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El movimiento por La Ilustración se inspira en el deseo, la aspiración, la necesidad de sustituir la hegemonía de siglos de lo divino, la teología y la iglesia en los asuntos humanos y como única autoridad ante la cual el ser humano debe responder; y sustituirla por la hegemonía de la razón y el pensamiento como instrumento de secularización o paso de estos asuntos al mundo civil o laico. No es necesariamente anticlericalismo y ateísmo.

Se consolida en el siglo XVIII y sus antecedentes se encuentran en la aparición y el crecimiento de las ciudades europeas que viene produciéndose desde los siglos XII y XIII; y con ellas reformas políticas, sociales y económicas y también en el campo de las ideas, como vimos en el tema anterior. Aparece el renacimiento italiano y europeo. Los descubrimientos producidos por los viajes y el encuentro con el mundo. Las monarquías se organizan y aparecen-reaparecen las ideas de nación, Estado y burocracia, atención con éste término. Otro antecedente es la revolución científica del siglo XVII con G. Galilei (1564-1642), J. Kepler (1571-1630), R. Descartes (1596-1650), I. Newton (1642-1727), G. Leibniz (1646-1716). Antes L. Da Vinci (1452-1519) y N. Copérnico (1473-1543). Estos avances se completarán con la aplicación razonada de la ciencia a la técnica y de ésta a la industria; y de mejoras en la producción que se apuntalan especialmente con la aparición de la máquina de vapor en 1707, pero no solamente. Con estas mejoras crece el comercio y la administración.

Todas estas fuerzas y circunstancias van a dirigirse contra el Antiguo Régimen y decantan en el siglo XVIII en el proyecto de hacer una revisión crítica de la realidad natural y social, se instala una nueva idea del tiempo y del progreso y se retoman las ideas de libertad, igualdad y justicia en la tierra. Nuevamente el hombre siente que tiene que hacer algo consigo mismo, la sociedad y la historia.

Pero no hay que caer en falsas conclusiones: no es que estas ideas “aparecen” y/o se deben a los intelectuales sino que se van adueñando de la realidad social y de la actividad de las comunidades en un movimiento real de la historia que comenzó en los siglos XII y XIII, aproximadamente. Tampoco es que la aparición de las ciudades como fenómeno objetivo produjo las ideas que apuntalan esta historia; como hemos visto antes, ciudades hubo antes y no por eso aparece el movimiento por la autonomía; hay que entender, las ciudades permiten los cambios pero no son sus causas.

Tampoco  finalmente es que la base técnica y la economía producen o generan de manera autónoma el resto de los cambios, no es así. Lo técnico-económico condiciona, pero no es que causa: esto es, sin él no se da el cambio, pero no es que el cambio se da por él. No es lo mismo. Estamos hablando de las causas comitentes o concomitantes y no de una causalidad originaria en el sentido de la causalidad positivista. Esto merecerá una digresión aparte, atención. Es importante.

Adam Neate, Dimensional paintings 5 Vía butdoesitfloat.com

No se concluya, por tanto, ninguna relación axiomática y unívoca entre ciencia, avance técnico y desarrollo económico, pues no fue así. Puede constatarse que los británicos concentraron los primeros avances en todos los  sentidos hasta la primera mitad del siglo XIX, pero luego esta tendencia cambia y son los Estados Unidos, Alemania y otros quienes comienzan a liderar. Por ejemplo y no es cualquier ejemplo, “la energía eléctrica y el motor a combustión interna estaban haciendo rápidos progresos en otros lugares, mientras que Gran Bretaña, con su soberbio equipo industrial basado en la fuerza de vapor, aprendía lentamente que lo bueno es enemigo de lo mejor”. Hacia 1857 “los Estados Unidos habían emitido un 35% más patentes que Gran Bretaña” (Historia de la tecnología, T. K. Derry  y Trevor I. Williams, Siglo veintiuno editores, Tomo I, 2002, Madrid, págs. 400 y 404).

Retomando nuestra exposición, los principales exponentes de La Ilustración fueron filósofos y economistas franceses e ingleses que propugnan que la razón debe estar por encima del Rey y que se debe gobernar con base en esta razón, aparece la idea de la separación de los poderes. El clero y la aristocracia son desplazados, así como también los siervos (los esclavos permanecen en las colonias, no olvidar). Se impone la burguesía como clase social.

En lo económico, desde mediados del siglo XVIII se sustituye el mercantilismo y el monopolio del Estado por las ideas fisiocráticas primero y luego por el liberalismo económico: libertad de comprar, producir, vender y trabajar, sin la intervención del gobierno. Se reinstala una intensa discusión acerca de la naturaleza del valor y la riqueza y sus orígenes y causas. Aparece la economía política clásica: Adam Smith (1723-1790) y David Ricardo (1772-1823) son sus padres reconocidos. El  siguiente gráfico puede ayudar a visualizar. Está tomado de internet. Como todo esquema es reductivo, debe verse con cuidado y sin esperar encontrar todo allí:

La Ilustración

Podemos ver La Ilustración como un gran movimiento cultural que cambió al mundo, siempre que no olvidemos que el mundo viene cambiando y la Ilustración, como movimiento intelectual y científico, decanta y cataliza este cambio cuyo origen está en otro lado y es muy complejo: nada es efecto simple de una causa simple. Un excelente ejemplo de esto es el capitalismo como sistema social. Veamos cómo reporta Castoriadis el suceso histórico de su aparición:

“Centenares de burgueses, visitados o no por el espíritu de Calvino y la idea de ascesis intramundana, se ponen a acumular. Millares de artesanos arruinados y de campesinos hambrientos se encuentran disponibles para entrar en las fábricas. Alguien inventa una máquina de vapor; otro, un nuevo telar. Unos filósofos y unos físicos intentan pensar el universo como una gran máquina y encontrar sus leyes. Unos reyes continúan subordinando y debilitando a la nobleza y crean instituciones nacionales. Cada uno de los individuos y de los grupos en cuestión persigue unos fines que le  son propios, nadie considera la totalidad social como tal. Sin embargo, el resultado es de un orden totalmente distinto: es el capitalismo”. Castoriadis, La institución imaginaria de la sociedad, pág. 73, ver bibliografía de este tema.

Lo que está detrás de esto es lo que desde Marx conocemos como “lógica histórica”, que no es aristotélica y, como veremos, tampoco dialéctica. Castoriadis la llama lógica de magmas. Volveremos sobre esto.

El nuevo conjunto de significaciones imaginarias sociales que van a dominar con todo esto es el régimen capitalista, tal como lo conocemos. Vamos a caracterizar el positivismo como renglón ideológico central en la creación de estas significaciones y luego entraremos en el análisis de este sistema y de la economía política que lo apuntaló.

 

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