Castoriadis, el tiempo y el ser

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Para Castoriadis hay solidaridad interna entre el desenvolvimiento del tiempo y el despliegue del ser. Tiene que ser así. Pero, es esta idea de solidaridad “interna” la que es “radicalmente rechazada y condenada en la época moderna por la posición kantiana, por la idea de que la subjetividad produce, crea una forma pura de la intuición que es el tiempo y que, como tal, tiene un sentido independiente de cualquier acontecimiento que se desarrolle en él”.

Cornelius Castoriadis(2003), Sobre el político de Platón, FCE, Argentina, p. 126

 

Louis Armstrong and Miles Davis via tsutpen

Louis Armstrong and Miles Davis via tsutpen

María Zambrano: Persona y democracia

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A la democracia hay que defenderla sola, por ella misma, porque es
la única manera de poner las cosas en su lugar. Una democracia mediatizada por la ideología es autoengaño.

Miguel Aponte

Para salvar la democracia hay que des-ideologizarla, es necesario verla en forma independiente y autónoma; y especialmente separada de las ideologías dominantes: el liberalismo y el marxismo. Desde una perspectiva individual la democracia es un modo de ser, actitud, que apunta al ejercicio de la libertad como elemento esencial del ser humano que realizando actos libres responde por ellos y hace aparecer la ética. La democracia, como expresión colectiva, es la universalización de la política cuyo propósito es la constitución explícita de la sociedad como tal, de sus instituciones. La democracia no es solo consigna o procedimiento. La secuencia es la siguiente: la democracia requiere la libertad que requiere la política que crea instituciones y hace ser la sociedad democrática, por tanto, libre. Hoy en día la democracia es usada como comodín, ¿que ideología la negaría? Ninguna. Pero en la práctica, ¿qué ideología la respeta? Ninguna; tanto el liberalismo como el marxismo la han confiscado, la usan a su conveniencia y la traicionan.

María Zambrano, filósofa española, 1904-1991, espíritu democrático y libre como el que más, ayuda a entender esta problemática en su libro “Persona y democracia”, 2004, Ediciones Siruela. Si tuviéramos que condensarlo en pocas frases, tomaríamos tres: 1°) la verdadera tesis de la historia de occidente es el hombre; 2°) la humanización de la sociedad es la democracia; y, 3°) la gran novedad del orden democrático es que ha de ser creado entre todos. El recorrido que realiza la filósofa es fascinante de arribabajo. Se trata de un libro que toda persona debería leer.

La historia, dice Zambrano, “no es asunto lógico, simplemente porque (ella) tiene su lógica” y ésta no se reduce al “pensamiento racionalista”. Para esta autora, “la sociedad es el lugar del hombre” y por eso se pregunta: ¿por qué ha terminado resultando imposible para el liberalismo y el marxismo entender que para el hombre lo “natural” es la sociedad? ¿Por qué ese empeño en querer endiosar la noción de individuo por encima de la sociedad o viceversa? Su respuesta es sorprendente: les aterra visualizar el futuro y por eso tanto el liberal como el marxista conciben el futuro siempre refiriéndose al pasado: identificándolo con “conceptos petrificados” o con una “edad de oro”: el “individuo”, para el liberalismo; o el “comunismo primitivo”, para el marxismo. ¿Qué le parece? Piénselo.

A la democracia hay que defenderla sola, por ella misma, porque es la única manera de poner las cosas en su lugar. Una democracia mediatizada por la ideología es autoengaño, aunque la motive la mejor buena fe, y será peor si lo que la guía es la “fe”. La democracia exige una “cabeza bien puesta”, requiere estar alertas al cuidado y el trabajo de la libertad y a su derivado inmediato: la necesidad de pedir y dar cuenta de la acción individual y colectiva. No acepta etiquetas ni adjetivos. Que no sea algo fácil no autoriza a disminuirla porque el peligro siempre será perder nuestro más grande bien: la libertad.

Diálogo Castoriadis – Zizek: psicoanálisis, ideología y religión: material de discusión

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Por Miguel Aponte

¿Qué es un objeto parcial autónomo? ¿Cómo emerge? ¿Por qué?
¿Qué efectos tiene? ¿Para qué sirve? ¿Qué hacer con él?
¿Debemos erradicarlo? ¿Cómo?
¿Qué interpretación política y religiosa permite?
¿Cómo interviene la ideología en todo esto?
¿En qué se parece la política y la religión?

Slavoj Zizek, filósofo y psicoanalista esloveno, 1949, va más allá de la clínica. Se preocupa por los problemas de la sociedad. El material de Zizek que sirve de base para la presente discusión, “Guía cinematográfica para el perverso”, indaga aspectos oscuros que vinculan la problemática sociológica y política con la psique. Cornelius Castoriadis, filósofo y psicoanalista greco-francés, 1922-1997, llevó a cabo una genial incursión refundando toda la reflexión a partir de nociones olvidadas por la filosofía heredada: imaginación, creación, alteridad. Ambos recorren trayectos no deterministas que pueden resultar impactantes para aquellos que nos movemos en otros campos distintos del psicoanálisis. Nosotros, no-filósofos, no-psicoanalistas, nos interesamos a nuestra vez por ver con otros lentes lo que constituye nuestro campo de preocupaciones: la economía política. Las referencias bibliográficas empleadas se encuentran al término de este papel. Los errores de interpretación son totalmente nuestros.

Zizek, empleando el recurso cinematográfico, lleva a cabo un análisis psicoanalítico de la ideología. Para él no se trata simplemente de que las ideologías engañen sino de que, en el caso del hombre, sin representación simbólica no hay “realidad”. Él postula que jamás tocamos la realidad y llama a esto “el carácter real de la ilusión”, como queriendo decir que nuestra realidad es la ilusión; es nuestra condición esencial. Esta posición es tangente con la conclusión del filósofo Cornelius Castoriadis, también psicoanalista, que había concluido que el ser humano no conoce la realidad sino que todo acto de conocimiento es en verdad un acto de “invención de la realidad”, de creación y recreación de los procesos propios de la “imaginación radical”. El problema había sido desde mucho antes planteado por Platón: ¿cómo es que conocemos algo si antes no lo conocíamos? ¿Cómo saber cuándo lo encontremos, si no sabemos qué buscamos? Y si no es así, “¿Cómo demonios es que conocemos?”

Para Zizek, después de todo lacaniano, esta ilusoria captación de lo real seguramente implica una falla de origen en el hombre que impediría para siempre su desalienación y que lo lleva a la teoría de la falta. Para Castoriadis, freudiano pero no lacaniano, que el ser humano no capte la realidad tal cual es no constituye una falla humana (como tampoco ocurre en el caso de los otros seres vivos, los peces o las plantas) sino una condición de su existencia. Si el hombre se aliena es porque se aliena a Sí mismo y a sus creaciones y no porque le “falte” realidad. Para Castoriadis una teoría de la falta no tiene sentido, de la misma manera que no lo tiene pensar que el pez se aliena o no es libre porque no pueda vivir fuera del agua. No tiene sentido echar en falta no ser Dios.

El hecho de que, a diferencia del animal, el hombre se haga eventualmente consciente de su condición no es suficiente para considerarle alienado “para siempre”, lo cual supone una postura dogmática inadmisible: ¿por qué una teoría de la falta y no una teoría de la imaginación radical? ¿Por qué la condición humana iba a ser la expresión de una falta y no puro potencial? Que no tenga lo que de todas formas no tendré puede ser suficiente para afligirme, pero, ¿negar otra alternativa no es una actitud narcisista e infantil? No sería simplemente falta de madurez y un abuso de la pregunta ¿por qué a mí?

Hay otro aspecto del análisis de Zizek, que abarca al anterior: se trata del carácter precisamente imaginante del ser humano como tal. El ser humano visto como capacidad imaginaria. Veamos. Apuntalado en el ser biológico, corporal, el ser humano es cuerpo, órgano o conjunto de órganos; como tal cuerpo está sometido a la enfermedad, la degradación y la muerte: es  finito. Ahora bien, en ese cuerpo reside a la vez la psique humana que es energía psíquica, eso que Freud llamó líbido; en palabras de Zizek “una energía que persiste más allá de la vida y la muerte”. Entre cuerpo y psique hay inherencia y debe haber balance. El problema es que también hay un quiebre esencial entre ambos pues mientras, como dijimos, por un lado, el cuerpo es finito y mortal, por el otro, la psique trasciende la materialidad y va más allá. La forma que adopta esta energía es la de la “imaginación radical”, en términos de Castoriadis, que consiste en un flujo incesante de representaciones, afectos y deseos e intenciones. Es disfuncional respecto a lo biológico y no está determinada por éste; al contrario: resulta ser determinante. Esta es la plataforma básica de la interpretación del ser humano que permite la secuencia que sigue a continuación.

Entonces, de lo anterior se desprende que las patologías humanas no consisten en que estamos poseídos por fantasmas, agentes extranjeros o alienígenas que nos ocupan y distorsionan o traumatizan, sino precisamente en este desbalance potencial, esta tensión, siempre presente, entre mortalidad-inmortalidad, entre cuerpo-psique. Como si admitiéramos que efectivamente tuviéramos un componente inmortal dentro de nuestra mortalidad. Debe entenderse que la inmortalidad aludida aquí no tiene nada de sagrada, divina o trascendente, no tiene carácter teológico, sino que se asume como mera capacidad representativa, incontenible y siempre presente. El origen de esta cualidad es asunto distinto a esta nota y a la conferencia de Zizek que ahora tratamos.

¿Qué nos trae esta imaginación radical? Entre otras cosas, el lenguaje. Ahora bien, si atamos lo dicho, tenemos a un ser que inventa su mundo e incluso inventa el mundo; que no fracase siempre en esta tentativa está demostrado por la sucesión, producción y reproducción de la especie humana misma, en su continuidad como individuo y especie. Esto implica, además, que algo del mundo logra reproducir el ser humano en su creación y, a la vez, que el mundo es en alguna medida captable. Estas son implicaciones de efectividad que no son refutables para Castoriadis.

En este proceso de creación, la invención del mundo es hecha gracias a la imaginación radical y en medio de pulsiones básicas que son la “pulsión libidinal”, y su contrario, la “pulsión de muerte”. Son para Freud las dos fuerzas en conflicto en el ser humano, fácilmente comprensibles si se recuerda la aludida tensión cuerpo-mente. Por lo demás, ambas pulsiones expresan las fuerzas de creación y destrucción con las que caracterizamos al universo: orden-desorden, cosmos-caos. Nociones muy antiguas.

Pues bien, en esta inherencia compleja de elementos que constituyen al ser humano es que surgen las categorías de “objeto parcial” y “objeto parcial autónomo”. Es el ingrediente inicial que Zizek emplea para fijar sus posiciones respecto a la ideología y otros temas más generales. Veamos.

Hay que entender que la imaginación radical en tanto generación disfuncional, espontánea, incesante y combinada de representaciones, afectos y deseos dará lugar a creaciones serenas y también traumáticas, agradables y odiosas, positivas y negativas. Nótese que esta posición aleja definitivamente toda hipótesis relativa a cualquier intervención extranjera a la psique en la determinación de la patología. No hay “alliens” o “fantasmas” que no sean aquellos que creamos nosotros mismos en nuestra psique. El allien es la psique misma. Esta postura apalanca todo el análisis. La creación psíquica no es solo sublime, sino que puede adoptar un vector intruso, pervertido, degradado y perverso.

Un objeto parcial puede ser la uña una vez que la hemos cortado y separado del cuerpo, el cabello en la misma circunstancia, un órgano cualquiera e incluso el cuerpo como un todo cuando está muerto; pero, atención, puede también conformarse un objeto parcial con una parte integrante de nuestro cuerpo vivo, cuando éste se autonomiza y actúa independientemente de nuestra voluntad. Finalmente, el objeto parcial autónomo puede ser cualquiera de los ejemplos anteriores e incluso algo inanimado, como unas zapatillas, unos tacones altos o ropa interior o cualquier otra cosa, para el fetichista. Basta que la cosa sea cargada de energía psíquica y significado simbólico para que se transforme en ese objeto parcial autónomo. Zizek emplea el cine como instrumento de comprensión de toda esta complejidad.

Tomemos la voz humana como primer ejemplo de objeto parcial autónomo. Zizek comenta:

La voz no es una parte orgánica del cuerpo humano. Viene de algún lugar de “entre” el cuerpo. Cuando hablamos se despliega cierto “efecto ventrílocuo”, como si algún poder externo se apoderara de nosotros. La voz pues tiene una dimensión obscena. Tiene una dimensión traumática. La voz que fluye libremente y cuya presencia resulta traumática en tanto objeto de ansiedad que distorsiona la realidad.

Y continúa:

Lo que resulta fascinante de los objetos parciales, en el sentido de órganos sin cuerpos es que ellos encarnan lo que Freud llamó pulsión de muerte. Debemos ser cuidadosos con esto: la pulsión de muerte no es una especie de búsqueda budista de aniquilación o paz eterna. No. Es más bien lo contrario. Representa la dimensión de lo que aparece como el “muerto vivo.

Se trata de que el elemento en cuestión “sigue vivo luego de muerto”, lo que automáticamente lo convierte en “algo inmortal”, que logra su inmortalidad después de morir. Acá tenemos al objeto parcial autónomo como elemento de terror y se trata del pánico que genera en algunas personas ciertas visiones o recuerdos, como en las películas de Stephen King, por ejemplo. Pero también el objeto parcial puede asumir la propia personalidad del sujeto que es de esta manera que emerge, como en el Dr. Strangelove, 1964, Stanley Kubrick. O puede asumir un significado liberador aunque violento como en el Club de la pelea, Martin Scorsese, 1999, donde igualmente se trata de la mano, el puño autonomizado que golpea a su dueño como indicándole que para vencer a otro debe vencerse a sí mismo: la personalidad habla a través del puño. El objeto parcial autónomo asume la forma del doble del sujeto, como para encarnar al yo del sujeto doblado, pero, atención, en éste doble no hay ya un yo castrado. Es un doble que ha liberado al yo o que él mismo libera. De esto se trata. Pero también el objeto parcial puede ser asumido de otra manera radicalmente diferente, en Dead of Night, Alberto Cavalcanti, 1945, el ventrílocuo como único modo de liberarse de la tensión traumática cae convertido en su propio muñeco. No hay liberación, el sujeto se entrega a su doble fantasmático y ya no hay salida psíquica.

Ahora bien, ¿podemos vivir sin representación e incluso, para ser castoridianos, sin presentificación? La respuesta tanto de Castoriadis como de Zizek parece ser un rotundo “no”. La realidad para el hombre “es” su representación y si negamos que ésta alguna vez vaya a reproducir la realidad, entonces la respuesta está cantada: nuestra ilusión es la realidad. Punto. El ser humano “presenta” su figuración de la realidad y ésta va a chocar o conciliar con el mundo real y que está allí. Los resultados de este choque o encuentro dictarán el futuro devenir del sujeto, del mundo y de la representación. El hombre no puede decidir no representar, él es representación. Pero además el desea la representación, ama la fantasmatización puesto que ésta es su única manera de composición de sentido. El ama representar y presentificar. Éste afecto que envuelve la acción representativa lubrica la creencia, que aún no siendo conocimiento, sin embargo, no puede eludir y en cambio ama. Castoriadis había dicho, contradiciendo a Aristóteles, que no es cierto que lo propio del hombre es “saber” sino que lo que está en su base es la necesidad de “creer”.

Entonces, retomando el tema central que ocupa a Zizek, es aquí que aparece la ideología como fenómeno. Para Zizek no tenemos a un hombre a quien se ha “llenado” de ideología, sino a uno que busca afanosamente en qué creer, que busca la ideología, como primera forma de aproximación a la configuración de sentido de la realidad y de su vida. El hombre se ideologiza porque quiere, porque lo desea, porque sin eso no puede configurar sentido. No parece una proposición muy optimista y sin duda es muy realista. Vistas así las cosas, tenemos enfrente a un ser como proyecto, aunque de ninguna manera garantizado.

¿Qué proyecto? Bueno, entendemos que como proyecto de autonomía, tanto individual y social, qué otra cosa puede ser. Ahora, como se deduce de todo lo anterior, este proyecto no es su único destino, porque está también allí desde el comienzo la deriva heterónoma y lo está de una manera más que alarmante, porque se encuentra en el núcleo de la psique que busca investir fuera de sí su esquema de omnipotencia perdida. El ser humano carga a otro de sí el sentido que requiere y este es su primer paso; ahora bien, puede  ser que realice el segundo y advierta que no es indispensable que se aliene para siempre, aunque siempre tienda a alienarse. Se trata de una posibilidad, nada más. Aquí hay una diferencia central entre Castoriadis y la corriente lacaniana: para Castoriadis la desalienación es posible, para los lacanianos es imposible. Esta discusión también escapa a las intenciones este papel pero la hemos tratado en otro aporte que puede seguirse en: http://economiapoliticaehucv.wordpress.com/2014/01/06/dialogo-castoriadis-versus-lacan/.

La teoría psicoanalítica ofrece perspectivas interesantes para captar toda esta situación pre-trágica y anti-trágica propia de la ideología como recurso y como condición de efectividad del ser humano. El discurso liberal-marxista, por ejemplo, hace parte de ese “objeto parcial autónomo” que es la ideología como  elemento central de fabricación de significaciones imaginarias apropiadas para dar soporte a los proyectos de dominación liberal-marxistas, donde el objetivo es matar la democracia, el proyecto político por la autonomía. Es todo. La ideología termina así siendo el recurso de todo proyecto de dominación y apaciguamiento del sujeto. Por eso, mientras más rígido sea el discurso político, mientras más dogmática sea la propuesta, mientras mayor sea su carácter esencialista e identitario, más requiere del componente ideológico. La ideología sabe que el ser humano daría su vida por una idea, sabe que esa idea sólo tiene un requisito y que tal requisito nada tiene que ver con la concordancia con la realidad: lo que se requiere para que una idea sea utilizada por cualquier ideología es que sea creída. Acá realmente lo único que importa es la fe. Con la palabra “Fe” se cierra el círculo, a la vez religioso y totalitario. Perversa combinación del mismo recurso religioso para clausurar y disecar tanto la filosofía como la política.

Bibliografía:

Castoriadis, Cornelius (2010), La institución imaginaria de la sociedad, Tusquets Ensayos, Argentina

— (2008), El mundo fragmentado, Caronte Ensayos, Argentina

— (2005), Los dominios del hombre: las encrucijadas del laberinto, Gedisa Editorial, España.

— (2001), Figuras de lo Pensable, FCE, Argentina.

—ES1997B# Pasión y Conocimiento. Traducción de José Malaver. Revista Ensayo & Error, N° 3. Bogotá,Colombia, septiembre de 1997. Pp. 6-27.

Febres-Cordero, León (2014), “Oasis de generación en desierto de destrucción: Rizquez, Vegas y Peña”, Revista Agathos, Número 1 del año 2014, Temas de hoy, páginas 52-57, www.revista-agathos.com. ISSN-1578-3103.

García Bacca, Juan David (1980), Platón: Obras Completas. Traducción, Facultad de Humanidades y Educación, Universidad Central de Venezuela, Tomo I, páginas 400 – 446.

Miranda, Rafael (2014), “ESTADO DEL PROYECTO DE AUTONOMÍA Y ESENCIALIZACIÓN DE LO IDENTITARIO. NOTAS SOBRE AMÉRICA LATINA DESDE CASTORIADIS”, http://www.pueblosyfronteras.unam.mx/v8n16/pdfs/art_01.pdf

— (2010), La noción de alteridad en Cornelius Castoriadis, Universidad Complutense de Madrid: http://eprints.ucm.es/11034/1/T32189.pdf

Zizek, Slavoj (2012), Guía cinematográfica para el perveso 1, en youtube: https://www.youtube.com/watch?v=rDRPewylN1c&feature=youtube

 

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