​¿Quién mató la democracia?

Miguel Aponte DoublePlusUT

Trump denigra de México, construirá un muro y no lo pagará, deportará inmigrantes -olvida que EE.UU es una nación de inmigrantes-, aprueba la tortura, confía por igual en Putin que en Merkel, gobierna por tuiter porque “los medios son deshonestos”, es segregacionista, racista, “patriotero”, se opone a todo acuerdo si no responde incondicionalmente a sus propios fines. Aviva el odio social y la intolerancia y propone una grandeza basada en la destrucción ajena. Para él, el infierno es siempre el otro. ¿Tomaría lecciones con Chávez o Sartre? 

Se trata de un discurso efectista, reactivo, vulgar, que busca impactar en una población que tiene miedo y no sabe qué pensar y cómo hacer frente a problemas reales. Trump no está solo, Putin en Rusia, Tayyip Erdoğan en Turquía, Marie Le Pen en Francia, Viktor Orbán en Hungría. Geert Wilders en Holanda; y, por la izquierda, Iglesias en España y toda la banda protochavista latinoamericana.

Sujetos así, ¿nacen o se hacen? ¿Cómo es que la sociedad contemporánea los produce en tal número y variedad; y, además, los pone a gobernar? El argumento de todos es que “basta de lo políticamente correcto”. Es autoritarismo revestido de falso amor a unos y desprecio real a todos.

Se aprovechan del dilema del prisionero: la gente estará mejor si se apoya, pero el miedo la conduce a rechazarse; al final, todos empeoran. Esta deriva (psico)lógica, archiconocida, funciona trágicamente igual en quienes por observar una conducta inapropiada en alguien, terminan justificándola en cualquiera, aun discrepando. Así todos terminamos actuando como presos irracionales.

Por razones seguras estos “líderes” fracasarán, pero en el camino dejarán daños incalculables y, quién sabe, quizá hasta una tercera guerra. Ingresaron por la puerta grande que -entre otros- les abrió la política vacía, que atrofió el ideal democrático reduciéndolo a reformismo y mercadotecnia electoral, olvidando que requiere trabajo, ciudadanos y visiones coherentes y que valga la pena defender. 

¿Democracia o esclavitud?

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Miguel Aponte @DoublePlusUT

La representación no es democracia. Los pensadores originales se conformaron con este esquema sabiendo que negaba la democracia, porque creyeron que el número, la población y las complejidades de las sociedades modernas hacían imposible el ideal democrático. Quienes les siguieron, marxistas y liberales, dejaron de pensar en serio el asunto y el resultado ha sido la muerte “lenta” de la democracia y la sustitución de ciudadanos por vasallos.

 

Observe usted cómo los EE.UU elige a un presidente que realmente perdió los comicios electorales. Un exabrupto. Pero lo peor puede empeorar y en Venezuela vemos cómo la representación comienza por “elegir” a un aspirante que quiere el pueblo, Chávez, para enseguida votar por otro impuesto a dedo por aquel, Maduro, para ahora -pronto quizá- terminar con otro que nadie eligió ni elegiría: El Aissami u otro. Esto es representación, pero sin duda no es democracia.

 

¿Cómo es posible que un gobierno, que siempre será temporal, pueda tener la capacidad de hipotecar o vender el establecimiento económico de todo un país, regalar el petróleo o empresas como Citgo, para financiar sus vagabunderías circunstanciales? ¿Cómo es posible que pueda administrar -si es que le toca en suerte- los incrementos de recursos que, como traumas imposibles de asimilar, vienen con los aumentos de precios petroleros, imponiendo programas, megalómanos, imposibles y hasta ridículos, que concluyen siempre con mayor pobreza de los pobres y mayor poder para una burocracia corrupta? Esa es Venezuela.

 

Pero la desgracia de todos aumentará si usted añade la reelección indefinida e impide la revocación inmediata. Entonces, este será un país de esclavos. Es lo que hizo Venezuela en 2009: se suicidó políticamente a sí misma. Así pues, si, para comenzar, no llevamos nuestra democracia a la elección directa, con revocación inmediata, sin reelección indefinida y con límites de administración para los gobernantes de turno, el país marchará siempre hacia su propia ruina y esclavitud.

MIENTRAS DURE ESTA MÚSICA

Grand Tour

MIENTRAS DURE ESTA MÚSICA

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Ferdinando Scianna, Borges en las ruinas de Selinunte (Sicilia) 1984. (Magnum Photos)
Mientras dure esta música,
seremos dignos del amor de Helena de Troya.
Mientras dure esta música,
seremos dignos de haber muerto en Arbela.
Mientras dure esta música,
creeremos en el libre albedrío,
esa ilusión de cada instante.
Mientras dure esta música,
seremos la palabra y la espada.
Mientras dure esta música,
seremos dignos del cristal y de la caoba,
de la nieve y del mármol.
Mientras dure esta música,
seremos dignos de las cosas comunes,
que ahora no lo son.
Mientras dure esta música,
seremos en el aire la flecha.
Mientras dure esta música,
creeremos en la misericordia del lobo
y en la justicia de los justos.
Mientras dure esta música,
mereceremos tu gran voz Walt Whitman.
Mientras dure esta música,
mereceremos haber visto, desde una cumbre,
la tierra prometida.
MUSICA GRIEGA…

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