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Una vez aparecida, la economía política tiene su propio devenir y su propia historia. Sus propias creaciones (y destrucciones). A su vez ella tributa en ciertos pre-supuestos, evidencias y paradigmas: metáforas que la proyectan del todo a la parte y de la parte al todo de sus consideraciones: tributa a ciertas significaciones imaginarias sociales y que la dominan también a ella. Es por eso que necesitamos tener presente el imaginario judeo-cristiano, el imaginario griego –con más influencia, ambos, que la que cotidianamente le reconocemos–, el movimiento por la Ilustración y su consecuencia más notable: el positivismo. Por último, dedicamos momentos a la obra y la reflexión de Sigmund Freud, no como psicólogos, que no somos, sino para revisar allí, en su reflexión sobre la psique humana, asuntos que podrían ayudarnos a entender cómo socializa este animal tan particular, este mono parlante que somos nosotros. Hay implicaciones sociales y políticas que podemos extraer y, si es así, nos interesan para la economía política.

Ahora bien, como nos dice Castoriadis, el hombre no es ni será “una cerradura que tiene su llave” y que habría que encontrar o volver a fabricar, La institución imaginaria de la sociedad (2010), Tusquets Editores, Buenos Aires, pág. 218. Si así fuera, se trataría de buscar “eso” que “es” el hombre y que “está” allí y, una vez encontrado, problema resuelto: dale lo que “necesita”. No, no es así. No es así porque el hombre se hace haciendo y haciéndose. Parece un trabalenguas, pero no es. Es real. El hombre es un proyecto siempre inconcluso, un proyecto que no está perdido aunque no esté garantizado; y, en el fondo, no es sino un siendo. Lo hemos discutido antes.

En el párrafo anterior están tres ideas centrales para nosotros: son las ideas de praxis, la idea de libertad y autonomía y, su contracara, la idea de enajenación. Praxis porque no se trata de hacer teorías que confirman saberes, sino de un saber que se hace (y se deshace) en la práctica individual y social: no es ni puede ser “teoría final”. Hablaremos luego sobre esto. Libertad y autonomía porque sostenemos que sin estos elementos no es posible entender al ser humano: se apalanca en la naturaleza, en la sociedad y en la historia, sí, pero es más que eso, hay inherencia pero no determinidad, por eso hay creación de la historia y, en definitiva, historia: o dicho al contrario, por eso no hay ni habrá fin de la historia. De esto trata todo nuestro semestre. Por último, está la idea de enajenación, porque donde quiera que aparezca el proyecto de autonomía individual y social, aparece su contracara: la enajenación. Vamos sobre esta idea.

Deriva del latín ălĭēnātĭo, ōnis: alejamiento, privación, procedente a su vez del adjetivo ălĭēnus: propio de otro, extraño a uno, ajeno (http://es.wikipedia.org/wiki/Alienaci%C3%B3n). No solo lo usamos en ciencias sociales, sino en medicina; y, por supuesto, ha evolucionado en la historia: por ejemplo, para Tomás de Aquino (1224-1274) se trataba de la posesión del cuerpo por el demonio. Al poseerte el diablo anulaba tu “libre albedrío”. Vean la referencia que les añado para estas consideraciones generales. En psicoanálisis la definición ya no nos parecerá extraña: “en el estado de alienación el individuo sustituye la realidad vivida por el discurso de otro”. Después, como siempre por esa manía clasificatoria que tenemos los monos parlantes, se habla de distintos tipos de alienación: “el sociólogo Alain Touraine distingue la alienación económica de la alienación tecnocrática, de la alienación burocrática y de la alienación política.1 Distintos autores hablan de una alienación subjetiva (estado mental) y de una alienación objetiva (trabajo).6” Vean todo esto en la referencia.

La psicoanalista Piera Aulagnier, nos trae más cerca de nuestro objetivo: “la alienación mental es un concepto que sólo es pensable para un observador externo, en tanto que el sujeto alienado en su pensamiento desconoce totalmente lo que le sucede”5; vamos a añadir que no solamente el sujeto desconoce lo que le sucede, sino que lo que le sucede lo da “por más real que lo real”: para él el mundo es así; Aulagnier, luego, añade: “la alienación es el límite extremo que puede alcanzar el Yo en la realización de su deseo de no sufrimiento. Culmina en muerte del pensamiento propio.” Todos los subrayados son nuestros.

Louis Treserras 7

Vamos sobre la expresión “deseo de no sufrimiento”: ¿qué quiere decirnos con esto? Todos deseamos no sufrir, en principio, y espero que concuerden conmigo en que esto es o podemos considerarlo lo “normal”; pero la frase insinúa que de alguna manera este deseo –en algún momento, de alguna manera, llegados a un punto– nos hace entregarnos a la alienación, nos aliena ¿cómo es esto?

Resulta que cambio alienación por evitación del sufrimiento, pero ¿qué sufrimiento es este que evito? Pues, decimos, evita el sufrimiento de tener que ser un “yo”, porque esta circunstancia me hace responsable y me exige, me exige hacerme cargo de mí, de mis acciones y de sus consecuencias. Si me alieno a algo que es “otro”, que es discurso del “otro”, yo tengo algo resuelto: si miento es por la verdad, si mato es porque se justifica, no depende de mí. Dios, la razón, la verdad absoluta, la ley de la historia, el mercado, lo justifican: no soy yo. Por favor, no dejen de leer la referencia anterior.

Por otra parte, ocurre que muchas veces todo se confunde. Comencemos por distinguir alienación de error o equivocación. Que erremos, que nos equivoquemos, en el lenguaje, en el pensamiento, en la economía, en la política, en la historia –personal o social– es factible y mucho más que común, pero no es alienación. Eso para comenzar: me equivoco, aprieto el botón, se dispara la bomba, se destruye el mundo –una desgracia–, sí, pero no es alienación. Significa simplemente que todo puede acabar por error, también. Alienarse es no estar en la verdad, pero no es que todo el que se aparta de la verdad, está automáticamente alienado: podemos tener enfrente dos personas igualmente equivocadas, una podría estar alienada y la otra no.

Ahora, sigamos reflexionando con Castoriadis que, en su obra antes citada dedica unas buenas líneas al problema. Por ejemplo, es claro que el hombre se aliena en la historia, en la sociedad, en su psique, en su lenguaje. Estos son los “espacios”, los “territorios” donde la alienación ocurre. Pero ellos mismos no son alienación, atención. Allí puede ocurrir la libertad también. Lo que ocurre es que en esos territorios es que los seres humanos “somos”, desplegamos nuestra existencia, pero allí no sólo nos alienamos, no es fatalidad. No es la única posibilidad.

Me equivoco al hablar, claro, me puedo equivocar al hablar, pero el lenguaje no es error; mi discurso puede ser alienado, pero el pensamiento y el lenguaje no son alienación per-se. Ocurre todo en ese medio, pero no es el medio ¿se entiende lo que queremos decir con todo esto? Sigamos preguntando ¿el cuerpo es alienación? ¿es el cuerpo el que impide la transparencia de la vida? ¿el que no deja ser? ¿no será que en el cuerpo es que se vive y entonces, al contrario, gracias a él se hace posible todo? Reflexionen esto.

Entonces, “la alienación es una modalidad de la historia y la institución”: el hombre es co-determinado por ambas, hay inherencia, pero ésta no es necesariamente alienación. Sigamos aterrizando en lo económico, ¿cuál es la relación de la alienación con la estructura de clases sociales? ¿tiene que ver la alienación con el hecho de que existan clases sociales? Respuesta: ¡Claro! Mientras haya clases habrá alienación y si queremos algún día una sociedad libre (no alienada), esa tendrá que ser sin clases sociales.

Pero,  atención, automáticamente una sociedad sin clases, ¿será una sociedad no alienada? Respuesta: no es así y sí puede ser alienada, ¿por qué? Porque la alienación va más allá y no solo responde a las condiciones objetivas. Creer eso es “funcionalismo positivista”, otra vez. Entonces, vamos con calma: “la superación de la alienación y la estructura de clases se ´acompañan´, pero esto no elimina per-se toda alienación”, ni automáticamente ni mucho menos para siempre, ¿se ve lo que queremos decir? Sobre esta idea de condiciones necesarias, condiciones suficientes y condiciones comitentes iremos luego con una digresión. Es una idea del Aristóteles.

Respecto al poder pasa lo mismo. Nos referimos a las “posiciones de dominio”: quien domina, quien ejerce el poder, no está exceptuado de ser o estar alienado: “no se puede mistificar a toda la sociedad (o a toda la institución) con una ideología sin que quien mistifica no se mistifique al mismo tiempo a sí mismo.” Reflexionen esto.

Entonces, el hombre se aliena a sí mismo, a otro, a la sociedad; y la sociedad se aliena a sus instituciones, pero “¿Qué es lo que se autonomiza así, por qué y cómo?”, pág. 184, obra citada.

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