Cinco frustraciones bastan

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Miguel Aponte

Un país con un salario mínimo de $9 mensuales y pobreza creciente, ¿tendrá futuro sin superar radicalmente esta situación? La respuesta es obvia. ¿No es obligatorio entonces colocar en el primer lugar de la agenda democrática del siglo XXI la transformación social como objetivo explícito de la nación? ¿No está Venezuela frente a la oportunidad histórica de, al fin, no repetir sus propios fracasos? ¿No debemos recusar con claridad aquellas significaciones imaginarias que han fracasado? ¿No se trata del imaginario paternalista, autoritario, caudillista, populista y, por tanto, marcadamente antidemocrático?

No planteamos el asunto en los manoseados términos liberal o marxista. Tales ideologías, al secuestrar la idea de democracia y someterla a sus respectivos dogmas, han degradado sus posibilidades. El primer resultado de este empobrecimiento de perspectivas es su maniqueísmo compartido: si usted no es marxista, es porque es liberal y viceversa. Pero, pregúntese, ¿por qué? Si la democracia se inventó mucho antes que las ideologías, ¿de dónde sacan éstas que sin ellas aquella sería imposible? Volvamos a la reivindicación social.

Se trata de eliminar pobreza y exclusión con libertad, es decir, en el marco de una sociedad capaz de promover individuos autónomos. No buscar igualdad eliminando libertad y tampoco libertad justificando desigualdad. Sin libertad el proyecto humano pierde sentido y con desigualdad se hace imposible. En esta tensión el proyecto político por la democracia ofrece una solución creadora de sentido y de instituciones, como territorio de posibilidades reales. Así entendemos la reivindicación social.

Ahora bien, como reflexionaba el maestro Maza Zavala ya en 1980 en una  entrevista memorable, ¿cuántos ciclos son necesarios para lograr la reivindicación social de la ciudadanía? La historia del país nos muestra que esta ciudadanía, el pueblo, hizo siempre lo suyo para cambiar situaciones de pobreza, injusticia y desigualdad; las mismas veces terminó traicionada por el poder luego instituido, sus clases dirigentes -políticas y económicas-, sus respectivas burocracias e intelectuales, enumeremos: la independencia, la guerra federal, el guzmancismo, la revolución democrática del 58, con sus antecedentes en 1928 y 1936; y la revolución chavista del 99. El pueblo siempre estuvo “por encima de los líderes”. En 2015, venciendo miedo y trampas, en forma pacífica y decidida, por sexta vez, los ciudadanos salvan la nación y otra vez el desafío es para la dirigencia. Veremos si hoy tiene la madurez, coherencia y decencia requeridas para hacer su parte y cambiar la historia. Fue Hannah Arendt quien dijo que la libertad es mucho más importante que el socialismo o el capitalismo. Ojalá tengan esto en cuenta para que cinco frustraciones basten.

Referencias:

Blanco Muñoz, Agustín (1986), Venezuela: historia de una frustración, habla D. F. Maza Zavala, Expediente Editorial, Cátedra Pío Tamayo, Caracas, página 36 y siguientes.

Música y pensamiento: http://www.rtve.es/alacarta/audios/musica-y-pensamiento/musica-pensamiento-hannah-arendt-30-12-15/3427889/

Salario mínimo de Cuba supera al de Venezuela y es de apenas $9 mensuales: http://www.talcualdigital.com/Nota/122852/salario-minimo-de-cuba-supera-al-de-venezuela?platform=hootsuite

Salarios mínimos: Venezuela $32; Colombia $222; Brasil $236; Perú $266; Ecuador $354; Panamá $667: http://bit.ly/1JgBnc1 

Enredo y Fracaso

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Miguel Aponte

El régimen es institucionalmente inviable. Él mismo es acumulación de supuestos falsos, manipulados e imposibles, ¿quién puede imaginar un “proyecto social” a partir de este caldo de sobras ideológicas? El final tenía que ser el enredo y el fracaso. Apostó su capital político y económico, que fue enorme, a la destrucción institucional sin estrategia de sustitución, dando por sentado que “lo que sea y cuando sea” podía imponerse desde arriba o por el poder mágico de un elegido -comandante supremo- que tendría el privilegio de “saber lo que conviene a todos todo el tiempo y para siempre”. Un absurdo sobre otro. El socialismo sólo existió en el corazón de los incautos y para beneficio de la burocracia estafadora y algunos “intelectuales”.

Hay quien sostiene que los chavistas que entienden no gobiernan y los que gobiernan no entienden, sin advertir que la situación del chavismo es aún más grave: si esos que “entienden” gobernaran, empeorarían al país y, de paso, tampoco convendría a los que están, porque iría contra los intereses privados que impone la corrupción; en otras palabras, nunca entendieron lo que aún entendiendo hubiera fracasado. ¿No me cree? Espere a ver los resultados del nuevo gabinete económico, si es que los dejan hacer.

Pensemos en la gestión de la economía que, por un universo de razones, es la primera en la lista de prioridades nacionales: la “política económica”, si pudiera llamarse así, no fue más que -hablamos ya de este régimen en tiempo pasado- una combinación de ignorancia y malas intenciones, como si el asunto pudiera manipularse desde el deseo, todo montado sobre el resentimiento infantil del “quítate tú…” Es difícil en verdad pensar cómo fue posible concentrar tanta mediocridad. ¿Ahora, luego de siete habilitantes, vienen con un “decreto de emergencia económica”? Incluso en el supuesto negado de que la burocracia supiera qué hacer con la economía, después de 17 años, más de 1,7 millones de millones de dólares y todos los poderes públicos secuestrados, habría que negárselo. 

Pero el cinismo vulgar de la burocracia es infinito: Diosdado dice que no importa que la Asamblea haya negado el decreto, como si tal cosa fuese lo importante y no su carencia absoluta de ideas, Aristóbulo alega que lo que ha fracasado no es el socialismo, “porque no lo hemos construido”. ¿Pero es que entonces se puede saber qué era lo que estaban construyendo? ¿Cuál es ese socialismo inexistente y puro que este señor ahora nos revela como una religión inalcanzable y fantástica? ¿Qué son, políticos o brujos? ¿Están locos o creen que la gente es estúpida? ¿Hasta dónde piensan abusar de la paciencia ajena? Señores, en serio, quienes fracasaron en su propio enredo y mediocridad fueron ustedes, ahora, por favor, vayan haciendo sus maletas.

Referencias:

¿Entonces, qué es lo que hicieron con $1,7 millones de millones,17 años y todos los poderes?¿Engañaron a todo mundo? https://t.co/wHIZWXfqOn 

Eso es lo de menos. Lo grave es que si lo cumplen hundirán aún más el país. Además, cuál pueblo. Ellos no son el pueblo https://t.co/qAvF8Owexb 

 

Venezuela: ¿por qué no?

Miguel Aponte

Venezuela, un pequeño país de 30 millones de habitantes, con recursos -incluyendo ese “desafío” que es el petróleo-, una población privilegiada por su mezcla cultural y racial, en buena parte formada; y en todo deseosa de ver cómo la realidad de los hijos mejora la de sus padres, ¿por qué este país no va a poder crear otra realidad? La historia, nadie lo dude, debe tomarse en cuenta, no para renegar sino para aprender y, de verdad, no repetir lo indeseable. Pero no basta revisar la historia para superar la repetición. Entonces, ¿qué más falta para lograr el verdadero aprendizaje y no repetir? ¿Por qué no encauzamos el país? ¿Qué lo impide? ¿Un enemigo externo? ¿Factor racial? ¿Incapacidad cultural? Comencemos por rechazar estos argumentos: es falso que no superemos nuestros problemas por culpa de “otros” o que seamos cultural o genéticamente incapaces. Creer eso sí que nos vuelve incapaces, como han demostrado, esperemos que por última vez, estos 17 años que, en realidad, enlazan con el largo ciclo populista, caudillista y militarista venezolano. Un ciclo que debemos y podemos ahora cerrar. ¿Por qué no?

De hecho, lo ocurrido el 6D-15, ratificado el 5E-16, no fueron actos de repetición protocolar de lo mismo: ocurrió allí la emergencia de una situación políticamente nueva, otra en verdad, que va mucho más allá del cambio de unos políticos por otros: ese mismo país que muchos consideraron incapaz, perdido, irrecuperable, vendido al populismo y rendido al miedo, dijo: NO. Incluso quienes votaron por el oficialismo, excluyendo la minoría burocrática y corrupta, lo hicieron bajo protesta y quieren también un cambio; y peor para los “jefes” chavistas si no lo ven. Toda esa comunidad política no compró más el discurso disociado, autoritario y populista, porque comprendió que constituye la misma estafa. Ocurrió nuevamente la emergencia democrática: oportunidad tangible de dar espacio y tiempo real a otro país. ¿Por qué no?

Ahora bien, si subordinamos esta oportunidad a viejos mitos y a la misma desconfianza en la capacidad del pueblo, vamos a repetir sobre algo nuevo creencias viejas y, con toda seguridad, se volverá a fracasar. Para responder al 6D, hay que vencer ideas atrasadas y falsas, creer que el país sí puede cambiar y cambiarse; el pueblo hizo lo suyo y ahora el desafío es para los dirigentes democráticos. Este cambio requiere pensar ese “otro” país, hablar claro y completo, confiar en la capacidad nacional de entender y participar en los problemas y sus soluciones, aunque sean difíciles y precisamente porque son difíciles; y, finalmente: sobre todos los egos, mientras la conducta del régimen continúe esquizofrénica, defender y trabajar todos en, por y con la unidad estratégica de los factores democráticos. ¿Por qué no?

 

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