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Hemos dicho en otros aportes que con Platón se inició en forma la torsión unitarista, ontología unitaria o teología racional. Pasarán 25 siglos para que este proyecto diera su circuito completo con Hegel, quien cumple la pretensión al 100%: todo lo real es racional y todo lo racional es real, afirma. Se trata de la “Teología racional óptima”, pero superior a la teología y a las religiones, “porque ella es filosofía”. Este es Hegel.

Primero fue Parménides –pensar y ser es tautón-, luego Platón –el ser implica lo otro-, para concluir con Hegel: pensar y ser es lo mismo. “Lo mismo es lo otro y lo otro es lo mismo”.

El principal responsable es Platón. Pero, ¡atención!, muy importante, aún y cuando es Platón este responsable, para Platón, al igual que para Aristóteles, hubo siempre “un exterior, otra cosa, además del pensamiento: el pensamiento tiene que habérselas con algo diferente a sí mismo”. Estamos entrando en territorio importante, atención.

Este exterior, para Platón, que no es accidental ni contingente: es la materia. Recordemos, para Platón, El Demiurgo, ese “artesano”, no crea el mundo totalmente, pues no crea la materia y en consecuencia, así como para Aristóteles, la materia no es pensable, es “incognoscible” ¡Muy importante!

Castoriadis reintroduce la discusión sobre los tres pares de ideas que están en la captación griega del mundo: eînai/pháinestai (ser/aparecer), alétheia/doxa (verdad/opinión) y phúsis/nómos (naturaleza/institución-convención). Para los griegos la más importante, de lejos, es la última, Phúsis-Nomos. Vamos con calma con esto:

Phúsis (naturaleza) es el “empuje propio de la cosa, y de la totalidad de las cosas”; y nomos (institución-convención) es el reparto, la ley del reparto: pero se trata de una ley “establecida por los humanos”, página 362. Esta diferenciación “humana” del nomos es de la mayor importancia, porque se opone en estricto sentido a la phúsis. No pasa igual con los otros dos pares.

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En ser/aparecer y verdad/opinión, los griegos no veían opuestos, ¡atención!, no veían oposiciones. Esos pares están en todas partes y desde el comienzo incluso en el lenguaje: en toda lengua se puede diferenciar entre “ser” y “aparecer”; y “verdad” y “opinión”. No los consideraban pares contradictorios ni opuestos puros y simples. El ser debe parecer y la verdad no puede expresarse más “que en la doxa”.

Ni siquiera en el Teéteto de Platón, la episteme es saber seguro, sino que es ”metà lógou orthè dóxa, es decir, una opinión recta acompañada de logos, de razonamiento, de motivación, de capacidad de dar explicación”.

Pero, la oposición naturaleza/convención funcionaba de otra manera –es creación original de los griegos- porque es infranqueable: los seres humanos no pueden vivir sino en el nomos. Entiéndase, para los griegos, nadie, ni los dioses, se puede ocupar del ser humano y sus creaciones; y, además, tampoco había “leyes” que garanticen el nomos: entonces son los mismos hombres quienes deben resolver. Con esto se sustenta el paso de la heteronomía a la autonomía: Nuestras Leyes (para los griegos) no tienen nada de naturales, son opuestos infranqueables.

Y ¿dónde está la torsión de Platón? Pues en que “oblitera” esta oposición (obliterar: cerrar un conducto o cavidad, anular, tachar o borrar). Platón va a proponer una Ley y una ciudad que “correspondan” a la naturaleza humana y, a partir de allí, todos los otros nómoi no sirven, no van a servir, porque si tenemos la Ley y la Ciudad “ideal”, ¿para qué conformarse con otra?. Entonces, para Platón los otros nomoi son, serán, corrupción. Aristóteles no suscribió esta tesis.

Ahora bien, repetimos, para Platón y Aristóteles “la ontología unitaria no llega a su acabamiento”, página 364. No puede llegar porque el Demiurgo no abarca todo, no crea todo, sino hasta donde le es posible y no puede con la materia, a la que no crea.

Castoriadis nos dice que luego el encuentro entre la conclusión a la que llega Platón –la multiplicidad de los nómoi es corrupción- y el “Dios hebraico tendrá una gran importancia para el cristianismo. A las creencias múltiples y erróneas de los pueblos se opone la única verdad, resultado de la luz sobrenatural de la Revelación divina, que sustituye con ventaja a la teoría del filósofo que contempla la idea del bien”. Finalmente, veintitrés siglos después Hegel va a llevar a cabo la inclusión de la historia en el sistema. Hegel va a corregir o completar al Demiurgo de Platón. Veamos esto en la siguiente parte quinta y última de este tema.

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