El desafío democrático

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Miguel Aponte

El chavismo, guste o no, tiene su proyecto para Venezuela, allí está: es Venecuba; su versión escrita es el Plan de la Patria. Es esa momia. Una estafa imposible que ahora los Castro intentan mutar, siempre bajo su control y con creciente intervención China, hacia el modelo “mercantil autoritario” o como se quiera llamar; siempre mirando a Venezuela como su colonia: absurdos de la historia, donde, de paso, (¿algunos?) capitalistas y comunistas, “al fin”, hallarán la forma de echarse en la misma cama, para desgracia de la democracia y la perplejidad simultánea de Adam Smith y Carlos Marx. Lo imposible, pues, hecho posible.

El socialismo triunfará

Ahora bien, ¿cuál es el proyecto opositor? No es, esperemos, el discurso autoritario. Pero, ¿será un ingenuo regreso a la “ilusión de armonía” del siglo XX? ¿Populismo de derecha? ¿Liberalismo trasnochado? ¿Qué es lo que quiere hacer con el país? Recordemos que nuestra miseria actual es el resultado final del largo ciclo caracterizado por un imaginario bien identificado y que dominó el siglo pasado y hasta hoy: rentismo, estatismo, populismo, caudillismo y militarismo. Por lo tanto, repetimos, ¿cuál es el proyecto opositor?

El proyecto forma parte esencial del hacer político: constituye y encarna la razón y el sentimiento por los cuales los venezolanos vamos a salir de la estafa comunista/populista para construir otra cosa. No tiene que ser y no es algo acabado, esto es absurdo y sería otra momia. Pero tiene que plantearse como norte. La oposición no puede evadir esta pregunta central por un sinnúmero de razones:

PRIMERO: el ciclo rentista-populista está agotado, lo que representa la oportunidad histórica de incorporar al país al siglo XXI con el apoyo nacional. SEGUNDO: carecer de “Proyecto Democrático” impide formular un discurso coherente, nos hace caer en el reformismo colaboracionista, confundiendo al país. TERCERO: el “etapismo”, creer que primero salimos del chavismo y luego “vemos”, es un acto irresponsable y se sabotea a sí mismo.

Ahora bien, el desafío democrático consiste en catalizar la fuga masiva de apoyo popular que un régimen devastado por su propia torpeza y arrogancia, por una miopía inexplicable más allá de su enfermizo deseo de mantenerse en el poder para siempre, por la corrupción sideral de todos sus mandos y estratos, por su regresión infantil a figuras imaginarias que nunca como ahora el país está dispuesto a abandonar y que se traducen en que la única manera de ser chavista es ser sumiso para siempre; todo eso, repetimos, se catalice en una avalancha de apoyo al movimiento democrático. ¿Cómo? Teniendo y mostrando al país, con coherencia y certeza, un verdadero discurso democrático, no rentista, no populista, no caudillista y no militarista. ¿Por qué no? Hay trabajo, pero vale la pena, ¿no?

http://eltiempo.com.ve/opinion/columnistas/el-desafio-democratico/192096

http://lacabraloca.com.ve/el-desafio-democratico/

Venezuela: Política y Proyecto Democrático

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Miguel Aponte 

Si en política no se tiene proyecto no podrá concebirse nada nuevo, que sea, de verdad, otra cosa. Por tanto, se es capaz sólo de reformas y nunca de cambios reales. No se trata de un talento especial ni esoterismo, sino de estricta lógica: si usted no concibe aquello que busca, no será capaz sino de cambiar detalles aquí o allá, permitiendo que, en sustancia, la totalidad que está allí permanezca. Se cae en este reformismo por ausencia de proyecto, por pérdida de perspectiva o por enanismo político; descartemos la mala fe, aunque existe, porque en este caso a quien debe excluirse es a la persona.

El reformismo trabaja trágicamente y aunque no quiera, a favor de lo instituido y del presente que se adversa; y en última instancia conviene a quien ejerce el poder. Por eso es tan peligroso en política. No es que toda reforma sea mala y que nunca quepa, sino que no se sepa distinguir cuando no aplica, como es el caso de Venezuela hoy. Gandhi no recomendaba a los ingleses cómo hacer más viable su dominación, les pedía que se fueran, punto; y no colaboraba: era un pacifista, pero no un reformista, tenía clara su visión y la procuraba sin pausa.

El antídoto formal contra el reformismo es el proyecto. Para nosotros, el proyecto de país es el “Proyecto Democrático”. Ahora, esté claro, su elaboración supone un momento que es teoría, planteamiento, conocimiento y propósito, dar cuenta de los fines que se proponen. Y esto porque la política no puede ser sólo activismo. Para que el hacer político cobre sentido tiene que ser búsqueda consciente de algo y ese “algo” es, repetimos, el proyecto.

No hay que confundir proyecto con plan, actividad, objetivo o programa: “El plan es un momento técnico: con saber suficiente se ordenan medios y fines”. La actividad se fija, mientras el proyecto no. ¿Cómo fijar el “Proyecto Democrático” de una vez para siempre? Hoy no votan los menores de 18, pero, ¿mañana, por qué no? En el siglo pasado no votaban las mujeres, luego sí, ¿entonces? Los objetivos toman la forma de programas. El programa es una composición parcial, provisional, del proyecto. Los programas pasan, pero el proyecto queda. El político responsable no subestimará toda esta reflexión, porque cuando él mismo y a diario plantea cualquier acción, lo único que permite saber si ésta tiene sentido es que responda al proyecto. Si no, beneficiará al adversario o tendrá valor nulo. El problema del reformismo es que no se pregunta por el todo, no apunta a nada: carece de proyecto. Se sabotea a sí mismo y termina sirviendo al poder que enfrenta; si además el poderoso carece de escrúpulos democráticos, entonces el reformista estará trabajando para su propia destrucción. Si usted nota en todo esto parecidos con la política venezolana hoy, no es casualidad.

http://eltiempo.com.ve/opinion/columnistas/venezuela-politica-y-proyecto-democratico/191328

http://www.petroleoamerica.com/2015/08/venezuela-politica-y-proyecto.html

http://lacabraloca.com.ve/?p=480

MUD: ¿franquicia electoral y nada más?

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Miguel Aponte

El proyecto del chavismo es “Venecuba”, como se sabe. Esto los arruinó y hoy pagan las consecuencias. Pero lo alarmante, lo insólito, es que sea el liderazgo opositor el que, en lugar de presentar verdaderas alternativas de poder, le allana el camino al régimen para perpetuarlo. ¿O no es allanar que la MUD se quede en la unidad electoral y nada más; y ya ni eso? ¿No es allanar hacerle la tarea al gobierno para que termine “el 2015 en condiciones menos dramáticas”, como quieren Capriles y Guerra, proponiendo cosas que si tuvieran sentido, sólo benefician al régimen? ¿No es, que los inhabiliten y ellos no hagan nada, como hace la MUD? O, peor, que, además de admitirlas sumisamente, se aprovechen de ellas para eliminarse entre sí como hacen con Machado. ¿No lo es venderse al chavismo, como hace Copei? ¿Para qué sirve hacer estas cosas? ¿Qué buscan? ¿Quién se beneficia? ¿No es acaso el régimen? ¿Creen que la política es sólo mantener la ilusión electoral y vivir de eso?

Porque, como decía un amigo, “mientras el régimen sí sabe dónde queda La Habana, la MUD no llegará ni a Miraflores, porque no sabe a dónde ir”. Y es que para saber dónde ir es preciso primero saber qué se quiere, cuál es la visión de país, qué proyecto ofrecer. Cuando se observa la desarticulación de la oposición: su terco y estúpido separatismo, su discurso y hacer caudillista y populista; y, en fin, su debilidad interna, su falta de coherencia cuando no ausencia total de discurso económico, necesariamente surgen preguntas: ¿esta oposición tiene vocación de poder? ¿Quiere realmente gobernar? ¿No será que, por razones que habría que elucidar, decidió conformarse con unos puesticos aquí y allá y entregar el país a la barbarie chavo-castrista? Observemos bien, esta opción cuadra con el modelo autoritario chavista que justificaría así su condición “democrática”, a la vez que permitiría a ellos, el “liderazgo opositor”, resolver su problema existencial.

El asunto electoral es un momento de cualquier proyecto político, pero no puede ser lo único que tengan en su mente, sencillamente porque “eso” no es un proyecto de nada; un proyecto obligatoriamente se tiene que referir al futuro, a un hacer que, siendo realizable y creíble, responda a una visión de país. ¿Qué es lo que quieren hacer con el país? Que no sea, por favor, copiar lo que hace el chavismo: inundar la mente de todos con populismo y consignas vacías. ¿Haremos lo mismo al revés? ¿Es todo? Lo peor de ser sólo una franquicia electoral es que jamás allí surgirán la visión y las ideas coherentes, con sustancia y originalidad necesarias para gobernar Venezuela hoy, en medio de la postración política, social y económica en que se encuentra. ¿Cuándo la MUD y sus partidos entenderán esto y dejarán de jugar a ser oposición?

http://eltiempo.com.ve/opinion/columnistas/mud-franquicia-electoral-y-nada-mas/190674

http://lacabraloca.com.ve/?p=459

http://redinternacionaldelcolectivo.blogspot.com/2015/08/mud-franquicia-electoral-y-nada-mas.html

http://noticiasvenezuela.org/2015/08/miguel-aponte-doubleplusut-mud-franquicia-electoral-y-nada-mas/

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