forma indiscriminada: Beverly Hills, aeropuertos innecesarios, etc. Según David Walker, solo el 30% de esos estímulos fueron realmente orientados correctamente y a tiempo. Mil millones dólares, por ejemplo, se destinaron y consumieron en una semana para que la gente descartara sus carros comprando uno nuevo, la excusa fue apoyar la industria automotriz. Luego se otorgó más dinero. No fue sólo EE UU, Alemania otorgó 7.000 mil millones de dólares para que la gente cambiara su carro si éste tenía más de 9 años de uso y la llamaron “Bonificación ecológica”. Después de todo esto, ¿qué quedó? Pues más deudas; y, entonces, preguntamos, ¿esto fue keynesiano o friedmanianismo?

3. 2010 – 2013: la burbuja de los rescates

El 27 de enero de 2010, Obama promete que “la tormenta ya ha pasado”, (37m). Hoy sabemos que no fue para nada así, pero un balance provisional y muy parcial muestra que Bush endeudó al país más que todos los presidentes anteriores juntos, desde George Washington hasta Bill Clinton. Obama, a su vez, creó más deuda que todos los anteriores. Si sólo la deuda privada o pública es capaz de conceder “pañitos calientes” a la economía, ¿cómo puede ser esto viable y sostenible a largo plazo?

La nueva fórmula de rescate es la deuda estatal y, así como EE UU, los demás países están embarcados en iguales programas. La deuda promedio de las naciones más ricas “crecerá (creció) por encima del 100% a mediados del 2011”. Las tasas actuales son bajas, pero, qué pasará cuando suban: ¿cómo quedará la estructura financiera de esos estados? Según ciertos cálculos “si las tasas suben el 1%, el interés a pagar por EE UU aumentará 100 mil millones por año”. Ésta cifra es más que el “costo anual de la guerra de Viet Nam”, cada punto porcentual de deuda. ¿Cómo puede ser esto viable?

“Cuando la próxima burbuja estalle ya no se podrá recurrir a las mismas medidas de emergencia. No puedes reducir las tasas de interés que ya están en el piso. No puedes estimular la economía con dinero prestado si un exceso de deuda nacional fue lo que causó la crisis. Los gobiernos podrán salvar a los bancos, pero… ¿quién salvará a los gobiernos?”

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