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En los poemas homéricos se encuentran los aspectos esenciales de la cultura griega. Los nuestros se encuentran en las tres grandes religiones monoteístas y sus fuentes: el Antiguo Testamento, la Biblia y el Corán. Comparando ambas creaciones podremos captar mejor aquella y, por qué no, también ponernos en perspectiva respecto a nuestras propias significaciones.

Los poemas se recogen, como sabemos, en La Iliada y La Odisea. No son textos sagrados para los griegos, son poesía. Atendamos a este primer aspecto de nuestra comparación, porque no se trató de configurar la idea de un profeta dador de sentido: son leyendas populares que se hacen poesía y que luego van a significar para esa cultura una forma de ver el mundo, “su” mundo. Su autor no es un profeta ni es Dios, sino un poeta. ¿Y qué hace un poeta? Pues un poeta crea, recuerda, dice, cuenta, no prohíbe, no impone, no da órdenes, no promete. Los griegos no los consideraban Libros Sagrados y ni siquiera literatura: son más bien institutivos, con ellos se aprende a “ser” griego.

David Linn, Sin titulo Vía ArtReview

Son depósitos de significaciones imaginarias fundamentales y, a la vez, fuente de esas mismas significaciones para quienes los escuchaban, leían y aprendían. Homero es un educador e institutor. Occidente no tiene un equivalente para un texto así. Con la Ilíada se aprende a leer y los poemas se aprenden de memoria. Se cantan estos poemas en las fiestas y se les representa en entrada libre para todos, sin discriminación: niños, mujeres y esclavos; y no sólo “ciudadanos”.

Cuando decimos que Homero sólo dice y que sólo “recuerda” es estrictamente cierto, porque cuenta lo que escucha de las musas, diosas de la creación de lo bello y la poesía, las musas son hijas de Mnemosine, que es la memoria. Y, bueno, preguntémonos, modernamente: ¿qué es la creación? Nuestra respuesta moderna sería que es el producto de la imaginación radical, imaginación que, atención, presupone la memoria, la requiere y también la excede. Los griegos lo tuvieron claro desde un principio. El problema no es banal porque occidente se formó luego la idea de que la imaginación siempre es “reproducción” de lo real o degeneración de lo que existe y no es así: la imaginación también es creación radical.

No hace falta, por otra parte, recordar que en su esencia y en su forma las tres religiones monoteístas contemporáneas contienen una revelación que es “la” revelación e impone la verdad al mismo tiempo que es intolerante con las verdades de las otras religiones.

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