Razones para ser optimistas

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Miguel Aponte @DoublePlusUT

Desde años el problema de Venezuela no es económico. Así mismo y con todas las letras, escribo bien y usted no está leyendo mal: el problema no es económico. Esto, aunque es verdad que el país se encuentra hundido en la mayor miseria, imposible de imaginar nunca jamás e igualmente imposible de justificar bajo ningún respecto. No vamos a sostener lo que decimos en la falsa conseja de que “Venezuela es un país rico”, que históricamente ha resultado tan nociva para todos.

Es verdad que aún poseemos recursos y que dispusimos de un recurso humano aventajado, es verdad que con trabajo y una apropiada organización económica y social, valga decir, institucional, no hay ninguna razón para estar sumidos en la desgracia que destruye a Venezuela en todos los órdenes. Pero de ninguna manera fuimos nunca ese pregonado “país rico” con que, apartando una mayoría de ingenuos, muchos políticos y aprovechadores se llenan la boca para adormecer la conciencia nacional y abusar de la ignorancia y estupidez local. En todo caso, habríamos sido un “pobre país rico”, afirmación en verdad cursi y engañosa, que solamente serviría para mantener hundido el imaginario local en la vulgar novela de las ocho con que el populismo político controla -no para siempre- el destino nacional.

En verdad, el problema de los venezolanos es político e incluso prepolítico y se alimenta de falsas creencias que esos políticos y aprovechadores han estado siempre muy contentos de promover mientras los venezolanos se han mantenido siempre muy entusiasmados en creer. Solamente cuando los venezolanos despierten y admitan con entusiasmo que la única manera de construir un país es con trabajo, política y ética en todos los órdenes, individual y colectivamente; cuando dejen de creer en profetas, cuando ya no busquen el héroe que venga a salvarlos y elijan el trabajo y el esfuerzo, emergerá la dignidad indispensable para construir ese país que todos queremos. El cambio se observa en muchas partes y paradójicamente, precisamente en medio de tanta miseria, hoy hay verdaderas razones para ser optimistas.

Expertos en miseria

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Miguel Aponte @DoublePlusUT

El régimen es experto en generar miseria y luego repartirla, es lo que ha hecho por 18 años, desperdiciando la mayor cantidad de recursos jamás recibida, con todos los poderes públicos secuestrados y luego de haber gozado y perdido la mayor adhesión popular que jamás nadie tuvo y, esperamos, jamás nadie volverá a tener. Hoy nadie puede ocultar que el régimen es el único culpable de crear la ruina económica con que después justifica medidas y controles cada vez más absurdos y costosos que no funcionan y no funcionarán pues son innecesarios en una economía sana e imposibles en una enferma.

Los chavistas -los jefes y su burocracia, se entiende- han privatizado todo. El país hoy, aunque ya por poco tiempo, les pertenece con la excusa de que así, en virtud del mito comunista de la eliminación de la propiedad privada, “pertenece a todos”. En realidad, abusan de los bienes comunes de la sociedad venezolana, usándolos en su muy privado provecho, sin autorización de sus legítimos dueños, los ciudadanos, usted y yo. Han usurpado lo privado y lo público; confundiendo y diluyendo su enorme irresponsabilidad e ignorancia tras consignas fracasadas, necrófilas e incluso completamente cursis y estúpidas.

La verdad es que los burócratas chavistas no tienen pensamiento económico, ni capitalista ni socialista ni ninguno y se niegan a pensar nada que se aparte de su única estúpida obsesión: controlar el país para siempre, aunque esto signifique matar de hambre y mengua a los venezolanos que sea necesario. No les importa Venezuela; por lo tanto, sólo les queda el cinismo, la repetición en el vacío, la magia, conejos de circo, como el petro y la trampa, como esa ANC y sus elecciones fraudulentas. Así las cosas, el régimen pierde la mentada guerra económica simplemente porque él la creó, es el único responsable: él la inventó. Pierde también la guerra política, pues con más del 80% de pobreza, ni siquiera con trampas podrá legitimar la miseria y la estafa que representa.