​Sobre diálogos y transparencia

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Miguel Aponte @DoublePlusUT

La democracia no es solo formulario y procedimiento, por más perfectos que estos fueran; y no lo serán nunca. Ni siquiera una Constitución Democrática es algo más que papel y letras, puede prometer todo y no garantizar nada. Venezuela es nuestro mejor ejemplo, sin ser único: el régimen chavista promulgó la “mejor constitución del mundo” y, desde el primer día la ha violado como le da la gana.

El origen de tal repugnancia está en que para el comunismo, militarista, autoritario y populista, vale la máxima según la cual “el fin justifica los medios”. Todo vale si al final “se triunfa”; y, ¿por qué? Porque el comunista -que no está sólo en esta absurda actitud- cree ser el único que “tiene razón”. Frente a esto, ¿qué importancia tendrían unos cuantos presos y muertos aquí o allá? ¡Siempre será menos que la felicidad que nos espera!

Semejante estupidez -que se puede tener toda la razón y hasta matar por cuenta de ella- se originó en la idea hegeliana y marxista del porvenir histórico; y decimos esto solo para constatar que hasta el mejor filósofo en política es igual que usted y que yo, simplemente porque en este terreno no hay “ciencia segura”, sino solo la opinión individual y colectiva.

Debería ser claro que si lo máximo que podemos aspirar en política es a la mejor opinión, lo menos malo siempre será que opine el mayor número de ciudadanos o, cuando no sea posible, al menos se mantenga la mayor transparencia. Claro, esto molesta a cierta visión “aristocrática”, acomplejada, y al político profesional, que cree saber más y que además tiene el “mérito” de ocuparse todo el día del asunto; pero acá también se equivoca y sólo muestra el “gramito” de dictador que tiene, presto a manifestarse. Es, en realidad, arrogancia y desprecio lo que lo domina.

Así pues, la democracia es una institución trágica y es muy fácil que termine traicionada por todos. Los chavistas nunca entenderán esto, pero, ¿acaso sería demasiado aspirar que la oposición democrática sí y actúe en consecuencia?

Ni mil veces mil

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Miguel Aponte @DoublePlusUT

¿Cómo pretender que el chavismo se justificó porque regalaron más cosas que la democracia en menos tiempo, si es que eso fuera cierto? Ni mil veces las baratijas que regalaron los justificaría. ¿Cómo no ver que sólo innovaron en el “exceso” de lo peor de lo que ya tuvimos? En materia económica, luego de un periodo de falso bienestar montado irresponsable y criminalmente sobre una chequera petrolera que creyeron interminable, lo que dejaron fue ruina, hambre, muerte, corrupción, ignorancia y estupidez. Todo después de despilfarrar en 17 años la mayor cantidad de recursos y poder que haya tenido gobierno alguno en Venezuela en toda su historia. ¡Si esto es un proyecto de país se los regalo y pago para que se lo lleven!

¿Sobre qué base se perfiló la economía socialista del siglo XXI? Pues sobre la idea, cínica y estúpida, de que el capitalismo mundial sostendría precios siempre altos para el petróleo, creyendo ellos que así dominarían a los venezolanos, también para siempre. Por eso la burocracia de día habla pestes del capitalismo y por la noche reza para que el mercado suba los precios del único bien que proporciona ingresos: el petróleo, una industria que también acabaron. Su idea era que con tales recursos se abría la posibilidad simultánea de arruinar a todos mientras se lograba convertir al Estado y, peor, al PSUV, en el único benefactor. Lo primero lo lograron, lo segundo ni hablar.

Por eso su verdadera “política económica” consistió en lograr un venezolano inútil que agradeciera ser mantenido en su miseria, material y espiritual. A cambio, el régimen controla y usted se somete. Punto. Desde el comienzo vieron dos opciones, ambas horrendas: Cuba y los Castro, un régimen sin economía, sin libertad y sin democracia; o China, productivismo sin democracia. El régimen chavista optó por el cubano, el peor. Pero tampoco es que sean más culpables los Castro que los artífices locales, pues nadie puede responder por la estupidez de otro ni atenuar su responsabilidad. ¿O no es así?

 

El fracaso chavista

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Miguel Aponte @DoublePlusUT

El chavismo expresa la experiencia máxima del populismo que inevitablemente enferma de poder y se corrompe, corrompiendo todo lo que toca. En toda sociedad y todo individuo existen dos ámbitos en tensión permanente que no pueden eliminarse: lo público y lo privado; y, por tanto, conviven valores distintos que no siempre están en armonía, pueden oponerse, no solo entre sí, sino, eventualmente, cada uno de ellos incluso consigo mismo. Es por esto que la vida humana es compleja e interesante.

El chavista reduce a nada toda esta complejidad y con ella las exigencias de la diversidad propia de la sociedad; crea un mundo falso donde deliberar, reflexionar, cuestionar e incluso dudar es imposible, dado que solo le importa él y su discurso. El chavista revisa y reconstruye los valores de la comunidad, del país y, eventualmente, los valores universales, a imagen de sus propios delirios ordenadores y enfermos. Piensa, ridículamente, que si él se va a ocupar de todos, un ciudadano autónomo, con criterio propio, es un estorbo.

La racionalidad reductiva del chavista forza la realidad y se coloca fuera del mundo humano para divinizarse, encimarse sobre todos los demás y parecer moralmente superior. Entonces, todo mundo debe someterse o deja de ser “sensato” a los ojos del chavista. Se pierde así el derecho a ser “particular” y a pensar con “argumentos individuales” sobre los “asuntos universales” que aquel impone. Para el chavista quien discrepa está desviado o enfermo, debe ser corregido o curado; y, si esto no resulta, debe expulsarse o eliminarse.

Por eso su lenguaje se fanatiza e identifica perversamente conceptos diferentes como, por ejemplo, que él “es” el Gobierno, el Estado, la Patria y el mismísimo futuro. Quiere convencer a todos de que es “indispensable” y que quien lo cuestione, viola valores sagrados y, por tanto, es indigno, antipatriota y enemigo. Gracias a esta ceguera gobernarían muy bien en el desierto, pero jamás en una sociedad real y concreta. Son unos fracasados.