La tragedia griega como institución consustancial a la democracia

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“Pero la institución más importante (en relación con las cuestiones de la autolimitación y la creación de la democracia), es la tragedia (…) Las primeras tragedias se escribieron alrededor de 500 a.C., y luego el género se difunde y a partir de mediados del siglo iv a.C., se representan piezas fuera del Ática y en el resto de Grecia. Entre esas dos fechas tenemos un siglo y medio de gran creación, y esto sucede en el Ática”.

Cornelius Castoriadis, La ciudad y las leyes. Lo que hace a Grecia 2. Seminarios 1983 – 1984. La creación humana III, 2012, FCE, Argentina, p. 164

Adam Martinakis, The waiting hands, fragmento

Adam Martinakis, The waiting hands, fragmento

Venezuela, democracia y comunidad política

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24.08.2014 05:40 AM

Miguel Aponte

Desde Caracas.- Nada hay más anti político que pensar que la libertad de la comunidad política es imposible, porque esta creencia es en realidad miedo a ser libres. No es posible ninguna democracia si se parte de que sólo los expertos y profesionales de la política están preparados para ejercer esta función vital para la sociedad. No es verdad y el verdadero prejuicio que la sustenta se encuentra en el desprecio por el ciudadano.

Siempre habrá asuntos para especialistas: a nadie se le ocurriría que la comunidad debe decidir cómo se hace un puente, o cómo se combate una epidemia, o cómo se enseña biología, o cómo debe administrarse el presupuesto público o redactarse una ley; o cómo manejar la liquidez monetaria. Son asunto de especialistas. Son muy importantes, pero nuestro punto es que hoy en día se cree que “son” y “agotan” los asuntos políticos y esto es falso.

No es lo mismo saber cómo se hace un puente que decidir dónde debe ir y qué sacrificará la sociedad para lograrlo, entonces, esta decisión sí es política. Combatir una epidemia es algo puntual y de especialistas, pero lo político es decidir cuánto del presupuesto nacional debe absorber la salud y la educación pública. Un economista y un abogado deberían saber cómo administrar y legislar, respectivamente, pero lo político es decidir qué debe priorizar el presupuesto y sobre qué constitución se asienta el sistema político.

Los políticos modernos –a veces de buena fe– tratan al ciudadano que denominan “pueblo” como aquella masa que requieren para ser elegidos; y luego, apuntalados en las instituciones, ignoran completamente a quien representan. ¿Por qué si el ciudadano es bueno para decidir quién debe gobernar, no iba a ser capaz de participar en ese gobierno? No para sumar y restar, sino para gestionar activamente su propio gobierno. ¿Por qué la política moderna oculta esto y evita que se instituyan mecanismos que hagan que el ciudadano intervenga cada vez más en las decisiones centrales que lo afectan?

Esta hipocresía anula las competencias naturales del ciudadano, abriendo siempre las puertas a los líderes “fuertes” que terminan por parecer necesarios después de que la democracia ha sido burlada. Si la democracia no llega a la gente a lo que se va siempre es al autoritarismo y el aplastamiento del ciudadano.

Venezuela es ejemplo emblemático de este desprecio. Pase usted revista a la infiltración vulgar del partido de gobierno y la burocracia cívico-militar en todas las instituciones, desde la más humilde oficina hasta el secuestro absoluto de todos los poderes. Revise la ley de comunas. Piense en el endiosamiento religioso de la figura de Chávez y luego diga alguien si todo esto no apunta a la pérdida de toda ciudadanía. En este sentido el gobierno madurista ha superado todos los abusos que le precedieron. Los venezolanos honestos, la gran mayoría, no pueden tener la más mínima duda de que esta conducción política y económica apuesta a la ruina de la sociedad para a partir de la mendicidad del venezolano apuntalarse para siempre en el poder. Continuará.

TAGS: Las profesiones imposibles

¿Qué es la hybris griega?

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“…la hybris no es la transgresión de un límite fijado. Si mato a alguien, cometo un crimen y violo una ley que prohíbe matar (eso no es hybris). Pero la hybris es precisamente la falta de autolimitación. Es la transgresión de límites que jamás fueron definidos por nada y que en cierto sentido sólo se definirán a posteriori. Por lo demás, así ocurre en la tragedia: sólo la transgresión mostrará verdaderamente dónde estaba el límite. Y otro tanto en la realidad, en la que nuestro juicio, siempre muy mezquinamente oportunista, se ajusta a lo que ha sucedido: si la expedición de Sicilia, en 415 a.C., hubiera terminado con una victoria, quizá no la habríamos calificado de desmedida; sólo juzgamos así a posteriori, luego de su fracaso, y racionalizamos diciendo que no podía sino fracasar y que transgredía los límites. Límites que, sin embargo, hasta entonces eran desconocidos”.

Cornelius Castoriadis, La ciudad y las leyes. Lo que hace a Grecia, 2. Seminarios 1983 – 1984. La creación humana III, 2012, FCE, Argentina, p. 152

Zilda, L'assassinat de Marat - RENNES

Zilda, L’assassinat de Marat – RENNES

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