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“El psicoanálisis tiene, en lo esencial, el mismo objeto que la política: la autonomía de los seres humanos”.

La frase anterior es de Cornelius Castoriadis y está en su obra Figuras de lo pensable, pág. 230, cuya referencia pueden ver en la bibliografía de este tema. Implica que los seres humanos son ineludiblemente seres sociales: no pueden existir sino en la sociedad y con un lenguaje que le aporta la sociedad y, a través de ese lenguaje primero y luego del resto de las instituciones, esa sociedad le aporta las significaciones que le dan sentido y crean su mundo, mundo social instituido que se vuelve mundo individual. El individuo es una fabricación social: lo construye la sociedad. Esta es una verdad al extremo: el individuo en soledad moriría: es inepto para la vida. Además, tampoco puede eliminar a los otros y sin los otros él no puede ser.

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Entonces, ¿cómo va a ser posible pensar un individuo autónomo, libre, sin una sociedad autónoma y libre? Es imposible. Esto nos lleva al doble problema de tener que pensar cada una de estas libertades y sus articulaciones.

¿Cómo ser libre si solo puedo vivir en la sociedad y con los otros? La respuesta es política: sólo podré hacerlo si puedo hacer y aplicar la ley como un igual con los otros. Si se me permite y soy capaz de establecer la institución social en igualdad de condiciones con los otros. Esto a nivel social.

A nivel individual, ¿cómo puedo ser libre si me gobierna mi inconsciente y no puedo eliminarlo ni ignorarlo? La respuesta psicoanalítica es: sólo podré hacerlo si logro establecer otro tipo de relación con mi inconsciente: poder saber, en lo posible, lo que le pasa para reflexionarlo y deliberarlo en su paso a la actividad consciente.

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