¿Qué cree usted?

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 “Las ganas de alcanzar el éxito, la necesidad de triunfar a toda costa —debido al provecho que se obtiene— le ha minado a la literatura la moral hasta tal punto que la gente se está volviendo idiota”.

Flaubert, 1872

Miguel Aponte

Reivindicar la democracia como régimen y no como procedimiento es lo que corresponde a quienes postulan la política y la libertad como las verdaderas variables independientes del entramado social: no determinadas y, por tanto, determinantes. La ampliación de la reflexión suscitada llevaría a un severo cuestionamiento de las cosmovisiones liberal y marxista; y a una retoma del desafío democrático. Felipe González aludió a esta crisis recientemente como “crisis de gobernanza de la democracia representativa”: ya es más que obvio que la supuesta democracia representativa no es democracia y que no reconocer sus límites y trabajar con seriedad en su superación lo único que logra es que se cuelen las utopías autoritarias, populistas de todo pelaje: chavismo, podemismo, fujmorismo, trumpismo, donde el poder terminará para siempre esclavizando a la sociedad en nombre de un algún mito burocrático, de derecha o de izquierda, ¿qué más da?

En Venezuela este asunto toma forma en medio de una profunda crisis histórica, social, política y económica. Todas las especies de la política y la antipolítica se debaten. Presenciamos en 18 años un verdadero “reality show” de bastardía, mezquindad, racismo político, abuso y destrucción de la ciudadanía. Se creyeron en el poder “para siempre”, desoyendo las pocas voces sensatas que se atrevieron a medio pensar y ver la realidad. La actitud ridícula y sumamente peligrosa que se ha repetido en la historia tantas y tantas veces. ¿Para qué? Para nada. El país en ruinas les quitó el crédito contra todo pronóstico. Punto.

Ahora bien, ¿se repetirá el mismo movimiento pendular de mediocridades convergentes de derecha y de izquierda? ¿Cómo salir de la neurosis de repetición? ¿será posible mirar la política más allá de las elecciones -siempre indispensables, no es la discusión- y apostar por un país con visión de futuro verdadero y para todos? Se requiere una raza de políticos que privilegie la verdad por encima del cálculo y las encuestas, ¿no cree usted?

 

Gobernar para siempre  

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A pocos retiene la servidumbre; más numerosos son los que la retienen a ella.
Séneca, epístolas, 22, 11

Miguel Aponte

 Los marxistas, en todas partes, se proponen “siempre” gobernar “siempre”; perdone la redundancia, pero así es. Está en su lógica y su ADN. Absurdo dondequiera que se le mire, idiotez, locura; y, atención, se lo creen en serio. Pero, pregúntese, ¿a cuenta de qué una idea fija de la sociedad iba a estar vigente para siempre? ¿Y dónde iba a estar escrita esa idea? ¿Y quiénes iban a ser sus “intérpretes” verdaderos? ¿Cómo no terminar matando toda posibilidad de disenso? ¿No estará esto en el origen del totalitarismo soviético, chino, cubano y chavista? ¿No tenía esto que degenerar necesariamente hasta ser sólo argumento vacío de unos vivos para secuestrar el poder? ¿Por qué dondequiera que aparece el marxismo muere la democracia? ¿Por qué arruina todo lo que toca, cual Midas al revés?

¿Se ha preguntado usted por el origen de tanto sinsentido? Las razones son complejas y para nada exclusivas del marxismo. Este, desde su origen, creyó encontrar nada menos que la “ley de la historia”. Tenía que ser así, la época lo exigía: era de necesidad que hubiese una versión sociológica de una ciencia natural que creía que desentrañaría el universo. Si, como afirmaba Descartes, el hombre vino al mundo para dominar la naturaleza, ¿cómo no esperar que tal dominio abarcara la historia, la sociedad y al hombre mismo? Así que de ese núcleo “cientificista” le viene a la izquierda la manía totalitaria. Marx es también hijo de Descartes y el positivismo moderno, guste o no.

Así, el marxista, que cree poseer la “verdad absoluta”, nunca estimará otras “opiniones”. ¿Para qué? Su razonamiento es: si yo poseo la razón absoluta, tú tienes que adherirla o estar equivocado; si es así, debes ser reeducado o destruido pues vas contra las fuerzas de la historia y la razón. Punto. De aquí a matar la democracia, a usted o a mí, sólo hay un paso o ninguno.

En el siglo XXI el comunismo, reconociendo de hecho su fracaso histórico en lo económico, le propuso matrimonio al capitalismo y entre ambos tramaron, sin ningún escrúpulo, la peor opción para la sociedad: el mercantilismo autoritario o capitalismo despótico, mezcla hasta ahora impensable de capitalismo y comunismo: China es el mejor ejemplo y el vil proyecto venecubano también. En esta transacción entre autoritarismo y mercado, siempre la democracia será sacrificada.

Así pues, el reto es lograr que la sociedad asuma la democracia o caer en el neoautoritarismo del siglo XXI: comunismo político y capitalismo económico, con una clase privada servil a la burocracia política. El positivismo economicista se habría impuesto por fin. Entonces, la pregunta para nosotros, ciudadanos, y, sobre todo, para el liderazgo político democrático es, ¿hay que conformarse o seremos capaces de ahorrarle esta esclavitud a nuestros hijos?

 

¿Qué sucedería si…?

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Miguel Aponte

El país habló con firmeza diciéndole NO a la oferta chavista o, mejor dicho, a sus desechos. El pueblo es sabio a su modo. ¿Qué oferta era esa? ¿Cuál es su valor actualizado, como propuesta filosófica, política, ética y económica? ¿O es que no hace falta llenar unos requisitos mínimos para salir a transformar un país entero? ¿Qué fue esa cosa que llamaron pomposamente “socialismo del siglo XXI”? ¿Es verdad que alguna vez fue algo distinto a la vergüenza actual: puro discurso corrupto? ¿Cómo es que esa mezcla informe y bastarda que es el chavismo “calzó” los puntos para ser abrazada como una “esperanza” de la izquierda latinoamericana y europea? ¿Qué dirá el PCV, Syriza, Podemos y tantos otros “políticos” e “intelectuales” que nos hablaron del futuro rosa de Venezuela bajo Chávez, su reelección indefinida y más? ¿El destino de aquel Paraíso era el Infierno y nadie hablará para que eso que se llama aprendizaje se dé? ¿Nadie se sorprende allí de la incoherencia y el vulgar irrespeto por la experiencia y la historia? ¿Se equivocó alguien? ¿Es que sólo saben cobrar?

Lo que entendemos, intentando rescatar viejas teorías y antiguas discusiones, es que toda aquella reflexión acerca del valor, la distinción entre riqueza y capital, buen vivir, producción, productividad y distribución, fueron sustituidas por el vil populismo, criterios de reparto insostenible, insolente y anacrónico, sin enlace con ninguna de las tradiciones teóricas que supuestamente sustentarían el modelo. Ideológicamente hablando, todo el SSXXI es un argumento de valor nulo: cero, una nada teórica. Que un “modelo” así -sin filosofía, sin teoría política y, obviamente, sin la más mínima idea de economía- necesariamente tuviera que fracasar era obligatorio; y, sin embargo, que no se escape a las fuerzas democráticas la variable que lo hizo posible por casi 18 años: el ingreso petrolero. La economía no determina, pero apuntala, condiciona.

Si desechamos -por inservible, por insostenible- toda la supuesta “teoría” socialista del siglo XXI, lo que queda es lo que se hizo: más de lo mismo que antes se hizo mal, pero empeorado, llevado hasta sus últimas consecuencias: pragmatismo, populismo, caudillismo, militarismo, ausencia de proyecto nacional, mediocridad y vulgaridad. Esta verdad como una montaña pesa tanto sobre la izquierda como sobre la derecha venezolana y pone de bulto lo que debería todo mundo reconocer: que ninguna tiene propuesta o que, en la práctica, ambas tienen la misma: administrar el petróleo para dominar al país, es todo. Entonces, pregunte usted al liderazgo democrático, ¿qué sucedería si, de repente, la renta petrolera hiciera posible, nuevamente, financiar el proyecto autoritario chavista por veinte años más? ¿Qué estamos haciendo para evitarlo y no repetir?

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